Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Octubre 2005

Un grito de desesperación

Los adolescentes atraviesan un tiempo difícil, hay que acompañarlos, escucharlos, pero sobretodo entenderlos

Por Esmeralda Acevedo

* Erica se siente triste. Ella no ha comido por dos días. No le gusta ir a la escuela y sus papás se enojan con ella por cualquier razón. No tiene amigas y siente que nadie la entiende. En vez de salir al cine como jóvenes de su edad, ella prefiere quedarse en su recámara todo el día. A veces cuando está encerrada en su recámara, ella tiene pensamientos de suicidio. Piensa que es mejor para todos que ella no siga viviendo. Pero aún no se ha atrevido hacerlo. Erica tiene 14 años.

Como Erica, hay muchos adolescentes que se sienten igual. Según el Dr. Harold S. Koplewicz, autor del libro More Than Moody (Más que Malhumorado), hay un promedio de 1,000 adolescentes que intentan cometer suicidio cada día del año. Y cada año aproximadamente 2,000 jóvenes morirán en los Estados Unidos por suicidio. Más jóvenes mueren de suicidio cada año que de enfermedades como cáncer o SIDA combinados. Aunque no se hable mucho de este tema, y menos entre nosotros los hispanos, esto es algo que se debe tratar y se le debe dar más atención. Muchas veces este tema se ignora. En casa al joven que es como Erica se le llama exagerado o malhumorado. “Ya se le pasará,” dicen los papás y lo ignoran. Ni los padres, ni los hermanos toman unos minutos para descubrir que es lo que está molestando al joven. Y por eso pasan cosas como el intento de suicidio.

En los grupos de adolescentes y jóvenes, este tema es poco visto. Algunas veces los grupos tienen una reunión dedicada a este tema pero después se olvidan de esto. Yo soy la coordinadora de varios grupos de adolescentes en mi parroquia. Al principio de recibir a mi primer grupo de adolescentes, realmente yo era como los fami-liares que mencioné anteriormente. No me gustaba tener a los muchachos que eran escandalosos o ruidosos. Pero poco a poco he aprendido que ellos no lo hacen por molestar, al contrario, ellos sólo quieren atención. Atención que no se les da en sus casas o escuelas.

Esto lo comprobé un día con mi hermano de 13 años de edad. Hace un tiempo mis padres estaban teniendo problemas y el ambiente en mi casa no era muy agradable. Mi hermano de 19 años y yo tratábamos de evitar estar en nuestra casa y nos involucrábamos en cosas fuera de ella. Pero mi hermano de 13 años lo trató de diferente ma-nera. Poco a poco comencé a notarlo muy diferente. Se despertaba por la madrugada y se sentaba en el sillón y se quedaba pensando como si estuviera con algún tipo de trauma. Era como si se iba a otro mundo. Y tal vez lo hacía para no pensar en los problemas de mis padres. También actuaba muy raro para que lo regañáramos y le diéramos atención. Con esa experiencia se me abrieron los ojos un poco y me di cuenta de algo.

Nuestros jóvenes especialmente los adolescentes de 12 a 15 años nos necesitan. ¡Están gritando para que alguien los escuche! Padres dedíquenle más tiempo y atención a sus hijos. Hermanos platiquen con sus hermanos(as) y denle consejos. Líderes de grupos de adolescentes hablen con aquel muchacho que se comporta mal, tal vez es su manera de pedirles ayuda. Jóvenes busquen ayuda con alguien de confianza comenzando por sus padres. Si no se puede con sus padres, busquen ayuda con otro adulto. Sólo buscando ayuda pueden llegar alcanzar sus metas y cumplir sus sueños.

No toma mucho esfuerzo ayudar a nuestros jóvenes. Sólo con escucharlos podrían evitar que sean una estadística más o que se sientan como Erica.

* Esta joven es ficticia, pero estoy segura que muchos de nosotros y muchos jóvenes nos identificamos con ella.

Esmeralda Acevedo es encargada del grupo de adolescentes de la Parroquia Ascensión en Montbello.



 
 

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