Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Noviembre 2005

Agradezcamos a Dios por nuestros futuros sacerdotes

Ofrezcamos nuestro apoyo a dos seminarios que brillan en la Arquidiócesis de Denver

Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput, O.F.M. Cap

Parte de la naturaleza humana es dar las cosas por hechas. Lo hacemos en el trabajo, con nuestras amistades, y en la familia. Usamos mucho tiempo preocupándonos de cosas que no tenemos y muy poco tiempo en las bendiciones que ya hemos recibido.

Noviembre es un buen tiempo para cambiar esto. En estas últimas semanas del Año Litúrgico se nos ofrece una oportunidad de recordar a nuestros seres queridos que han fallecido y a todas las almas del purgatorio. Pero también es una oportunidad para evaluar nuestras propias vidas. Tarde o temprano, cada uno de nosotros morirá. Y cuando muramos, Dios pedirá cuentas de que tan bien hemos utilizado nuestros dones para construir su Reino.

Dios nos ha encomendado una tarea: llevar el mundo hacia Jesucristo. Hacemos eso con nuestro propio testimonio y a través de la comunidad de creyentes que Cristo fundó - la Iglesia Católica. Como dijo alguna vez el beato Juan XXIII, la Iglesia Católica es “madre y maestra” de todos los pueblos y todos los tiempos. Sin la Iglesia Católica, Cristo no puede estar presente en el mundo. Precisamente, Jesús la fundó para continuar su obra de salvación. Todos tenemos una parte en esa misión.
El Concilio Vaticano II nos recordó que la Eucaristía es la “fuente y cumbre” de la vida católica. Celebrando la Eucaristía, la Iglesia recibe el don del cuerpo y sangre de Jesús para alimentar al Pueblo de Dios. La Eucaristía no es sólo un símbolo o metáfora o misa conmemorativa. Es la presencia real, presencia tangible de Cristo entre nosotros: su verdadero cuerpo y sangre.

No existe Iglesia Católica sin la Eucaristía. Y no puede haber Eucaristía sin un sacerdote que nos lidere en esa celebración sacramental. Como cualquier familia, la Iglesia depende de diferentes miembros que sirven en roles distintos.

Los laicos tienen la enorme y vital tarea de convertir el mundo a partir de las estructuras cotidianas del mismo mundo.

Los sacerdotes tienen la tarea de celebrar los sacramentos, predicar la Palabra de Dios, enseñar la fe católica, y como buenos padres conducir a su pueblo. Porque mucho más en la vida católica depende de un sa-cerdocio santo, formar hombres para que vivan esa vocación es una las obligaciones más importantes que la Iglesia enfrenta en todo tiempo.
En Denver estamos bendecidos con abundancia de seminaristas. Ellos estudian en dos seminarios nuevos diocesanos fundados en los noventa: Seminario Teológico San Juan Maria Vianney y el Seminario Arquidiocesano Misionero Redemptoris Mater. Estos son hombres jóvenes extraordinarios. Antes de entrar, son evaluados cuidadosamente en su personalidad, pasado, equilibrio y dedicación. Y son formados a lo largo de su educación en un espíritu de sano servicio y castidad.
Hasta el momento, 13 diócesis han visto la fuerza de nuestro programa. Ahora, educamos seminaristas de todo el país y del mundo. El costo de educar a seminaristas de fuera depende de sus propias diócesis.

Sin embargo, la gran mayoría de nuestros semina-ristas, servirán a la gente de la Arquidiócesis de Denver cuando se ordenen. De hecho, de aquí a Junio del 2006, 14 de ellos serán ordenados sacerdotes para nosotros. Y así como tener abundancia de seminaristas es muy bueno para el futuro -definitivamente necesitamos más sacerdotes- el costo de preparar a esos hombres adecuadamente bien, es fuerte.

El Llamado Católico del Arzobispo (ACA) y otras fuentes, cubren algo de los costos. Pero así como el número de nuestros seminaristas crece, de la misma manera crece con el reto financiero de educarlos.

El próximo fin de semana, Noviembre 12 - 13, muchos de nuestros seminaristas visitarán parroquias de la arquidiócesis, particularmente en el área metropolitana. En una colecta anual pedirán de tu apoyo para nuestros seminarios. Estos jóvenes son tus hermanos y futuros sacerdotes. Necesitan tu ayuda. Por favor, sean generosos en ayudar para su formación como puedan.

No es un accidente que “Eucaristía” viene de la palabra griega que significa “acción de gracias”. Tenemos mucho porque estar agradecidos en la Arquidiócesis de Denver este noviembre, empezando por el don del Hijo de Dios, presente en cada misa. Debemos agradecer a Dios por ello. Pido para que mostremos esa gratitud ayudándonos unos a otros - a través de nuestras oraciones y acciones - en el año litúrgico que se avecina.


 
 

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Arquidiócesis de Denver

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