Madre María protege a tu hijo Benedicto XVI
La Iglesia está de fiesta: un nuevo Papa
durante la Pascua de Resurrección
Por Rossana Goñi
“En la alegría del Señor resucitado, confiados en su ayuda permanente, sigamos adelante. El Señor nos ayudará. María, su Santísima Madre, está de nuestra parte”. Estas fueron una de las primeras palabras que nuestro nuevo Papa Benedicto XVI dirigió a todos los fieles y al mundo entero al asumir su Pontificado.
Hay mucho de qué hablar en este mes. La verdad me ha sido difícil poder escribir en pocas líneas la experiencia que vive la Iglesia en estos días. Creo que más que nunca los latinos estamos repitiendo con gran alegría: ¡Viva la Iglesia! ¡Viva Cristo Resucitado! ¡Viva María Santísima! ¡Viva el Papa!
Incluso con algunas amigas americanas, en estas semanas hemos gritado en español porras por la Iglesia. Pues la comunión vivida en estos días rompió totalmente toda ba-rrera de raza, idioma, tradición y costumbres. Era sólo uno el sentir del corazón de los católicos. No sólo por la intensa unidad que vivimos en la oración por la elección de nuestro nuevo Pontífice, sino por ese misterio de comunión de la Iglesia. El vibrar común para muchos ha sido: Tenemos Papa, la Iglesia está viva y joven, y María está de nuestra parte.
¿No se sienten orgullosos de ser católicos? ¿No experimentan ese gozo del sacramento del bautismo? ¿No se repiten constantemente: gracias Señor, gracias por el don de la vida, por el don de mi fe, por el don de tu presencia en la Eucaristía, por habernos dejado a tu Madre, nuestra Madre, por mi amada Iglesia?
El día del Habemus Papam estábamos unas 15 personas en una de las oficinas de la Cancillería de la Arquidiócesis de Denver frente al televisor. Todos expectantes y nerviosos esperando saber quien era nuestro nuevo Papa.
Esos minutos previos antes de conocer quien sería el próximo Vicario de Cristo, me vino a la memoria el 16 de octubre de 1978. Yo estaba jugando en mi casa, el televisor estaba prendido y mi madre prestando mucha atención, y de repente la vi arrodillarse frente al televisor, empezar a llorar y ponerse a rezar intensamente, me miró y me dijo: “Dios nos ha dado un gran regalo, tenemos Papa. Ven hijita, reza conmigo”. La verdad es que en aquel entonces no entendía la importancia de las palabras y la actitud de oración de mi madre, pero lo único que hice fue arrodillarme a su costado y empezar a rezar con ella. Hoy, después de mucho años comprendo plenamente aquel momento. Creo que con la elección del Papa Benedicto XVI, Dios nos ha regalado la oportunidad de experimentar el misterio de la Iglesia, el traer a nuestras mentes y corazones las palabras del mismo Señor Jesús: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.
“Habemus Papam” escuchábamos todos en la oficina. Lo único que podía hacer en ese momento era rezar a la Virgen una oración tras otra. Es difícil de explicar lo que experimentaba -quizá muchos de ustedes me entienden-, y en medio de mis oraciones le decía a María: “Madre te encomendamos al Sucesor de Pedro, cuídalo”. Y luego el protodiácono con fuerte voz dijo “¡Cardenal Josephus... Ratzinger!”. ¡Qué felicidad! ¡Tenemos Papa!
Qué mejor ocasión de poder agradecerle a mi madre en este mes de María y mes en el que celebramos a nuestras madres, por haber sembrado esa semilla en mi corazón. Su devoción y fe, me enseñaron desde niña cuanto yo estaba llamada a amar a mi Iglesia, al Papa.
A todas las madres del mundo y especialmente a todas aquellas que lean estas líneas, enséñenles a sus hijos a amar a la Iglesia, a Dios, a María, a nuestro Santo Padre. Hay experiencias que uno vive en su niñez que siempre quedan grabadas en el corazón y en la mente y sus hijos siempre vivirán agradecidos por ello.
El Habemus Papam volvió a retumbar en mi corazón y a comprender con mayor madurez la misión que tengo en la Iglesia. Una vez más encomendemos a Benedicto XVI, como él mismo lo hizo en las manos de María. “Quiero servir solo a Él (Cristo), dedicándome totalmente al servicio de su Iglesia. Invoco la maternal intercesión de María Santísima para que sostenga esta promesa. En sus manos pongo el presente y el futuro de mi persona y de la Iglesia. Que intercedan también los santos apóstoles Pedro y Pablo y todos los santos” (Primera Homilía del Papa Benedicto XVI).
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