La elección del Papa Benedicto XVI ‘un momento de gracia’
El Pontífice conoce y ama a quien fundó la Iglesia: Jesucristo
Por el Exmo.
Monseñor
Charles J. Chaput,
O.F.M. Cap
Momentos después que la Santa Sede anunciara la elección del Papa Benedicto XVI, un amigo mío me hizo un comentario un poco irónico diciéndome “algunos van a pensar que Dios no es un buen oyente” porque ha ignorado -otra vez- el consejo de la mayoría de los medios de comunicación en Estados Unidos. A pesar de los días de consejo televisado a través de expertos en los medios de comunicación sobre cómo la Iglesia necesita cambiar sus enseñanzas en un amplio margen de temas, los cardenales, muchos de ellos del Tercer Mundo, eligieron al Cardenal Joseph Ratzinger en un tiempo record. En el Centro Pastoral arquidiocesano docenas de personas estaban pegadas al televisor que habían traído a la oficina para la ocasión. La alegría retumbó en cuanto se hizo público el nombre del Cardenal Ratzinger. Quien conoce a este hombre y su obra entiende que Benedicto XVI es un gran don para la Iglesia - un líder simple, humilde, gentil y cálido.
La razón por la cual, aquellos se oponen a la auténtica enseñanza católica ó lo rechazan, no es porque él es duro -es más bien lo opuesto- porque tiene una serenidad y valentía únicas.
Benedicto XVI no sólo tiene más experiencia en la vida del intelecto y la conciencia cristiana que sus críticos, sino que es también más fiel a la misión de la Iglesia y más fundamentado en la paz que viene de conocer y amar a su fundador - Jesucristo. Así comienzan los insultos. Un columnista del New York Times resumió la furia de los frustrados durante esos días cuando escribió que “el humo blanco (de la elección papal) indicó que el Vaticano cree que necesita traer a la modernidad al Papa más viejo desde el siglo XVIII: Joseph Ratzinger, un oscuro archiconservador de 78 años que manejó la oficina que se solía llamar la Inquisición y que alguna vez perteneció a la juventud hitleriana”. Hay una ingeniosa, casi elegante deshonestidad en esta forma de escribir. Realmente requiere de una gran capacidad para desfigurar a la persona y confundir al lector. También revela más de la columnista y del periódico que lo publica de lo que a ambos les gustaría. Pero no están solos. Otro conocido columnista norteamericano dijo que se quedó “petrificado” ante la elección de Benedicto. Los caricaturistas han tenido su propio festín en las recientes semanas, expresando su fanatismo anti-eclesial. E incluso, nuestros medios de comunicación de Colorado han repetido y equivocadamente descrito al Santo Padre como un hombre de “línea dura”, como si vivir y defender lo que la fe católica enseña es algo fundamentalista.
Una de las lecciones del último año que muchos católicos norteamericanos aún no quieren enfrentar es que está bien ser católico en el ámbito público mientras que no intentemos vivir nuestras creencias demasiado seriamente; en la medida en que nos veamos apropiadamente avergonzados por todas esas enseñanzas católicas “primitivas”; en la medida en que guardemos silencio sobre el aborto y otros temas morales sensibles y nos dejemos instruir en las formas de la cultura secular “respetable” (polite) a través de expertos quienes tienen muy poco o ningún respeto por la fe cristiana que guía nuestras vidas.
La razón por la que el Papa Benedicto XVI no tendrá una “luna de miel” con los medios de comunicación es simple. Es la misma razón por la que inmediatamente ganó los corazones de católicos comprometidos, preocupó a los mediocres y enfureció a los soberbios y distanciados. El Santo Padre cree efectivamente que lo que Jesucristo y su Iglesia enseñan es verdadero y que el alma del mundo depende del testimonio fiel de la Iglesia.
Como un columnista amargamente señaló “la cafetería está fuera de servicio”. Por su puesto, para los creyentes, nunca estuvo en servicio. En la homilía de su Misa Inaugural reproduciendo la esperanza de su gran predecesor y amigo, el Papa Benedicto XVI, nos recordó que “la Iglesia está viva. Y la Iglesia es joven. Ella contiene en sí el futuro del mundo y por tanto nos enseña a cada uno de nosotros el camino hacia el futuro”. Vivimos en u momento de gracia. La tarea ahora para cada hijo e hija de la Iglesia es apoyar el trabajo del Santo Padre con nuestro afecto, entusiasmo y oraciones.
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