María nuestra Madre es la mujer de la Eucaristía
El mes de mayo es un mes para recordar el ejemplo e importancia de Santa María para todo la humanidad
Cuando se vive en la Escuela de María, mujer eucarística, encontramos como nos decía el Papa Juan Pablo II, que la Virgen tiene una relación muy profunda con la Eucaristía. Por ello, si queremos descubrir en toda su riqueza la relación íntima que une Iglesia y Eucaristía, no podemos olvidar a María, Madre y modelo de la Iglesia.
En la Encíclica “Ecclesia de Eucharistia” escrita por el Papa Juan Pablo II en abril del 2003, se dedica todo un capítulo a María como mujer “eucarística” y dice al respecto que “a primera vista, el Evangelio no habla de este tema. En el relato de la institución, la tarde del Jueves Santo, no se menciona a María. Se sabe, sin embargo, que estaba junto con los Apóstoles, “concordes en la oración” (cf. Hch 1, 14), en la primera comunidad reunida después de la Ascensión en espera de Pentecostés. Esta presencia suya no pudo faltar ciertamente en las celebraciones eucarísticas de los fieles de la primera generación cristiana, asiduos “en la fracción del pan” (Hch 2, 42).
Pero, más allá de su participación en el Banquete Eucarístico, la relación de María con la Eucaristía nace sobretodo a partir de su actitud interior. María es mujer “eucarística” con toda su vida. La Iglesia, tomando a María como modelo, ha de imitarla también en su relación con este santísimo Misterio.
Ella está presente en la comunidad cristiana primitiva que celebra la fracción del pan. Entra de lleno en este misterio, por la relación entre Encarnación y Eucaristía. Su "Fiat" en la Anunciación es un acto de fe que la introduce en el misterio de Dios antes de que la Eucaristía fuese instituida.
Así también, en la Anunciación, en la Visitación y en el Nacimiento de Jesús es modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística.
María durante toda su vida, hizo suya la dimensión sacrificial de la Eucaristía. Juan Pablo II recuerda la Presentación de Jesús en el Templo y, sobre todo, la unión de María con su Hijo en la Pasión.
Por otro lado, María fue el primer Sagrario en el que Cristo puso su morada, recibiendo de su madre la primera adoración como Hijo de Dios que se hace hombre para salvarnos del pecado y de la muerte.
Como dijo nuestro querido Papa Juan Pablo II, en la escuela de María uno aprende a amar cada vez más a Jesús Eucaristía, ella es modelo de una vida cristiana centrada en el Señor Jesús.
La Eucaristía es misterio de fe, supera de tal manera nuestro entendimiento que nos obliga a confiar profundamente en la palabra de Dios, nadie como María puede ser apoyo y guía en una actitud como ésta. Repetir el gesto de Cristo en la Última Cena, en cumplimiento de su mandato: “¡Haced esto en conmemoración mía!”, se convierte al mismo tiempo en aceptación de la invitación de María a obedecerle sin titubeos: “Haced lo que Él os diga”. Con la solicitud materna que muestra en las Bodas de Caná, María parece decirnos: “no dudéis, fiaros de la Palabra de mi Hijo. Él, que fue capaz de transformar el agua en vino, es igualmente capaz de hacer del pan y del vino su cuerpo y su sangre, entregando a los creyentes en este misterio la memoria viva de su Pascua, para hacerse así ´pan de vida´”.
Vivir en la Eucaristía el memorial de la muerte de Cristo implica también recibir continuamente este don. Significa tomar con nosotros -a ejemplo de Juan- a quien una vez nos fue entregada como Madre.
Significa asumir, al mismo tiempo, el compromiso de conformarnos a Cristo, aprendiendo de su Madre y dejándonos acompañar por ella. María está presente con la Iglesia, y como Madre de la Iglesia, en todas nuestras celebraciones eucarísticas. Así como Iglesia y Eucaristía son un binomio inseparable, lo mismo se puede decir del binomio María y Eucaristía. Por eso, el recuerdo de María en la celebración eucarística es unánime, ya desde la antigüedad, en las Iglesias de Oriente y Occidente.
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