El Espíritu Santo ha dado a nuestra Iglesia un magnífico Pastor
América Latina, el "Continente de la Esperanza" quiere al Sucesor de Pedro
Por el Padre Jorge De los Santos, O.crs
Para la Iglesia Católica Universal este es un tiempo especial de regocijo, de profunda alegría y no sólo porque estamos ce-lebrando el Tiempo Pascual en nuestro calendario litúrgico sino también porque el Espíritu Santo nos ha regalado, en la persona del Cardenal Joseph Ratzinger, un maravilloso don: el nuevo Pastor de la Iglesia Universal, el Papa Benedicto XVI.
Así como en los tiempos litúrgicos de la Iglesia, cuando se celebra la Cuaresma, los fieles estamos invitados a participar de la Pasión de Cristo y unirnos a su muerte, para después vivir con alegría el triunfo del Señor Resucitado en el Tiempo Pascual, igualmente en estos últimos días, todos los católicos del mundo hemos vivido con profundo pesar la muerte de nuestro Papa Juan Pablo II (como si fuera una Cuaresma), pero el llanto se ha tornado en alegría y esperanza (como si fuera una pascua) porque se nos ha dado un magnífico Pastor: nuestro Papa Benedicto XVI.
Sabemos que el Santo Padre es fundamental para toda la Iglesia, pero de modo particular lo es para el pueblo católico de América Latina que se ha caracterizado siempre por un profundo amor y respeto por el Sumo Pontífice, por ser el Vicario de Cristo en la tierra, principio y fundamento perpetuo y visible de unidad tanto de los obispos como la de la multitud de los fieles, pero sobre todo y especialmente porque es nuestro Pastor.
Los Latinoamericanos entregamos nuestro corazón en forma especial al Papa Juan Pablo II, y muchos, en lo más secreto de su corazón, esperan que el Papa Benedicto XVI sea una copia exacta de lo que fue su predecesor. Sí, es verdad que Benedicto XVI tiene el mismo amor y consagración a Dios, tiene el mismo amor y entrega hacia la Iglesia, el mismo deseo de evangelización de los pueblos, tiene los mismos compromisos con la justicia y la libertad, con la promoción de los valores y la edificación de un mundo fundado en el amor que viene de Dios, tiene el mismo deseo de que la salvación sea para todos los pueblos.
En este sentido sí, el Papa Benedicto XVI será igual que el Papa Juan Pablo II. Pero también tengo la plena seguridad de que nuestro Papa Benedicto nos cautivará con su propia persona, con su propio estilo de vivir profundamente la humildad y la sencillez que tanto le han caracterizado como Cardenal Joseph Ratzinger. Él cautivará a todo el mundo y especialmente al mundo hispano con su cálida gentileza y cordialidad, con su sinceridad y optimismo, iluminará al mundo con su profunda y basta sabiduría y con la claridad de pensamiento.
Tenemos un Papa que ha sido dotado por Dios con una gran inteligencia y agudo sentido analítico, seguramente en vistas de la tarea que el Señor mismo le encargaría como cabeza visible de su Iglesia, es un Papa lleno de una gran calidez humana, nues-tro Papa se ha destacado por ser un gran maestro y un excelente guía, un ferviente e incansable defensor y promotor de la verdad, es un Papa justamente a la medida de nuestra Iglesia con una enorme calidad humana. Con la gracia de Dios y sus propios méritos, logrará ocupar un lugar importante en el mundo pero especialmente logrará ocupar un lugar importantísimo en nuestro corazón, corazón latino palpitante que sabe amar con pureza y sabe entregarse con fidelidad, que sabe abrir los brazos y extender la mano en una amistad sincera, que sabe descubrir la bondad en el interior de cada persona y de cada cosa y que sabe descubrir la mano de Dios en cada acontecimiento de la vida.
Su Santidad el Papa Benedicto XVI estará constantemente mirando hacia el Continente Americano, "el Continente de la Esperanza", él se identificará profundamente con nuestra gente y nos llamará a ser sus más cercanos colaboradores porque es el "nuevo mundo" el que, con la gracia y la fuerza del Señor, reevangelizará al "viejo mundo", él será un Papa muy cercano a su gente y su gente estará siempre muy cercana a su Pastor.
Nuestra tierra y nuestra gente abre sus brazos para recibir al Santo Padre el Papa Benedicto XVI, ¡en hora buena!
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