Lo que el Papa Juan Pablo II escribió del entonces Cardenal Joseph Ratzinger
Más adelante, algunos extractos de una carta dirigida por el Papa Juan Pablo II al entonces Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe y ahora Papa Benedicto XVI, con ocasión del 50 aniversario de su Ordenación Sacerdotal.
“La coincidencia de este día jubilar con la solemnidad litúrgica de los santos Apóstoles Pedro y Pablo evoca en mi espíritu la visión de amplios horizontes espirituales y eclesiales: la santidad personal llevada hasta el sa-crificio supremo, la proyección misionera no separada de la preocupación constante por la unidad, la necesaria integración entre carisma espiritual y ministerio institucional.
Son horizontes que Ud. ha explorado en sus investigaciones teológicas: en Pedro resalta el principio de unidad, fundado en la fe sólida como una roca del Príncipe de los Apóstoles; en Pablo, la exigencia intrínseca en el Evangelio de llamar a cada hombre y a cada pueblo a la obediencia de la fe. Además, estas dos dimensiones están combinadas en el testimonio común de santidad que selló la dedicación generosa de los dos Apóstoles al servicio de la Iglesia. ¿Cómo no poder ver en estos dos elementos los rasgos fundamentales del camino que la Providencia preparó para Ud. al llamarlo al sacerdocio?
Usted expresó la intención que siempre lo guió en su compromiso de estudiar y enseñar en el lema que escogió con ocasión de su nombramiento episcopal: Defensor de la verdad. El objetivo por el que siempre se esforzó desde sus primeros años de vida sacerdotal, ha sido servir a la verdad, intentando conocerla cada vez con más profundidad y ha-cerla más conocida.
Los apóstoles Pedro y Pablo han inspirado su vida sacerdotal y su servicio eclesial de la forma más elevada. Esta alegre ocasión es una oportunidad para reiterarle mi gran gratitud por el impresionante volumen de trabajo desarrollado y dirigido en el dicasterio que se le ha encomendado y, además, por el espíritu de humildad y de abnegación que ha caracterizado constantemente su actividad. ¡Que el Señor prodigue sus recompensas sobre Usted! …
Desde el Vaticano, 20 de junio de 2002
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