Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Mayo 2005

De Juan Pablo II a Benedicto XVI

Testimonio de una joven brasilera que tuvo la bendición de estar en Roma durante la muerte del Papa Juan Pablo II y la elección del nuevo Pontífice

Por Licia Pereira

Quienes como yo, se conmovieron en las colas gigantescas y silenciosas para homenajear a Juan Pablo II, se dieron cuenta de que algo extraordinario estaba sucediendo. Durante mi espera, tuve varios pensamientos, uno de ellos se volvió a la Jornada Mundial de la Juventud 2000, cuando el Papa preguntó a los jóvenes a quien buscaban. La respuesta fue “Juan Pablo”. Pero él, leyendo sus corazones, dijo: “No. Es a Cristo a quien buscáis...” Este fue el dinamismo de su funeral. Él fue durante años, un espejo del amor misericordioso de Cristo a los hombres. Muchas personas se convirtieron en esos días. Fueron a buscar a Juan Pablo y encontraron a Cristo.

El dolor y el sentimiento de soledad son normales. ¿“Quien podrá sustituir a Juan Pablo II, el Grande?”. Nos preguntamos. Pero el Señor con mucha dulzura nos ha recordado “tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas”. (Lc. 24,23). ¡Hay que saber leer los signos de Dios!

En el funeral, cuando el viento comenzó a hojear el evangelio y hacer volar las vestimentas de los Cardenales, parecía Pentecostés. Por otro lado la homilía del futuro Papa y su actitud paternal al recibir las ofrendas hicieron que el mundo e Italia “descubrieran” al Cardenal Ratzinger. Algunos amigos me dijeron que allí habían visto su verdadero rostro y que les gustaría que fuera Papa. Los Cardenales nos dan testimonio de Comunión y la prensa italiana habla de más de 90 votos sobre 115.

Durante el tiempo de Sede Vacante, nos sentíamos huérfanos, pero al anuncio “¡Habemus Papam!” nuestro corazón saltó de alegría. Y cuando vimos a Benedicto XVI aproximarse al balcón con una sonrisa dulce y radiante, ganó nues-tro afecto. ¡Estamos cautivados por su sencillez! En la misa con los Cardenales abrió su corazón diciendo que sentía las manos fuertes de Juan Pablo II entre las suyas exhortándolo a no tener miedo. Sus palabras decididas al iniciar su pontificado me impactaron. “¡La Iglesia está viva y es joven!”, “¡Cristo no nos quita nada y nos dona todo!” ¡Que esperanza!

El Señor Jesús dijo a los apóstoles “dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver” (Jn 16,16), anunciando su muerte-resurrección. Fue eso lo que vivimos. Por un momento dejamos de ver al Vicario de Cristo y nuestro corazón se llenó de tristeza, después lo vimos de nuevo y ahora rebosa de alegría. Este es el dinamismo de Misterio Pascual que sella profundamente la Iglesia.
Estoy segura que nuestro amado Juan Pablo II desde la ventana de la Casa del Padre ve y bendice a Benedicto XVI. Juan Pablo abrió de par en par las puertas de la Iglesia al mundo de hoy. Creo que Benedicto XVI lo hará cruzar...



 
 

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