Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Junio 2005

El milagro Eucarístico de Orvieto, Bolsena y el Corpus Christi

Italia, testigo de un milagro de amor…

Por Lara Montoya

Orvieto es una ciudad de la región italiana, ubicada en la cima de una montaña. En ella se pueden apreciar enormes edificios, pero el centro de atención es indudablemente su catedral, que anuncia cómo se vive intensamente la fe, y el anhelo de alcanzar a Dios. La Catedral de Orvieto es importante además porque es custodia de un milagro Eucarístico, pues en ella se encuentra el corporal que muestra la Sangre que brotó de una Sagrada Hostia.

La historia comienza en 1264, cuando el Padre Pedro de Praga, procedente de la Bohemia, acude en peregrinación a Roma para pedir, sobre la tumba de San Pedro, que se le concediese una fe más sólida y fuerte, ya que había empezado a dudar sobre la presencia real del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Eucaristía. Sus plegarias fueron oídas, pues al volver de la Ciudad Eterna, se detuvo en Bolsena y, mientras celebraba el santo Sacrificio de la Misa en la cripta de santa Cristina, Dios se le manifestó de manera milagrosa. La Hostia Sagrada comenzó a sangrar hasta quedar el corporal completamente mojado.
La noticia del milagro llegó pronto a oídos del Papa Urbano IV, que por esa fecha se encontraba en Orvieto, ciudad cercana a Bolsena. Impresionado por la majestuosidad del aconte-cimiento, ordenó que el sagrado corporal fuese transportado a Orvieto y, comprobado el milagro, instituyó enseguida la celebración de la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, fiesta conocida también como el Corpus Christi.

Al poco tiempo, el mismo Papa Urbano IV encargó a Sto. Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico propio para esta fiesta y la creación de cantos e himnos para celebrar a Cristo Eucaristía. Entre los que compuso está la sublime secuencia “Lauda Sion” que se canta en la Misa de Corpus Christi.

El año 1290 el Papa Nicolás IV, a petición del clero y del pueblo, colocó la primera piedra de la nueva Catedral de Orvieto para custodiar y venerar la sagrada reliquia.

El Señor Jesús comprende nuestra fragilidad y nuestra falta de fe, por eso ha querido por su infinita misericordia, regalarnos este milagro de amor, como muchos otros. Respondamos a este gesto de amor con gratitud y acudamos con mayor conciencia y fe a cada celebración Eucarística. Y como el Papa Juan Pablo II lo pidió y lo sigue pidiendo ahora nuestro Santo Padre Benedicto XVI en este año de la Eucaristía, visitemos con mayor frecuencia a Jesucristo en el Sagrario, con una actitud de profunda adoración y reverencia. No olvidemos que su presencia real nos acompaña como Él nos prometió: “Yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos”…


 
 

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