Corpus Christi: Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo
Por Jorge Luna
El Concilio Vaticano II nos dice que el Sacrificio eucarístico es «fuente y cima de toda la vida cristiana» . Quiere decir que es de la Eucaristía de donde recibimos la gracia y la fuerza para vivir nuestra vida de fe, pero además es la instancia más importante que tenemos para celebrarla junto al Señor Jesús bajo la forma de pan y de vino.
Es el «Misterio que es la raíz y el secreto de la vida espiritual tanto de los fieles, como de toda iniciativa eclesial» . Nosotros como cristianos no podemos entender bien nuestra fe ni vivirla adecuadamente sino hacemos el esfuerzo de comprender en profundidad el misterio de la Eucaristía.
Misterio que celebramos cada vez que se celebra la Santa Misa, pero que además hemos querido dedicarle en el año litúrgico un día especial. Día en que con particular solemnidad celebramos ese tesoro incomparable que Cristo ha confiado a su Iglesia. La Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor o del Corpus Christi.
Historia del Corpus Christi
La historia nos señala que los inicios de la Solemnidad del Corpus Christi se remontan a fines del siglo XIII, donde en la Abadía de Cornillón surgió un Movimiento Eucarístico que dio origen a varias costumbres eucarísticas como la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y precisamente la Solemnidad del Corpus.
La celebración fue extendida a toda la Iglesia por el Papa Urbano IV, mediante la bula Transiturus del 8 de septiembre de 1264. En la Arquidiócesis de Denver la Solemnidad se celebra el domingo después de la fiesta de la Santísima Trinidad. Este año, se celebró el domingo 29 de mayo.
Pero precisamente este año la celebración de la Solemnidad del Corpus Christi tuvo un matiz especial, cobró una mayor importancia al celebrase dentro del marco del año de la Eucaristía proclamado por nuestro querido Juan Pablo II, el Grande: «Que este año se viva con particular fervor la solemnidad del Corpus Christi con la tradicional procesión. Que la fe en Dios que, encarnándose, se hizo nuestro compañero de viaje, se proclame por doquier y particularmente por nuestras calles y nuestras casas, como expresión de nuestro amor agradecido y fuente inagotable de bendición» .
Presencia real del Señor Jesús en la Eucaristía
Esta magna celebración nos debe servir para renovarnos en la conciencia de la presencia real del Señor Jesús en la Eucaristía. ¿Qué quiere decir esto? Que Cristo está realmente presente bajo la forma de pan y de vino. Estamos ante el mismo Hijo de Dios que realiza de modo supremo la promesa de estar con nosotros hasta el fin del mundo.
Esta conciencia viva de la presencia real de Cristo la debemos testimoniar tanto en la celebración de la Misa como en el culto eucarístico fuera de ella. Y la debemos expresar de manera concreta en nuestro tono de voz, en la manera de vestirnos, en nuestros gestos y movimientos, en nuestro modo de comportarnos frente al Señor. En una palabra, es necesario que la manera de tratar la Eucaristía por parte de los ministros y de los fieles exprese el máximo respeto . Aprovechemos pues esta ocasión para revisar como es nuestro comportamiento frente a la Eucaristía y qué cosas debemos corregir. Preguntémonos cuán conscientes somos al entrar a la Iglesia de que Cristo mismo está presente, o cuando llegamos tarde a la Misa, o cuando nos quedamos dormidos o nos distraemos.
Jesús se quedó en medio de nosotros
«He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). También ha de ser un motivo para asombrarnos por el misterio que significa que Dios esté con nosotros siempre. El Señor Jesús mediante el sacramento de la Eucaristía encontró el modo de quedarse no sólo con nosotros, sino en nosotros . Es pues un milagro diario que tenemos ante nuestros ojos y que tenemos que aprender a apreciar. El Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad, el dulce Señor Jesús está esperándonos siempre en el sagrario para oírnos, acogernos, consolarnos y ayudarnos. ¡Qué misterio más grande del Amor de Dios! ¡Aprovechémoslo cada día más!
Por último el haber celebrado la Solemnidad del Corpus Christi es también una ocasión para acordarnos de que el «encuentro con Cristo, profundizado continuamente en la intimidad eucarística, suscita en la Iglesia y en cada cristiano la exigencia de evangelizar y dar testimonio» . El hecho de celebrar públicamente a Cristo mediante homenajes y procesiones nos debe de llevar a comprometernos más decididamente a dar testimonio de Dios en medio del mundo, a propagar el Evangelio en medio de nuestra sociedad. «No tengamos miedo de hablar de Dios ni de mostrar los signos de la fe con la frente muy alta».
Tomando las palabras del Papa Juan Pablo II: «Que en este Año de gracia, con la ayuda de María, la Iglesia reciba un nuevo impulso para su misión y reconozca cada vez más en la Eucaristía la fuente y cumbre de toda su vida» . Que hayamos sacado el mayor provecho de esta magnífica solemnidad, y que cada día sigamos acercándonos y conociendo más a Cristo presente en la Eucaristía.
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