Descubriendo a tu hijo
El don maravilloso de la vida, el don de ser padres
Por José Luis Suárez
“En mi opinión, ser padre es el logro más alto que todo hombre quiere alcanzar. Tener un hijo es continuar tu vida, es verte tu mismo en su rostro, en sus gestos, en sus emociones. Saber que tus genes están presentes en su cuerpo. Descubrir que comparten los mismos sentimientos. Sentirte responsable”.
Desde que era muy joven estaba ilusionado con tener algún día una esposa, un hogar e hijos. El primer hijo que mi hermano mayor tuvo me alegró y emocionó tanto que no dejaba de verlo y cargarlo cada vez que podía. Años más tarde cuando estuve de novio con la que es ahora mi esposa, pensamos cuantos hijos Dios nos daría y hasta escogimos los nombres para ellos.
Luego de nuestra boda esperamos un año para que mi esposa termine su carrera en la universidad y yo ascendiera en el trabajo. La ilusión de un hijo nos hacía impacientes y no veíamos la hora de concebirlo y tenerlo.
Al cabo de un año, en una mañana de verano mi esposa me llamó al trabajo para darme la buena nueva, íbamos a ser papás, me sentí feliz, dichoso como nunca y agradecí a Dios. Esa tarde durante mi regreso a casa, iba pensando e imaginando muy feliz sobre mi nueva misión de padre e imaginaba a mi hijo; durmiendo, jugando, comiendo. Y por supuesto me puse más feliz cuando llegue a casa y pude abrazar a mi esposa y saber que en su vientre crecía nuestro mutuo amor.
Cuando nació nuestro primer hijo, nada de lo que nos habían dicho se comparaba al fascinante momento que estábamos viviendo, nuestro hijo nació lleno de vitalidad y energía, yo no podía dejar de mirarlo hasta que mis ojos se llenaron de lágrimas.
Desde un comienzo, decidí participar activamente en los cuidados y crianza de mi hijo en la medida en que mi trabajo me lo permitiera. Aprendí rápidamente a cambiar pañales, bañarlo, hacerlo dormir, calentarle los biberones, sacarle el “chanchito” ó repetir como dicen nuestros hermanos mexicanos.
Toda esta primera parte de un hijo es sencilla, comparada con la otra etapa cuando se ponen curiosos y preguntones.
Cuando los hijos van creciendo te vas dando cuenta de los rasgos tuyos o de su madre y es donde disfrutas del cariño recíproco, porque ya no es sólo un fuerte abrazo el que recibes, sino también escuchas su “te quiero mucho papito” y lees su primera tarjeta firmada por él. Al pasar los años vas viendo sus semejanzas contigo pero también vas viendo sus particularidades. Vas descubriendo que ese hijo, o hijos, son seres únicos e irrepetibles y se van moldeando sus personalidades. Muchas veces al descubrir eso pensamos que nuestra función de padre sufre un revés, por que queremos compararlo con nosotros y queremos incluso que tenga nuestros mismos gustos e ideas. Pero por otro lado nos alegramos que no sea así, porque no hemos engendrado robots, sino seres pensantes con un carácter y personalidad únicos.
Nuestra función será la de vigilantes y orientadores en donde ellos aprenderán los valores morales de los mejores maestros que ellos puedan tener, sus padres.
Mis hijos, siempre me preguntan antes del día del padre: que me gustaría recibir de regalo para ese día, y mi respuesta siempre es la misma: “hijos, ustedes siempre son mi mejor regalo”.
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