Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Junio 2005

Utilizar una tragedia como excusa para atacar a los ilegales está mal

La Iglesia apoya el derecho de toda persona a emigrar para buscar una vida mejor para su familia

Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput, O.F.M. Cap

Esta es una versión de la columna de opinión del Arzobispo publicada recientemente en el diario Rocky Mountain News.

Mientras celebraba la Misa de Exequias del asesinado oficial de policía Donnie Young hace unas semanas, recordé una vez más el privilegio que tenemos todos de vivir en Colorado.

La avalancha de apoyo de sus colegas policías, funcionarios públicos y de cada rincón de la comunidad fue algo muy importante. Ello evidenció el respeto y la gratitud que le debemos a cada persona en uniforme que nos protege. Subraya el costo que algunos oficiales pagan por este compromiso. Y en las hermosas expresiones de ayuda material hacia la esposa y los hijos de Donnie Young, se mostró la bondad que hace a los habitantes de Colorado personas tan extraordinariamente generosas.
Lo sucedido después del funeral sin embargo, qué hacemos con nuestra ira respecto de su muerte, a quién culpamos y por qué- pondrá a prueba cuan profundo es nuestro carácter como comunidad.

De la noche a la mañana, algunos funcionarios públicos y algunos medios comenzaron a utilizar el asesinato de Young para criticar la realidad de la inmigración en los EE.UU. Ellos se centraron especialmente en hispanos indocumentados. Un comentarista incluso señaló si algo “bueno” salía de la trágica muerte de Young sería el poner en evidencia el problema de la inmigración ilegal. En efecto, para algunas personas el asesinato se convirtió rápidamente en un medio para justificar su amargura hacia los “extranjeros” a quienes culpan de robar puestos de trabajo, explotar los servicios públicos e incrementar el crimen.

Es un momento doloroso para Colorado, y la posible fuga del asesino a México ha empeorado las cosas, basta con escuchar algunas de las llamadas a los programas radiales diarios de Denver. Ellos sienten más profundamente de lo que piensan. En un estado con un crecimiento del 70% de la población hispana de la última década, ésta es una receta segura para conflictos. La justicia no se logra agrediendo a grupos de otros pueblos. Ese tipo de ira lo único que hace es disminuir nuestra dignidad y empujar el sentido común a los márgenes.

Los norteamericanos tenemos derecho a fronteras seguras especialmente en este tiempo de violencia anti-americana. Tenemos el derecho a regular razonablemente nuestras políticas de inmigración. Tenemos derecho a excluir a los criminales y proteger la salud de nuestras instituciones públicas y servicios. Tenemos derecho a revisar a los visitantes extranjeros y trabajadores visitantes y a esperar que ellos cumplan con la ley.

Pero no podemos ganar por ambos lados. La gran mayoría de los inmigrantes hispanos indocumentados en los Estados Unidos nunca cometen un acto violento, no tienen ningún deseo de socavar el bien común y contribuyen vivamente a la prosperidad americana. Miles de agricultores y hombres de negocios cuentan con sus servicios. La vida que muchos de nosotros disfrutamos depende en parte del trabajo de los “ilegales”. Aprovecharse de su trabajo y después culparlos por estar aquí es una hipocresía particularmente indigna.

Para los católicos -que pertenecemos a una Iglesia que apoya el derecho fundamental de toda persona a emigrar en busca de una vida mejor para su familia y que ellos mismos fueron odiados como “extranjeros” durante buena parte de la historia norteamericana- la furia anti-inmigrante es doblemente mala.

Estados Unidos tiene el derecho a exigir las reformas legales y económicas en México que ayuden a racionalizar y estabilizar el flujo de trabajadores a través de la frontera. La hipocresía en el debate sobre la inmigración, no es un monopolio del lado norte del Río Grande.

Pero usar la muerte de Donnie Young como una excusa para un ataque contra los ilegales está mal. Los habitantes de Colorado mostraron su grandeza de corazón el mes pasado en su apoyo a nuestros oficiales de policía y la familia Young. No lo honramos a él ó a ellos convirtiendo nuestra simpatía en insultos, resentimiento o miedo reaccionario.
No tenemos derecho a maltratar a nadie entre nosotros tengan o no papeles. La dignidad humana de las personas y sus derechos provienen de Dios que nos creó a todos, ya sea que esto le convenga a algunos o no.

Necesitamos tener esto presente en los próximos meses. Una campaña nacional de abrir “Justicia para los Inmigrantes” fue lanzada el pasado 10 de mayo por los obispos de Estados Unidos y más de una docena de organizaciones eclesiales. Ésta busca informar al público en general y a los católicos en especial sobre las maneras como los inmigrantes benefician a la nación; propone cambios en las leyes de política de inmigración y organiza redes para asistir a los inmigrantes con problemas legales.

Información sobre la campaña se encuentra disponible en http://www.usccb.org/comm/archives/2005/05-117.shtml, y en la página web de la campaña en: http://www.justiceforimmigrants.org/


 
 

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