De flores amarillas
Por Abraham Morales
¿Te has fijado en esas florecitas amarillas que crecen de la nada en el pasto (césped, grama, zacate o como se diga en tu país de origen) de los jardines? A lo lejos no se ven tan feas, son hasta simpáticas. Pero como sabes, son parte de esa mala hierba que tanto daña los céspedes.
En apariencia las flores amari-llas se ven bien, inofensivas y hasta “bonitas”, pero esa mala hierba (maleza) no deja crecer el pasto, trae otras malas hierbas e insectos feos, incluso mata el pasto ¡Fíjate nomás todo lo que esa florecita amarilla que parecía tan inofensiva, es capaz de hacer! De ma-nera similar actúa el chamuco, diablo, Satanás, demonio, maligno o de tantas maneras que se le llama, en nuestras vidas. A veces pensamos que la obra del mal tiene que ser algo tenebroso, que da miedo, algo oscuro, así como de película de terror. Y se nos presenta una imagen más fea que la del chupacabras combinado con un alíen, big foot, el monstruo del lago Ness, Gozzilla y King Kong, todos juntos.
Si así fuera en realidad, tan horrible y hasta apestoso, nadie se acercaría a él y todos nos portaríamos siempre bien. Pero el maligno hace las cosas similares a esa flor amarilla con el césped, se presenta de manera atractiva, inofensiva en apariencia y hasta bonita. Se mete a la raíz de tu corazón y no te deja crecer, aprisiona tu alma. Usa las formas más atractivas para hacernos caer. Son tan atractivas estas formas que la gente las comienza a hacer o usar como si nada, y una vez que mucha gente hace esas cosas, nos convence a nosotros de que está bien hacerlo porque “todo mundo lo hace”. Se convierte en un mal colectivo que por ser de todos, se cree que es bueno, pero tú sabes que no tiene porque ser así, que es tu propia conciencia la que te ayuda a decidir, no lo que los demás digan o hagan.
El otro día pasaban en la tele un reportaje sobre los exorcismos y en él cuestionaban la presencia del demonio en este mundo. Yo conozco gente que también cuestiona que exista el mal; pero tú y yo sabemos, como creyentes, que sí existe y que es real, tan real como la propia existencia de Dios. Pero no te me asustes, reconocer que existe no es para nada darle un lugar importante en tu vida, sino que nos sirve ante todo para estar alertas a sus trampas y engaños.
Regresando a la comparación con las flores amarillas, para poder removerlas del pasto se necesitan productos químicos que las matan, pero combinados con las manos del jardinero para arrancar esas hierbas malas de raíz. Así ya no vuelven a crecer. Con la presencia del mal y de sus obras en tu vida, es igual. Necesitas de “productos” (oración, sacrificios, fuerza de voluntad, el sacramento de la confesión, el Espíritu Santo, etc.), junto a tus propias manos para poder sacarlo de raíz y que no vuelva a crecer. Es cierto, toda la vida vamos a estar tentados y la pre-sencia del mal seguirá. Pero es igual que esas flores amarillas, si preparas el césped antes de la temporada con los ingredientes necesarios, es menos probable que le crezcan flores amarillas con malas hierbas. Así también si preparas tu corazón y estás consciente de lo que es bueno para ti, para tu crecimiento como persona, entonces es también menos probable que esa mala semilla caiga en ti. Una forma concreta es que hoy nos decidamos a ser menos egoístas. El egoísmo te lleva a pensar que lo que tú “quieres” para ti es bueno, y no necesariamente. Por el contrario, si comienzas a darle el valor adecuado al sacrificio, podrás preparar mejor tu persona ante las tentaciones, pero no de una manera cerrada al mundo o queriendo vivir en una fantasía fuera de la realidad, sino todo lo contrario. Con los pies bien puestos en la tierra, que te permita distinguir con objetividad lo que no es bueno para ti, por muy atractivo o bonito que se te presente, y lo que realmente llena tu vida de sentido y te hace crecer como persona.
Paz
Abraham
Abraham Morales es licenciado en Ciencias de la Información y diplomado en Comunicación Social por el Episcopado Latinoamericano. En los últimos 10 años se ha dedicado a trabajar y escribir para los jóvenes en México y Estados Unidos.
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