Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Julio 2005

Del valor de la sencillez

El mes pasado tuvimos la oportunidad, mi esposa y un servidor, de visitar a mi familia en Chihuahua, México. Parte de nuestra visita fue un recorrido por las zonas turísticas de la Sierra Tarahumara. Para quien no está familiarizado, es un área montañosa muy bella con paisajes, cascadas, un inmenso cañón, etc.; es una zona donde los indígenas todavía viven en su hábitat natural, o más bien lo que les hemos dejado. Muchos de ellos sólo hablan su lengua nativa y muchos otros se han ido adaptando a vivir con los mestizos de los poblados cercanos.

Total, que al visitar la cascada de Cusárare, unos niños tarahamuras se ofrecieron ser nuestros guías para facilitarnos las cosas. El niño que nos acompañó tenía unos 7 ú 8 años de edad y se llamaba Gumaro, tenía 3 hermanos y no iba a la escuela, por lo que ser guía era ya su “trabajo”. Antes de iniciar un tramo a caminar, mi esposa le ofreció una naranja y pronto y con gusto se la fue comiendo.

De regreso, ya cansados de caminar y del intenso sol, sacamos agua para beberla, Gumaro se apartó sin decir ni esperar nada. Le pasamos la botella de agua y también con alegría se la tomó, lo mismo pasó cuando más delante con una soda que compartimos con él, nunca dijo que no. Así llegó el momento de dejarlo cerca de su casa, ahí le dimos su bien merecido pago por sus servicios al igual que otra fruta y un jugo. Se bajó del auto y corrió a perderse entre los pinos. Lo más probable es que para él fuimos unos turistas más (que ayudó a no perderse) y no dejamos ningún impacto en él. Pero él sí dejó un impacto en nosotros.

Nos hizo recordar en carne propia lo fácil que es valorar la vida, las cosas, aunque tengas poco o mucho, no importa. Al verlo disfrutar de una soda o una naranja, te hace ver cómo pasa tu propia vida tan rápido que no te detienes a disfrutar de las cosas sencillas, ni mucho menos de dar gracias por ellas.
Es muy probable que Gumaro nunca sepa del “Play Station Portable” o del último celular que toma fotos, video y no sé que tanto más. Tampoco tendrá todas las oportunidades que hoy tú tienes para superarte y progresar.

Pero también es muy probable que él no necesite de la tecnología ni de toda la ropa y demás cosas que nosotros tenemos acceso. Por ello esto nos hace preguntarnos si realmente necesitamos de todo eso material que nos rodea para ser felices ¿Por qué será que entre más tenemos, más queremos? ¿Será que nos rodeamos de cosas tratando de llenar un vacío en nuestro corazón?

Esta experiencia con un niño que tiene que ya ganarse el pan de cada día a sus 7 años cuando debería mas bien andar jugando y estudiando claro que me deja un gran aprendizaje. Y el motivo pues de compartir todo esto contigo, es que tú también reflexiones sobre quien eres, sobre lo mucho que Dios te ha dado como joven, lo afortunado que eres (aunque tengas tus problemas), y que puedas valorarlo y verlo con profundidad para que des gracias a Aquél que te ha dado todo por amor sin esperar nada a cambio. Cuando veas esto te darás cuenta que no puedes seguir siendo el mismo, que el egoísmo y la comodidad placentera no pueden ser parte de tu vida. Y tu vida tendrá un nuevo significado…
Paz

AbrahamAbraham Morales es licenciado en Ciencias de la Información y diplomado en Comunicación Social por el Episcopado Latinoamericano. En los últimos 10 años se ha dedicado a trabajar y escribir para los jóvenes en México y Estados Unidos.


 
 

Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rossana Goñi
Director General:
Rossana Goñi