Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Diciembre 2005

“Blanca” Navidad

El mejor regalo de Dios a los hombres: el nacimiento del Salvador, el Mesías, el Señor

Por Rossana Goñi

Como muchos de ustedes saben, yo nací en Lima, Perú. Cuando era niña, uno de los villancicos más comunes que cantábamos en mi parroquia y escuela era “Navidad, Navidad. Blanca Navidad... uno se encamina, rumbo a la ilusión...”. En diciembre en Lima, empezamos a acercarnos al verano, el calor y la humedad aumentan y el sol comienza a salir en todo su esplendor.

“Blanca Navidad”... Cuando de niña entonaba este villancico, no pensaba en una Navidad con nieve, sino en una fiesta limpia, pura, especial, delicada... pensaba en la pureza del misterio de la venida de Dios entre nosotros. Pensaba en la grandeza del misterio y en el niño envuelto en pañales y durmiendo en un pesebre. Llegaba a mi casa después de la escuela y mi madre tenía un disco long play -que algunos de ustedes tal vez nunca conocieron- con los típicos villancicos de Navidad... y seguía cantando la “Blanca” Navidad.

Tengo clara la imagen de mi madre pidiéndome hacer el nacimiento, “porque lo haces muy bien hijita... como todos los años”... y a mí me encantaba hacerlo. Mientras lo armaba escuchaba el long play, y ahí otra vez... sonaba la “Blanca” Navidad.

Llegaba el día de la Navidad y después de ir a Misa, todos celebrábamos en familia... no puedo negar que una de las partes que más me gustaba de la Noche Buena era poner al Niño Jesús en su cunita. Iba corriendo al cajón donde lo habíamos tenido por semanas y lo ponía después de la Misa, porque ya Jesús había nacido.

En ese momento, en medio de los saludos de los adultos, solía hablarle al Niño por unos minutitos y pedirle por todos a quienes quería. Los saludos, los abrazos y el calor de Lima hacían de esa noche una noche cálida y diferente. Era un día diferente. Era una noche hermosa. Es que se daba el misterio más grande de la humanidad, Dios se hacía hombre. Todo lo que era oscuro, ahora era blanco y resplandecía. Así era la “Blanca” Navidad que yo vivía...

Muchos años después... un 25 de diciembre del año 2000, la ciudad de Denver se vestía de blanco. La hermosa nieve cayó durante todo el día, la ciudad lucía hermosa, limpia, pura. La delicada luz del sol hacía que la nieve brillase como estrellitas. Recuerdo que aquel canto de niña de la “Blanca Navidad” adquirió más sentido.

Toda la naturaleza se alegra con la llegada del Señor, la tierra se torna blanca, limpia. El cielo se alegra. ¡Dios está vivo! ¡Y está entre nosotros!

Dios es bueno, es tan bueno. La sencillez de aquel entonces me hacía ver una Navidad blanca. Hoy, la belleza natural de la ciudad de Denver permite que me remita a Dios de una manera distinta pero sin dejar de asombrarme por el misterio.

Y mientras más medito contemplando la nieve, comprendo que esa blancura no está hecha para mí, sino para todos nosotros, para todos los católicos... ¡para todos los seres humanos! Estos días son una invitación para contemplar a esta naturaleza que, en medio de nuestra ciudad que hierve de actividad co-mercial y de tanto ruido, se quiere vestir de blanco para que contemplemos con paz, con silencio, con recogimiento, la grandeza de l amor de Dios... Y la hermosura incomprensible e inabarcable de un Dios que se hace uno de nosotros porque te ama a ti y a mí, y que nos lleva naturalmente a proclamar las palabras del recordado Papa Juan Pablo II: “¡Vale la pena ser hombre, porque Tú Señor, te has hecho hombre!”.

Cuando llegue la Noche Buena, no dejes de poner al Niño Jesús en el centro de tu hogar, y con el corazón de rodillas adora a Aquél que nos ha dado la vida, a Aquél que nos muestra el verdadero sentido de tu ser hombre, tu ser mujer. Aquél que a pesar de ser Dios, quiso hacerse sencillo como un niño. Humilde, delicado y puro como la nieve...
En medio del ruido y movimiento que se vive en estas fechas no dejes de ser como aquellos pastores de Belén, que por la sencillez de sus corazones merecieron escuchar las palabras del ángel... “no temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. ¿Hay mejor regalo de Dios para nosotros en esta Navidad?


 
 

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