A 40 años del Concilio Vaticano II
Conozcamos qué fue y por qué es importante para todos nosotros
Por Alejandro Bermúdez
Este 8 de Diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción, el mundo católico ha celebrado el 40 aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II; el evento católico sin duda más importante del Siglo XX. Pero, después de tantos años, muchos fieles aún se preguntan, ¿qué fue el Concilio Vaticano II y por qué es importante para nosotros?
¿Qué es un Concilio?
La palabra “Concilio” proviene del latín Concilium y significa, encuentro o reunión para obtener consejo.
El primer concilio en la Iglesia tuvo lugar en Jerusalén poco después de la Ascensión de Jesucristo, cuando San Pedro, el primer Papa de la historia, convocó a los demás apóstoles para discutir qué hacer con la creciente cantidad de gentiles -no judíos- que querían ser cristianos.
Desde entonces, cada vez que ha habido una situación importante, una crisis o un tema de doctrina urgente que resolver, los Papas han convocado a concilios para tomar una decisión importante para la vida de la Iglesia. Cada concilio lleva el nombre de la Ciudad donde se realizó.
El último Concilio había sido el convocado por el hoy beato Papa Pío IX en 1869, en el Vaticano; que debió interrumpirse en 1870 cuando los piamonteses tomaron Roma, arrebatándosela al Papa. El Concilio Vaticano I, sin embargo, estableció una importante doctrina: la de la infalibilidad papal cuando se pronuncia en materia de fe, moral y costumbres.
El Concilio Vaticano II
El Concilio Vaticano Segundo fue anunciado por primera vez, para sorpresa de todo el mundo, por el beato Papa Juan XXIII durante una memorable Misa presidida en la Basílica romana de San Pablo extramuros el 25 de enero de 1959. Luego lo convocó oficialmente el 25 de diciembre de 1961 mediante la constitución apostólica “Huma-nae salutis”. Al Vaticano debían venir obispos representando a todos los países del mundo, a todos los ritos católicos y a todas las comunidades. Por eso recibió el nombre de “ecuménico” -de la palabra griega “ekúmene”, que significa “gene-ral” o “integral”.
De hecho, con cerca de 2,000 obispos del mundo asistiendo a cada sesión, ha sido el Concilio más diverso de la historia de la Iglesia.
El Concilio constó de cuatro sesiones realizadas a lo largo de cuatro años sucesivos durante el otoño del hemisferio norte.
La primera sesión en el otoño de 1962 contó con la presencia del mismo Papa Juan XXIII; pero falleció el 3 de junio de 1963, sin poder ver la conclusión del ambicioso proyecto de renovación de la Iglesia.
Las siguientes tres sesiones fueron convocadas y presididas por su sucesor, el Papa Pablo VI, quien finalmente lo clausuró el 8 de diciembre de 1965.
El Concilio dejó un número importante de documentos de diversa categoría (ver recuadro), que abordaban la gama más amplia de temas jamás tratada por la Iglesia desde el famoso Concilio de Trento (1542-1562).
¿Por qué era necesario un Concilio?
La Iglesia no necesitaba definir ningún dogma nuevo; pero sí necesitaba plantearse el problema de cómo anunciar a Jesucristo en medio de un mundo que había cambiado tan dramáticamente después de dos guerras mundiales, dramáticos cambios sociales, y de impresionantes desarrollos tecnológicos.
En otras palabras, el desafío era combinar la tradición cons-tante de la Iglesia con una necesaria renovación en la forma, el lenguaje y los métodos.
El Papa Juan XXIII señaló tres tareas fundamentales para el Concilio:
- Promover el desarrollo de la fe católica en el mundo actual.
- Impulsar una renovación de la vida cristiana de los miembros de la Iglesia.
- Adaptar ciertas prácticas y disciplinas de la Iglesia a las necesidades del mundo actual.
Muchas cosas cambiaron a partir del Concilio Vaticano II: se destacó que el llamado a la santidad obliga a todos los bautizados no sólo a los sacerdotes o consagrados; la Misa comenzó a celebrarse en las lenguas de cada país; se reformó la liturgia de la Iglesia, se dio un nuevo impulso a la lectura y el estudio de la Sagrada Escritura; del apostolado de los laicos, del diálogo con las otras religiones y los no creyentes… Y muchas reformas más, todas ellas encaminadas a cumplir los tres objetivos centrales enunciados por el Papa Juan XXIII, y luego reafirmados por el Papa Pablo VI en su primera encíclica titulada “Ecclesiam Suam”, es decir “Su Iglesia”, para destacar la idea de que la Iglesia no es “nuestra” sino “suya”, es decir, de Jesucristo, y por ello, toda reforma debe respetar el contenido fundamental del mensaje salvador del Hijo de Dios.
¿Cuáles fueron los frutos del Concilio?
Esta pregunta es la más difícil de contestar, entre otras razones, porque los frutos de eventos como los concilios sólo son visibles en su totalidad si-glos después. Sin embargo, podemos hacernos una buena idea de sus principales frutos siguiendo las palabras de un hombre que, como Arzobispo, participó activamente en las cuatro sesiones del Concilio Vaticano y luego, como Papa, impulsó su aplicación en el mundo: el Papa Juan Pablo II.
En efecto, durante un largo discurso pronunciado durante el Congreso sobre el Concilio Vaticano II realizado en Roma para conmemorar los 35 años de su clausura, el Papa Wojtyla hizo una importante evaluación del evento.
Estas son algunos de los frutos que Juan Pablo II destacó del Concilio:
- “El concilio ecuménico Vaticano II fue un don del Espíritu Santo a su Iglesia. Por este motivo sigue siendo un acontecimiento fundamental, no sólo para comprender la historia de la Iglesia en este tramo del siglo, sino también, y sobre todo, para verificar la presencia permanente del Resucitado junto a su Esposa entre las vicisitudes del mundo”.
- “Con el Concilio, la Iglesia vivió, ante todo, una experiencia de fe, abandonándose a Dios sin reservas, con la actitud de que quien confía y tiene la certeza de ser amado. Precisamente esta actitud de abandono en Dios se nota con claridad al hacer un examen sereno de las Actas”. “
- “Los padres conciliares afrontaron un auténtico desafío. Consistía en tratar de comprender más íntimamente, en un período de rápidos cambios, la naturaleza de la Iglesia y su relación con el mundo, para realizar la oportuna actua-lización. Aceptamos ese desafío -yo fui uno de los padres conci-liares-, y dimos una respuesta buscando una inteligencia más coherente de la fe. Lo que hicimos durante el Concilio fue mostrar que también el hombre contemporáneo, si quiere comprenderse a fondo a sí mismo, necesita a Jesucristo y a su Iglesia”.
- “La constitución pastoral «Gaudium et spes», que planteaba los interrogantes fundamentales a los que toda persona está llamada a responder, nos repite hoy también a nosotros unas palabras que no han perdido su actualidad: ‘El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado’”.
Cómo vivir el Concilio Hoy
El Papa Juan Pablo II lanzó un llamado que ha sido renovado por su sucesor, el Papa Benedicto XVI (quien como sa-cerdote y teólogo, también participó del Concilio): “Una nueva época se abre ante nuestros ojos: es el tiempo de la profundización de las enseñanzas del Concilio, el tiempo de la cosecha de cuanto sembraron los padres conciliares y la ge-neración de estos años ha cultivado y esperado. El concilio ecuménico Vaticano II fue una verdadera profecía para la vida de la Iglesia: y seguirá siéndolo durante muchos años del tercer milenio recién iniciado. La Iglesia, con la riqueza de las verdades eternas que le han sido confiadas, continuará hablando al mundo, anunciando que Jesucristo es el único verdadero Salvador del mundo: ayer, hoy y siempre”.
Alejandro Bermúdez es Director de la Agencia Católica latinoamericana ACI-Prensa con sede en Lima, Perú. Puede visitar la página web en www.aciprensa.com
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