De un avión de papel y tu Navidad
Por Abraham Morales
¿Recuerdas esos avioncitos de papel que tu papá, abuelito o hermano mayor te enseñaban a hacer cuando eras niño? Era un juego divertido, fácil y sobre todo muy barato. Con sólo una hoja de papel, o un trozo de periódico (como mi abuelito los solía hacer) bastaba para horas de diversión y muchas sonrisas. A veces regaños, ¿a poco nunca tiraste el avión donde no debías o le pegaste a alguien con él? Pero cuánto tiempo te duraba o guardabas un avioncito de papel ¿Un día? ¿Una semana?
Hace ya algunos años me tocó vivir una historia de un avioncito de papel y un niño, la cual pensé oportuna compartir contigo como reflexión para esta Navidad: una Semana Santa visi-tábamos una comunidad rural de la parroquia de Satevó en la diócesis de Chihuahua, México. Cada año nos repartíamos estas 32 comunidades entre jóvenes de toda la diócesis. Total que ese año algunos estuvimos visitando distintas comunidades como apoyo a los que iban por primera vez. Así fue como llegamos a la casa de esta señora joven y su hijo, (creo que el esposo trabaja acá en Estados Unidos). El niño tenía unos 5 años y era un tanto tímido. Estuvimos un rato ahí en su casa, y ya cuando se le había pasado un poco la pena me puse a jugar con él. En eso estábamos conversando cuando se me ocurrió ha-cerle un avioncito de papel, nada más uno, y modestia aparte, pero quedo muy bien, volaba bien suave. Jugamos un ratito más el niño y yo con su avión, platicamos un ratito con la mamá, que era la catequista del pueblo y hospedaba a nuestros compañeros, y finalmente nos despedimos y nos fuimos a la si-guiente comunidad. Así quedaron las cosas, pasaron los días y terminó la experiencia de Semana Santa, cada quien de regresó a sus actividades, etc.
Pasó un año y llegó otra vez la preparación para Semana Santa, donde me dijeron que en esa ocasión a mí me tocaría acompañar esa comunidad donde vivía el niño del avión y su mamá. Me dio alegría saber que llegaría a la casa de esa agradable señora, que además tenía fama de cocinar muy rico. En cuanto llegué a su casa me encontré con ese niño, esta vez con menos pena me recibió. Nos sentamos todos a la mesa a comer, cuando el niño regresa de su cuarto con algo en las manos, y la mamá le dice, “enséñale a Abraham lo que tenías guardado”. Y para mi increíble sorpresa, abre las manos y me enseña el avión de papel que le había hecho un año atrás; todo amarillo, sucio, porque me dijeron que se le había mojado, pero todavía servía. Me conmovió tanto ese gran detalle de un niño que sin saber que yo volvería un año después, había guardado un pedazo de papel doblado, pero para él, por alguna razón, había significado algo más. En cuanto terminamos de comer, me puse a jugar con él y el avioncito sucio, y le prometí, que antes de que me fuera esos días, le dejaría toda una flotilla de aviones de papel. Y así fue, terminó la Semana Santa, yo me regresé a la ciudad y el niño se quedó contento con muchos avioncitos, sin saber que en mi él había dejado una tremenda enseñanza sobre el valor de las cosas y lo poco que realmente necesitamos para ser felices.
Es por ello que esta Navidad, antes de pensar en lo que TÚ quieres que te regalen, o lo que “necesitas” como regalo, primero que nada da gracias a Dios por todo lo que te ha regalado Él. Recuerda primero valorar a la gente que está a tu alrededor, después las cosas que ya tienes. El deseo de ambición por querer tener más siempre nos va tentar, pero depende de ti el saber valorar las cosas pequeñas, como nos enseña ese niño y su avioncito de papel, y no caer en la tentación del materialismo.
Esta Navidad no es para que pienses en tus regalos, sino en lo que tú vas dar a los demás, y no cosas materiales, sino con tus propias obras y acciones, sobre todo para Aquél que vino al mundo a salvarnos y se hizo hombre igual que tú y yo para mostrarnos el camino de la verdadera felicidad. Por eso te deseo una ¡muy feliz Navidad!
Paz
Abraham
Abraham Morales es licenciado en ciencias de la información y diplomado en comunicación social por el Episcopado Latinoamericano. En los últimos 10 años se ha dedicado a trabajar y escribir para los jóvenes en México y Estados Unidos.
|