Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Abril 2005

El proceso de elección del próximo Sucesor de Pedro

Conozca qué es y cómo se realiza un Cónclave

Ante la partida a la Casa del Padre de Su Santidad el Papa Juan Pablo II, muchos fieles se preguntan: ¿cómo será la próxima elección de nuestro siguiente Pontífice?, ¿cuándo será esta elección?, ¿quién decide quién será el próximo Papa?, ¿cómo seremos informados de quien será el sucesor de Pedro?
El Pueblo Católico, realizó una investigación sobre lo que es un cónclave y cómo será la elección del próximo Sucesor de San Pedro en la Iglesia Católica.

Por Carlos Neuenschwander

¿Qué es un Cónclave y cómo funciona?

Un poco de historia
Cónclave es la institución mediante la cual se elige al Romano Pontífice como Sucesor del Apóstol Pedro y Cabeza de la Iglesia Católica. La palabra hace referencia tanto al proceso mismo de elección como al lugar físico donde se realiza y donde los cardenales electores viven mientras éste dura.

Durante los primeros siglos del cristianismo era el clero de Roma, con el consenso del pueblo, quien elegía al Sumo Pontífice. Progresivamente al afirmarse el rol del papado como uno de los pilares fundamentales de la naciente Europa se hizo necesario una organización más precisa.

Ya en el año 769 el Papa Esteban III estableció que fueran los diáconos, presbíteros y cardenales junto con los nobles romanos los electores autorizados, el rol del pueblo se limitaba a un asenso general.

La interferencia de los emperadores y las luchas entre las principales familias romanas dificultaron mucho la elección del sucesor de Pedro durante los siglos IX-XI. El Papa León IX en 1049 inició un proceso de reforma en la Iglesia con el fin de limitar la injerencia del poder temporal y determinó que fueran sólo los cardenales, en cuanto representantes del clero de Roma, a elegir a su sucesor.

En 1059 Nicolás II confirmó dichas normas y fue Alejandro III en el Tercer Concilio Lateranense (1179) quien estableció definitivamente esta práctica fijando en 2/3 los votos necesarios para ser elegido.

En los años siguientes la incapacidad de los cardenales para ponerse de acuerdo generó muchos problemas al momento de elegir al nuevo Papa. Especialmente difícil fue la elección de Gregorio X que duró desde noviembre de 1268 hasta el 1 de setiembre de 1271. El proceso electoral se realizó en Viterbo, una pequeña ciudad a 20 millas de Roma. Las autoridades civiles exasperadas por la espera, encerraron a los cardenales bajo llave (cum clave, de ahí el origen de la palabra cónclave) en el palacio obispal, con un régimen de vida muy austero -se dice que llegaron a ponerlos a pan y agua- e impidiendo cualquier contacto con el exterior los obligaron finalmente a tomar una decisión.

El mismo Gregorio X en 1274 promulgó la constitución Ubi maius periculum en la que legislaba de manera detallada sobre el modo en que se deberían realizar las futuras elecciones. Podemos considerar este documento como el acta fundacional de los Cónclaves. Los cardenales, después de esperar 10 días a los ausentes, se reunirían en el palacio donde hubiera muerto el Papa, en un lugar perfectamente aislado de cualquier interferencia externa y bajo un régimen de vida austero, que se iría acentuando conforme pasasen los días, elegirían al nuevo Papa. A las autoridades locales les tocaba vigilar para que el proceso se realizara sin interrupciones de ningún tipo. En lo esencial el documento de Gregorio X fue confirmado por sus sucesores.

La triste experiencia del Gran Cisma de Occidente (1378-1417) llevó a la Iglesia, sobre todo después del Concilio de Trento, a normar sobre la autoridad limitada de los cardenales durante la sede vacante del Papa. Se les recordaba que no tenían ningún poder legislativo, administrativo o ejecutivo hasta la elección del nuevo Pontífice. Se dieron normas también contra la simonía (sacrilegio que equipara lo espiritual a lo material y por ende se comercia con cosas santas) y el nepotismo (favoritismo con los protegidos).

El problema principal de los tiempos modernos fue nuevamente la influencia del poder temporal en la elección del romano Pontífice. Esta vez se manifestó a través del llamado “derecho de veto” que las potencias católicas, Francia, España, Portugal y Austria ejercían en contra de un candidato que se juzgaba potencialmente peligroso para sus intereses nacionales. Con Pío IX (1846-1878) y León XIII (1878-1903) se dieron algunas medidas en contra de esta práctica, pero fue recién San Pío X (1903-1914) quién definitivamente prohibió dichas intromisiones después de ser testigo del veto de la Potencia Austriaca en contra del Cardenal Rampolla.

A partir de Pió XII (1939-1958) se puede constatar una atención particular a los llamados “medios de comunicación social” y sus posibles interferencias en el desarrollo de un Conclave. Está explícitamente prohibido la introducción de cualquier aparato de trasmisión o grabación audiovisual. En la misma línea se autoriza el uso de tecnología adecuada para evitar la filtración de cualquier información durante el proceso de elección.
En 1962 Juan XXIII (1959-1963) dispuso que todos los cardenales recibieran la ordenación episcopal. Pablo VI (1963-1978) introdujo a los Patriarcas Orientales en el Colegio de los Cardenales, suprimió el derecho de voto a los mayores de 80 años y fijo el número de electores en 120.

En la actualidad
Estas normas fueron confirmadas por el Papa Juan Pablo II con la Constitución Apostólica Universi Dominici Grecis de 1996. Este documento es el que va a regir la elección del siguiente Papa. Cuando el romano Pontífice muere todos los jefes de los Dicasterios de la Curia Romana (los ministros del Papa) cesan en el ejercicio de su cargo. Esta medida no incluye al Cardenal Camarlengo, en la actualidad el Cardenal Eduardo Martínez Somalo y el Penitenciario Mayor, el Cardenal James Francis Stafford, quienes siguen ocupándose de los asuntos ordinarios de su cargo.

Además los cardenales, ni individualmente ni como Colegio, gozan de potestad o jurisdicción sobre las cuestiones que corresponden al Sumo Pontífice en vida. Su función principal durante la Sede Vacante es garantizar la sucesión de Pedro en la Sede Romana. A tal fin se reúnen como Congregación (general y particular).

La Congregación particular está constituida por el Cardenal Camarlengo y por tres cardenales escogidos cada tres días por sorteo y se ocupa de los asuntos ordinarios y de menor importancia de la administración de la Santa Sede.
La Congregación general está presidida por el Decano del Colegio Cardenalicio, en la actualidad el Cardenal Ratzinger, y participan todos los cardenales electores y aquellos mayores de 80 años que así lo deseen. Se reúnen todos los días desde la muerte del Papa y, además de tratar los eventuales asuntos de importancia, es el espacio que tienen los cardenales para confrontar opiniones sobre la situación actual del mundo y de la Iglesia, hacer propuestas y pedir explicaciones sobre la futura elección. Asimismo, en estas reuniones se dispone todo lo necesario para las exequias del difunto Pontífice, las cuales durarán nueve días realizándose el entierro entre el cuarto y sexto día.

La elección del Sucesor de Pedro
Los Cardenales electores después de esperar 15 días completos la llegada de los ausentes se reunirán dentro de la Ciudad del Vaticano para realizar la elección. Ésta tendrá lugar en la Capilla Sixtina aunque los Cardenales dormirán durante toda la duración del proceso en la Casa Santa Marta, un edificio de habitaciones recientemente construido especialmente para este fin ubicado a unos 500 metros de la Capilla.

Estos lugares estarán permanentemente vigilados y se evitará cualquier contacto de los Cardenales con personas ajenas a la elección. Se tendrá un especial cuidado durante el traslado de los prelados entre la Casa Santa Marta y la Capilla Sixtina. Asimismo, éstos están completamente prohibidos de recibir prensa de cualquier tipo así como escuchar programas de radio o ver televisión.

El estricto aislamiento de los electores busca garantizar la mayor independencia de juicio posible por parte de ellos así como una total libertad de decisión frente a cualquier eventual influencia externa.

Juan Pablo II estableció que el único modo por el cual los electores pueden manifestar su voto para la elección del Romano Pontífice sea el del escrutinio secreto. Se ha eliminado la elección por aclamación y la elección por compromissum juzgándolas inadecuadas y de difícil realización con un colegio electoral tan basto como el actual.

El Cónclave
El primer día del Cónclave sólo se tendrá un escrutinio por la tarde, y a partir del segundo día, dos en la mañana y dos en la tarde. Las votaciones se hacen por medio de unas papeletas previamente preparadas que cada cardenal deposita en una urna dispuesta a tal fin sobre el altar. Tres cardenales elegidos al caso se encargan de contar los votos en voz alta y tres más de revisar el recuento de votos.

Si un candidato ha obtenido dos tercios de los votos la elección del Papa se da por válida. Si después de tres días los cardenales no se ponen de acuerdo se suspende por un día los escrutinios para una pausa de oración y de libre coloquio en la que un cardenal dirigirá una pequeña exhortación a todo el Colegio. Si después de siete escrutinios más no se ha llegado aún a un acuerdo se procesa a otra pausa de oración, coloquio y exhortación. Si después de siete pausas con sus respectivos escrutinios no se ha llegado a un acuerdo, los cardenales pueden decidir si proceden a una votación por mayoría absoluta. También se puede elegir por mayoría absoluta, entre los dos nombres más votados en el último escrutinio.
Hay que señalar finalmente que los electores tienen el deber de dar su voto a quien juzguen más idóneo para gobernar la Iglesia independientemente de otras consideraciones, incluso se contempla la posibilidad de elegir una persona fuera del Colegio Cardenalicio. Después de la elección se le pregunta al elegido el nombre por el cuál quiere ser llamado. Si éste no fuera Obispo se procederá a su ordenación inmediatamente. El Cónclave termina en el momento en que el nuevo Sumo Pontífice acepta su elección.

“¡Habemus Papam!”
La señal que indicará que la Iglesia ya tiene un nuevo Vicario de Cristo será el humo blanco que se verá salir de una chimenea ubicada en las instalaciones vaticanas.

Una vez que el Cardenal Decano haya recibido del elegido su aceptación y haya expresado el nombre con el que será conocido a partir de ese momento, el nuevo Papa tendrá la plena y suprema potestad en la Iglesia.

Tras el homenaje y el acto de obediencia de todos los Cardenales al Vicario de Cristo, el Cardenal chileno Jorge Medina Estevez, anunciará desde uno de los balcones de la basílica vaticana la misma frase que resonó por última vez en Roma y el mundo entero el 16 de octubre de 1978: “Nuntio vobis gaudium magnum: habemus Papam!”.

 


 
 

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