Juan Pablo II, te quiso y te quiere todo el mundo
Luis Soto
Director del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis de Denver
No he conocido otro Papa, tenía sólo seis años cuando mi madre rezaba por la elección del nuevo Papa. Mi vida consciente en la Iglesia ha sido bajo el liderazgo de Juan Pablo II. Tuve la oportunidad de estar en una misa con él hace algunos años en la Ciudad de México. Su sola presencia es ya inspiradora para los católicos. Sus múltiples escritos han servido de guía y testimonio para los católicos de finales del Siglo XX y principios del XXI. Su insistencia en no tener miedo y entregar nuestras vidas a Dios han sido para mí motivo de fortaleza y confirmación de mi vocación misionera, especialmente entre los jóvenes. ¡Santo Padre gracias por habernos hablado tanto a nosotros los jóvenes. No le vamos a fallar al Señor!
Rev. Padre J. Jorge
De los Santos crs
Vicario del Ministerio Hispano en la Arquidiócesis de Denver
En estos últimos meses en que la salud del Santo Padre, el Papa Juan Pablo II se veía cada vez más deteriorada, una persona se acercó a mí cuestionando el por qué el Papa no renunciaba pues ya no tenía fuerzas para dirigir a la Iglesia. Le respondí que no es con la fuerza humana con la que se cumple como Vicario de Cristo sino con la fuerza espiritual, que proviene como gracia de Dios, con la que se es cabeza visible de la Iglesia, y de esta fuerza espiritual el ¡Papa tiene de sobra! Yo soy testigo de ello no por lo que me han dicho sino por lo que he experimentado en primera persona. Yo de seminarista tuve la dicha de saludarlo de mano, de ayudarle como acólito en varias misas y hasta de platicar un poco con él. Y siempre sentí que él era un hombre de Dios (nadie puede hacer lo que él hacía si Dios no está con él). Ha sido modelo a seguir en mi vida de consagrado.
Mar Muñoz-Visoso
Directora del Centro
San Juan Diego
Aún recuerdo aquella mañana medio nublada del Domingo de Resurrección de 1989 en la Plaza de San Pedro. Miles de peregrinos interrumpían a cada paso a Juan Pablo II en su mensaje del mediodía cantando a coro en español: “Juan Pablo II, te quiere todo el mundo”. Yo era una de ellos. Un día antes tuve la oportunidad de estar tan cerca de él que casi pude tocarlo al término de la Vigilia Pascual. Su mirada, que brevemente se cruzó con la mía, emanaba una paz indescriptible. Desde entonces he seguido con interés sus apariciones públicas, sus viajes y mensajes, y leído muchos de sus documentos. Es difícil describir lo que más me ha impresionado de él. ¡Nos ha dado tanto! No sé si es su inmensa pasión por los jóvenes, su manera de hacerse presente a los pueblos y naciones de los cinco continentes, o su pensamiento profundo sobre el hombre de hoy, los problemas que le afligen y su mensaje repetido una y otra vez de que Cristo es la respuesta. Me quedaría, quizá, con algo más sencillo: una mirada que sólo tienen aquellos que están en paz consigo mismo y con su creador, aquellos que como San Pablo pueden decir “He corrido mi carrera y he llegado a la meta”, en fin, una mirada de santidad.
Marita Landaveri
Cónsul General del
Perú en Denver
El hecho de haber sido funcionaria diplomática acreditada en Roma me llevó a múltiples afortunadas ocasiones, en que, tanto oficial como personalmente, pude conversar con Su Santidad. La fuerza de su personalidad y la espiritualidad que trasciende son recuerdos vividos de esos encuentros. Uno de estos momentos que se mantiene vigente en mi memoria es la participación en la misa ofrecida por el Santo Padre en su capilla privada, hace ya 14 años ... hacia las 7 de la mañana, luego de cruzar cientos de metros de pasillos y salones llegamos, en compañía de mis padres, a una capilla de tamaño mediano. Los funcionarios del Vaticano hicieron pasar uno a uno, a cerca de 30 sacerdotes y tres laicos: nosotros.
Creo que la combinación de una sensación de respeto profundo por el lugar donde estábamos y el fervor manifiesto en el grupo allí reunido, hizo que no nos diéramos cuenta de la presencia del Santo Padre, sentado en su trono papal, en el medio de la capilla. Él se encontraba meditando o rezando y era como si estuviera allí, más en espíritu que físicamente presente.
La fuerza de su Papado y su estilo viajero ha dado un legado y una huella distinta en los países que ha visitado. No solamente ha llegado a los corazones de quienes visitan diariamente la Santa Sede, sino que él se ha acercado al resto del mundo, viajando sin cesar y llevando su prédica a millones de personas, sin preocuparse de su precaria salud.
En el Perú, se le recuerda por el cariño y simpatía con que se dirigió a los miles de fieles que participaron en los múltiples eventos organizados especialmente con ocasión de sus dos visitas. Su don de lenguas, permitió tanto en el Perú, como en todos los otros países que ha visitado, que quienes lo escucharon, comprendieran perfectamente el mensaje que nos transmitía.
Rev. Padre Jaime Prohens
Párroco de la Iglesia San Cayetano en Denver
El Papa Juan Pablo II deja nuestro destierro, tiene ya su bien ganado puesto en la historia y en nuestro recuerdo; fue un Papa excepcional por muchos conceptos, después de una serie larga de pontífices italianos llega un joven cardenal polaco a ser Vicario de Cristo, bien entrenado por años de ministerio en un país de mayoría católica pero con un régimen comunista con signo contrario al espíritu cristiano.
El Señor le ha concedido longevidad bien aprovechada y una relevante presencia en todos los aspectos de un régimen pontificio que pasará a la historia de modo relevante también. Después del Concilio Vaticano II era necesario un reajuste que le ha tocado a Juan Pablo II realizar. Su proyección en el ancho mundo con sus viajes apostólicos puso una nota especial en su Pontificado y un tono distinto en la predicación del Evangelio y su relación con las comunidades cristianas y los disidentes. Su relación con la juventud de todas las naciones y pueblos de la tierra, también merece mención especial. La eterna juventud que se recibe y renueva en la Eucaristía y la presencia real de Cristo entre nosotros. Descanse en paz
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