Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Abril 2005

El silencio ante la partida de Juan Pablo “El Grande”

“Ustedes son el futuro, son el mañana, colaboradores con Dios en la edificación de la civilización del amor...”

Por Lara Montoya

Los jóvenes siempre fuimos para Juan Pablo II la esperanza del futuro, en nosotros depositó su confianza invitándonos a luchar con él por un mundo mejor. La misión que nos encomendó es grande y a la vez emocionante. “Ser constructores de la civilización del amor” ese es el gran desafío que el Papa de los jóvenes ha puesto ante nosotros.

“Sed sal para la tierra, y luz para un mundo que agoniza en medio de la oscuridad de la noche. Como la sal de la tierra, estáis llamados a conservar la fe que habéis recibido y a transmitirla intacta a los demás. Vuestra generación tiene ante sí el gran desafío de mantener integro el depósito de la fe … Cuando la luz va menguando o desaparece completamente, ya no se consigue distinguir la realidad que nos rodea. En el corazón de la noche podemos sentir temor e inseguridad, esperando sólo con impaciencia la llegada de la luz de la aurora. Queridos jóvenes, ¡a vosotros os corresponde ser los centinelas de la mañana que anuncian la llegada del sol que es Cristo resucitado!”, señaló el Papa.

Ser la esperanza de Juan Pablo II es ciertamente una gran responsabilidad, una tarea que muchas veces parece sobrepasar nuestras fuerzas, sobre todo si nos detenemos ante la realidad de un mundo que cada vez esta más lejos de Dios. Sin embargo, nuestro querido Santo Padre siempre fue conciente de las dificultades y obstáculos de la misión que nos encomendó, por eso ha dirigido para nosotros a lo largo de su pontificado palabras de aliento y fortaleza, una y otra vez nos ha dicho “No tengáis miedo”, no tengáis miedo de ser santos, no tengáis miedo de abrir las puertas de tu corazón de par en par a Dios, no tengáis miedo a proclamar con tu vida que hoy Cristo, sigue viviendo en medio de nosotros, ¡no tengáis miedo de responder con ge-nerosidad a la llamada del Señor!... no tengáis miedo, Cristo está con vosotros”.

Esta es la invitación de nuestro Santo Padre, ese es el reto que nos propone: “Sed sal para la tierra, y luz del mundo”, por eso no debemos cansarnos de luchar, luchar contra nuestros temores e inseguridades, luchar contra las tentaciones de un mundo que muchas veces nos engaña con falsas ilusiones, debemos luchar arduamente por no apagar nunca nuestros anhelos más profundos.

“Es propio de la condición humana, y especialmente de la juventud, buscar lo absoluto, el sentido y la plenitud de la existencia. Queridos jóvenes, ¡no os contentéis con nada que esté por debajo de los ideales más altos! No os dejéis desanimar por los que, decepcionados de la vida, se han hecho sordos a los deseos más profundos y más auténticos de su corazón. Tenéis razón en no resignaros a las diversiones insulsas, a las modas pasajeras y a los proyectos insignificantes. Si mantenéis grandes deseos para el Señor, sabréis evitar la mediocridad y el conformismo, tan difusos en nuestra sociedad” enfatizó Su Santidad.
Queridos jóvenes y amigos, seamos santos, porque esa es la única manera de responder a la esperanza de nuestro amado Santo Padre, esa es la única manera de cambiar este mundo y construir la civilización del amor. Nosotros somos la esperanza del futuro, la esperanza de un hombre que lo dio todo, hasta su último respiro se lo entregó a Dios. Hoy el Papa de los jóvenes ya no está junto a nosotros, pero sus palabras siguen resonando en nuestros corazones, siguen alentándonos a luchar, y estoy segura que nos seguirá acompañando en nuestra misión con sus oraciones ahora que está gozando de la vida eterna con nuestro Padre Celestial.

 



 
 

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