Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Agosto 2005

El Milagro Eucarístico de Avignon

Las aguas se abrieron como en el Mar Rojo

La ciudad de Avignon en el sur de Francia, está ubicada en la margen izquierda del río Ródano, a unos 650 km. al sureste de París. Durante varios años esta ciudad fue la sede de los papas de la Iglesia Católica. Pero esta ciudad no solamente es conocida por esto, sino porque allí ocurrió un hecho sobrenatu- ral; el Milagro Eucarístico de 1443 que a continuación presentamos.

La herejía de los Albigenses, antecedente del milagro
Fue en 1226 cuando la herejía Albigense, la cual tomó su nombre de la cuidad de Albi - Francia, se propagaba por todo el sur de Francia rechazando todos los sacramentos, especialmente el matrimonio y la Eucaristía. Esta herejía fue condenada por la Iglesia desde el Siglo XI.
Para combatir sus ataques contra la Presencia de Jesús en la Eucaristía, el Rey Luis VIII, padre de San Luis IX, construyó una iglesia cerca del río Sorgue en honor del Santísimo Sacramento. El Rey decidió hacer un acto público de reparación por los sacrilegios cometidos por los Albigenses, escogiendo el 14 de septiembre de 1226, día de la fiesta de la “Exaltación de la Santa Cruz” para organizar una procesión con el Santísimo Sacramento. La procesión terminó en la nueva iglesia de la Santa Cruz.

La procesión por toda la ciudad fue dirigida por el Obispo Corbie. El Santísimo permaneció expuesto toda la noche y por varios días, hasta que el obispo decidió que el Santísimo debería quedarse perpetuamente expuesto. Esta costumbre fue continuada por sus sucesores y aprobada por el Santo Padre. La Iglesia fue custodiada por los Penitentes Grises, de la Orden Franciscana y después de 200 años de adoración perpetua ocurrió el milagro.

Las aguas se abrieron sin tocar al Señor
El Sorgue es un río que pasa por la cuidad de Avignon. El río se desbordaba cada cierto tiempo. Cuando esto ocurría, el agua inundaba las casas y fincas de los alrededores.

En 1433 después de fuertes lluvias, vino una gran inundación. El agua penetró más que en años anteriores. Fue una de las peores inundaciones conocidas. En las noches del 29 y el 30 de noviembre, el nivel del agua subió a gran altura. Los Penitentes Grises de la Orden Franciscana estaban seguros de que la pequeña iglesia de la Santa Cruz se había inundado y decidieron ir allí para salvar la Eucaristía y traerla a tierra seca. Dos de los superiores de los Penitentes Grises se subieron en un bote y remaron hasta la iglesia.

Cuando llegaron, descubrieron que el agua había subido hasta la mitad de la puerta de la entrada de la iglesia. Sin embargo, cuando abrieron la puerta, para su sorpresa, encontraron que el pasillo, desde la puerta hasta el altar, estaba completamente seco. El agua se había acumulado formando paredes de cuatro pies de altura de agua, a derecha e izquierda del pasillo. Nuestro Señor Jesús, en la Hostia Consagrada en la custodia, permanecía sobre el altar, completamente seco.

El milagro recuerda lo que cuenta la Biblia sobre el Mar Rojo. Así también les pareció a los Penitentes Grises, quienes salieron inmediatamente en la búsqueda de los demás miembros de su congregación para que fueran y verificaran el milagro. Los cuatro Frailes oraron juntos y llevaron la custodia que contenía el Santísimo Sacramento a una Iglesia Franciscana en tierra seca. Cuando colocaron la custodia en el altar, leyeron del libro del Éxodo sobre la División del Mar Rojo (Éxodo 14:21). Los Franciscanos escribieron el testimonio de los cuatro Frailes en los registros de su comunidad, donde se conservan hasta hoy.

En este tiempo se creó una tradición que todavía está en práctica. El 30 de noviembre, de cada año, en la capilla de la iglesia de Avignon, los Penitentes Grises se ponen una soga alrededor del cuello, y arrastrándose piadosamente en sus manos y rodillas, vuelven a recrear el incidente, trayendo a la memoria los pasos que siguieron sus antepasados, por el mismo camino que siguieron la noche del milagro.



 
 

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