Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Julio 2005

La Asunción de la Virgen

“Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap 12 , 1)

Por Jorge Luna

“Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap 12 , 1)

El día 15 de agosto la Iglesia celebra, con inmensa alegría la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. En muchas ciudades de Latinoamérica y España las celebraciones son una muestra del profundo amor por la Virgen María y también de la rica religiosidad popular de nuestros pueblos.

El dogma de la Asunción fue definido y proclamado por el Papa Pío XII en 1950, sin embargo la fe en el destino glorioso del alma y del cuerpo de la Virgen María, Madre del Señor Jesús estuvo presente desde los primeros siglos de la Iglesia.

Historia
Los primeros testimonios se remontan a los siglos II-III en forma de representaciones populares, que ya reflejaban la intuición de fe del Pueblo de Dios.

A continuación se fue desarrollando una larga reflexión con respecto al destino de María en el más allá. Esto, poco a poco, llevó a los creyentes a la fe en la elevación gloriosa de la Madre de Jesús en alma y cuerpo, y a la institución en Oriente de las fiestas litúrgicas de la Dormición y de la Asunción de María.

La fe en el destino glorioso del alma y del cuerpo de la Madre del Señor, después de su muerte, desde Oriente se difundió a Occidente con gran rapidez y a partir del siglo XIV se generalizó. En nuestro siglo, en vísperas de la definición del dogma, constituía una verdad casi universalmente aceptada y profesada por la comunidad cristiana en todo el mundo.

Así en mayo de 1946, con la encíclica Deiparae Virginis Mariae, Pío XII promovió una amplia consulta, interpelando a los obispos y, a través de ellos a los sacerdotes y al pueblo de Dios, sobre la posibilidad y la oportunidad de definir la asunción corporal de María como dogma de fe. El recuento fue ampliamente positivo: solo seis respuestas, entre 1181, manifestaban alguna reserva sobre el carácter revelado de esa verdad:
“Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces e invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otrogó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para acrecentar la gloria de esta misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y por la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma de revelación divina que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste”.

Entendiendo el Dogma
El dogma de la Asunción se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial. La palabra Asunción significa que María fue llevada en cuerpo y alma al cielo por el poder de Dios, a diferencia de la Ascención del Señor que lo hizo por su propio poder.

La definición quiere dejar claro que la Asunción de María ocurre inmediatamente después del término de su vida mortal, no hasta el final de los tiempos, como ocurrirá con todos los hombres; y además que su cuerpo no sufrió ninguna descomposición, como ocurre con los cadáveres.

Así, el elemento esencial es la glorificación celeste del cuerpo de Santa María. Ella fue llevada al cielo en cuerpo y alma, con todas las cualidades y dotes propias del alma de los bienaventurados e igualmente con todas las cualidades propias de los cuerpos gloriosos.

Importancia
La Asunción de la Virgen es un misterio que nos renueva en la conciencia de la acción de Dios en medio de nosotros, en su poder salvífico, que se hace latente en medio del mundo con acciones concretas. Por lo tanto es un llamado a renovar nuestra fe en el poder de Dios en nuestras vidas, teniendo como ejemplo claro la vida de la Virgen María, Madre del Señor Jesús y Madre Nuestra. El Señor Jesús vino a la tierra para salvarnos del pecado y de la muerte, y la primera en recibir los frutos de la Redención fue su queridísima Madre; Ella fue concebida sin pecado y fue asunta a los cielos.

También es importante por la relación que hay entre la Resurrección de Cristo y la nuestra. La presencia de María en cuerpo y alma ya glorificada en el Cielo, es una anticipación de nuestra propia resurrección. “Contemplando el misterio de la Asunción de la Virgen, es posible comprender el plan de la Providencia Divina con respecto a la humanidad: después de Cristo, Verbo encarnado, María es la primera criatura humana que realiza el ideal escatológico, anticipando la plenitud de la felicidad, prometida a los elegidos mediante la resurrección de los cuerpos”.

Y como tal, debe ser fuente de esperanza. Es un llamado a vivir con el corazón puesto en María, Asunta en los cielos, pues ella es el mejor testimonio de que nuestro destino no es la muerte, sino la vida. Ella es consuelo para nosotros que todavía peregrinamos en esta tierra. Ella ya está en la patria celestial pero a la vez camina con nosotros.
Aprovechemos esta fiesta para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida aquí en la tierra y sobre nuestro destino final, la Vida Eterna.
1 Tomado de: S.S. Juan Pablo II, Catequesis en la audiencia general de los Miércoles, 2 de Julio de 1997.

2 S.S. Pío XII, Munificentissimus Deus, 44.
3 Ver S.S. Juan Pablo II, Catequesis en la audiencia general de los Miércoles, 15 de agosto de 1997.


 
 

Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rossana Goñi
Director General:
Rossana Goñi