“Caminando sin miedo por una nueva evangelización”
Peregrinación al Santuario de la Madre Cabrini reunió a más de 350 fieles hispanos
Crónica de Juan Carlos Hernández
Eran las 5:00 a.m. en punto, había menos gente de la que esperábamos. El P. Tomás Fraile de la Iglesia de San Cayetano estaba allí, puntual como de costumbre, para darnos la bendición, era lo que necesitábamos, partir bajo el amparo de la Providencia.
5:10 a.m., casi 200 personas listas para emprender la marcha, se veían ansiosas de empezar a caminar, sabían que el clima iba a estar caliente, muy caliente, pero en su rostro se reflejaba la esperanza de que con la bendición del sa-cerdote y sobre todo con su fe, iban a recorrer las casi 17 millas de camino hasta el Santuario de Madre Cabrini.
Después de una breve oración dirigida por el P. Tomás, y de habernos rociado con el agua bendita, partimos del atrio de la Iglesia de San Cayetano.
Cuando hicimos la primera parada para orar y descansar, contamos más de 300 personas. En la segunda parada habían casi 350 personas, en algunos se empezaba a reflejar el cansancio, y en muchos más la alegría de ir juntos, en comunidad, sintiéndonos “La Iglesia Peregrina”, como el caso de la señora Socorro Robles de la Iglesia de Santo Domingo. Este era su tercer año caminando. “Lo hago con mucha fe, Él nos da tanto, sé que es un sacrificio y lo ofrezco con alegría por mi familia en primer lugar, por mis padres y sus necesidades” nos contó la señora Socorro y agregó que había hecho la promesa de caminar en acción de gracias “ por todo lo que Dios nos da” terminó. Un poco más adelante me encontré con Merced Ojeda, que dijo sentirse “contenta y fortalecida, me animó mucho ver a otras personas que venían descalzas, vengo orando, rezando el Rosario, cantando y muy contenta porque no vengo sola”. Cuando le pregunté si le había pedido algo en especial a Dios, rápidamente me contestó: “lo hago por agradecimiento”. “Yo si le he pedido algo”, dijo Teresa Meléndez, “por las madres que han perdido a sus hijos y por un familiar que está enfermo”.
Hicimos 7 paradas para orar y para descansar. La gente participó muy bien de las oraciones, la gran mayoría venía orando por el camino. Algunos me dijeron que habían hecho nuevos amigos, y otros me comentaban que con mucho gusto lo harían el siguiente año.
El lema de la caminata de este año fue “Caminando sin miedo por una nueva evangelización” Haciendo referencia a las palabras de Juan Pablo II y a su invitación. Miriam Alfaro una chica de 15 años de la Iglesia de San Antonio de Padua me dijo que era la primera vez que participaba en la caminata, que se había divertido mucho. Cuando le pregunté si lo había hecho por diversión me dijo: “lo hago de corazón, valoro más mi fe, yo sabía que Él iba a estar conmigo, esto me ayuda a valorar el sacrificio creo que me ayuda a creer más en El”.
Algo impactante fue ver a la señora Soledad Jurado de la Iglesia de San Cayetano caminando en reversa, el año pasado lo hizo con los ojos cerrados, era algo que parecía imposible de lograr. Al final le pedí que me compartiera su experiencia, le pregunté cómo se sentía y me dijo: “para Dios no hay imposibles, todo lo podemos porque El nos ayuda, el año pasado lo hice con los ojos vendados y me di cuenta que necesito de los demás, alguien de confianza. Aunque me venían ayudando me caí tres veces. En la vida Dios me ha enseñado a levantarme, por muy fuerte que caiga siempre me tengo que levantar, mucha gente se desanima porque no ve frutos, es cuando más tenemos que perseverar”. Le pregunté si había ofrecido la caminata por una intención en especial “no por una, por cinco”, me dijo abriendo su mano, enumerando sus cinco intenciones: “por el alcoholismo de un familiar, por mi hermana enferma, por mi hermana que está perdiendo la fe, por mi niña que se me accidentó en una motocicleta y por mi hija que está embarazada”. Cuando le dije si lo veía como un intercambio con Dios me respondió inmediatamente que no “mi fe sigue firme aun si Dios no me concede lo que le pido, sigo confiando en El”. |