Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Agosto 2005

De cómo el grupo de jóvenes puede cambiar tu vida

Recuerdo que cuando tenía unos 14 o 15 años la hermana de un amigo se casó. Su novio y después esposo, era quien en ese tiempo fue mi coordinador de grupo de adolescentes de la parroquia a la que yo pertenecía. Ambos eran bien activos en la parroquia, en los coros, en los grupos de jóvenes, de oración, etc. La boda fue bien especial, en la Misa de medio día de domingo compartiendo con toda la comunidad que los conocía. Igual la fiesta, parecía una kermés de la parroquia porque los amigos de ambos éramos de la misma parroquia. A mí me impactó y me ayudó a saber que si un día me casaba me gustaría compartir mi vida con alguien que compartiera mi misma fe de una manera activa, alguien para quien Dios fuera más importante que todo lo demás.

Ellos, como muchas parejas, se conocieron en el grupo de jóvenes de la parroquia. Y fue ahí donde creció su amor, así como su conocimiento y amor por Dios.

A lo que voy con esto, y no porque quiera hacerte ir al grupo de jóvenes para que ahí te consigas novio o novia (aunque creo que es el mejor lugar para encontrar buenos partidos a su respectiva edad, ¿okay?), es para hablarte de cómo puede marcar tu vida el ser parte de un grupo juvenil.

En un grupo de jóvenes es cierto, vas a escuchar y hablar de Dios. Pero no creas que de la manera aburrida que a lo mejor a tu abuelita le tocó aprender; sino de una manera bien actual, dinámica, alegre, creativa. En un grupo aprendes mucho, no solo de Dios, sino de ti mismo. A conocerte, a aceptarte, a desenvolverte con otros jóvenes. También aprendes a ser amigo, a ser libre y responsable al mismo tiempo. Y todo lo haces en una alegría auténtica de saberte un joven de Cristo.
No es que exagere, pero en un grupo puedes encontrar todo lo que has estado buscando.

Recuerdo por ejemplo un grupo que recién se formaba después de su retiro de evangelización al que me tocó darles un par de temas: En ese grupo en particular había unos jóvenes con unos pasados bien fuertes: con problemas de drogas, bien promiscuos, incluso me acuerdo de un chico que platicaba arrepentido, con lagrimas en los ojos, que a los 15 años había robado, se había drogado, había obligado a su ‘novia’ a abortar, incluso no estaba seguro si había matado a alguien en una de las tantas peleas callejeras que tuvo.

Pero todos habían decidido cambiar, pedir perdón a ese Dios que no habían querido conocer, y reconocer a Jesús como su Señor, su Amigo y su Camino como jóvenes en ese grupo juvenil.

Si tu eres un joven solitario, no eres aceptado en tu escuela, si tienes problemas con tus padres, con las drogas, alcohol, etc., el grupo de jóvenes a lo mejor no te resuelve todos tus problemas, porque tampoco es mágico, pero estoy seguro que te dará herramientas para que trabajes tus problemas, y sobre todo para que se los entregues a Aquel que todo lo puede.

Y ya que estamos hablando realisticamente, si nunca has sido parte de un grupo, no esperes ver puros santos y caras sonrientes ahí todo el tiempo. Está formado por humanos, es un grupo de la Iglesia, sí, pero al igual que tu, no es perfecto y cada integrante viene con sus propios pecados y defectos, pero con las ganas, como tu, de hacer de ese grupo un lugar de encuentro.

En el grupo de jóvenes también encontrarás y definirás tu vocación. Si eres llamado a la vida religiosa o como sacerdote, si tu vocación es el matrimonio, etc. Ahí podrás darte cuenta de que estilo de vida Dios ha escogido para ti.

Finalmente te cuento que unos 10 años después de aquella boda de la hermana de mi amigo, yo también encontré a una chica con la que sabía que podría compartir mi vida, con lo que yo buscaba en una mujer. Y la encontré, sin buscarla, en los grupos de la Iglesia y ahora somos esposos. Así que al final de cuentas, a mi sí me marcó la vida para siempre. Y puede marcar también tu vida, siempre y cuando tú decidas dar el primer paso. ¿Te atreves?
Paz

Abraham Morales es licenciado en Ciencias de la Información y diplomado en Comunicación Social por el Episcopado Latinoamericano. En los últimos 10 años se ha dedicado a trabajar y escribir para los jóvenes en México y Estados Unidos.


 
 

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