Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Febrero 2005

Ante el Santísimo Sacramento cambió totalmente su vida

Emilio Juárez comparte como venció el vicio del alcoholismo, conozca la historia de su conversión

Cuando leo el capítulo ocho de los Hechos de los Apóstoles, donde narran la conversión de aquel hombre poderoso que perseguía a la Iglesia, recuerdo y comparo mi propia historia.

Después de haber estudiado mi primaria en una escuela católica en los tiempos de mi juventud no pude, ni tuve la capacidad de producir frutos de mi educación religiosa. Por el contrario me convertí en un joven dinámico y activo en eventos socioculturales y deportivos, con un montón de amigos con quienes empecé la destrucción de mi vida. Empecé ha consumir alcohol poco a poco y no paré hasta terminar en el mundo del alcoholismo. Pasaba mis fines de semana emborrachándome, hasta el grado de que aquellas personas que me conocían terminaron diciéndome: “´pobrecito´ si antes no era así”.

De esta manera pasé parte de mi vida en mi tierra natal Guatemala. En el año 1990 llegué a los Angeles, California, en busca de un trabajo. Con la ayuda de mis paisanos encontré trabajo pero lo que ganaba lo malgastaba en aquel vicio.
Hasta que un buen día unos amigos jóvenes me invitaron al Encuentro Latino Internacional organizado por Carismas en Misiones en el Sport Arena de Los Angeles. No fue nada fácil aceptar la invitación, menos cuando tenía que pagar una donación de $35 dólares. Después de tanta insistencia acepté acompañarlos, no de buena gana, pero los acompañé para que no me enfadaran más. Recuerdo que ese viernes solamente fui a reírme de todo lo que pasaba. No estaba acostumbrado a alabanzas, aplausos y bailes. El sábado temprano me despertaron, inventé un sin fin de pretextos, pero los jóvenes me insistían incesantes, no me quedó otra alternativa que acompañarlos de nuevo, todo era enfadoso y aburrido. Muchas veces pasó por mi mente el abandonar el lugar pero en la tarde de ese día sábado durante la Hora Santa, el Señor me tumbó de mi caballo como a San Pablo.

El Señor me libró de mis ataduras y de mi vicio, recuerdo que el sacerdote caminaba en los pasillos con el Santísimo. Vi a gente llorar pero no llegaba a entender lo que pasaba, cuando Jesús Sacramentado pasó delante mío, inconscientemente me puse de rodillas, lloré amargamente hasta empapar mi playera de lágrimas. Jesús había entrado en mi vida, limpiando toda mi inmundicia me liberó y así empezó mi Nueva Vida.

El Señor arrancó la raíz de mi vicio pero también empezó el proceso de recuperación. Comparé mi vida antigua con la actual, no quise saber más de aquel mundo oscuro en el que anduve. Decidí buscar una formación integral, para conocer más de aquel que me sanó. Tome la decisión de ocupar mis tardes y mis fines de semanas ya no en bares y cantinas sino en grupos de oración y cuanta formación podía obtener.

A finales del año 92 por cuestiones de trabajo abandone Los Angeles y llegué a Fort Morgan, Colorado. Desde entonces estoy sirviendo a Dios en la parroquia Santa Elena. Empecé sirviendo de ploclamador de la Palabra, después trabajé con grupos juveniles y actualmente estoy coordinando el grupo de oración.

Cuento con el apoyo y respaldo espiritual de mi pastor el padre Kaiser, un gran hombre de Dios, sin su asesoría vano sería nuestro trabajo. Actualmente, tenemos nuestra asamblea dominical, vi-gilias, retiros, congresos, clases de bautismo, el programa de RCIA, clases de Biblia, formación de líderes y un programa de radio.
Tal vez no soy como Dios quiere que sea, o como la gente quiere que sea o como yo quiero ser. Pero de una cosa estoy seguro, es que ya no soy como antes era, no necesito más del alcohol, soy un hombre FELIZ.

 
 
 

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Arquidiócesis de Denver

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