Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Febrero 2005

La Cuaresma y nuestros abuelitos

En esta Cuaresma el Santo Padre nos pide recordar y aprender de la sabiduría y enseñanzas de las personas ancianas

Por Rossana Goñi

Una de mis mejores amigas cuando fui niña fue mi abuelita Efigenia ó “Mamá Gena”, así siempre la llamábamos mis padres, mis hermanos y yo. Recuerdo los largos diálogos que tenía con ella. Están siempre en mi memoria las cientas de historias que me contó sobre ella, el pasado de su pueblo, sobre mi padre cuando fue niño, la guerra por la que atravesaron sus padres, etc. etc. etc. Ahí estábamos horas de horas en su cuarto, yo sentada a sus pies y ella hablando y hablando haciéndome mis trenzas. ¡Cuánto aprendí!

”Mamá Gena” fue muy especial en mi vida. Recuerdo que me era difícil pensar como una mujer tan delgadita, ancianita y sin poder ver (cuando yo la conocí ya había perdido la vista) pudo haber vivido lo que vivió, pudo haber pasado lo que pasó, sufrió como sufrió. Crió sola a sus seis hijos en un ambiente muy duro, de mucha pobreza y soledad.

Cuando salíamos a caminar por el jardín de mi casa, recuerdo que ponía sus manos en mis hombros y me iba preguntando.... “¿De qué color está el cielo? ¿Cómo son las plantas del jardín de tu mamá? Hijita, ¿a quién te pareces más? ¿a tu papá o a tu mamá? ¿de qué color son tus ojos, tu pelo?”. Cuanto dependía mi abuelita de esa niña de seis años, pero al mismo tiempo, cuanto esa niña de seis años aprendió a valorar de esa mujer tan sencilla, todo aquello que Dios nos regala cada día: la vida, su creación, mis seres queridos, su propia presencia.

Comparto esta historia con ustedes porque después de leer el Mensaje de Cuaresma 2005 del Papa Juan Pablo II, no había otra cosa más en mi cabeza que recuerdos de “Mamá Gena” y lo mucho que aprendí de ella y de mucha gente anciana que veo frecuentemente y no me canso de escuchar sus consejos, sus historias, sus recuerdos... Tras explicar los valores de quienes son y lo que significan los ancianos en la sociedad el Papa nos dice que “la longevidad se presenta de este modo, como un especial don divino”. Y es que así lo es. ¿Te has puesto a conversar detenidamente con ese vecino, o tu abuelo, tu abuela? ¿Has escuchado sus historias, su pasado? Si no lo has hecho te aconsejo que lo hagas. No te imaginas cuánto aprenderás de ellos, y cuánto ellos necesitan compartir lo que han vivido.

“Ello nos ayudará a alcanzar una mayor comprensión de la función que las personas ancianas están llamadas a ejercer en la sociedad y en la Iglesia, y, de este modo, dispo-ner también nuestro espíritu a la afectuosa acogida que a éstos se debe” continúa el Papa. “El cuidado de las personas ancianas, sobre todo cuando atraviesan momentos difíciles, debe estar en el centro de interés de todos los fieles”.

¡Quien mejor que Su Santidad para exhortarnos a vivir este reto! Él mejor que nadie puede comprender y atesorar en su corazón las experiencias de nuestros hermanos y hermanas de la tercera edad.
Qué esta Cuaresma sea un tiempo en el que te esfuerces por acercarte más a tu abuelo, tu abuela, tu tía, tu vecino, vecina o por qué no ir a visitar un asilo de ancianos. Conversa con ellos, escúchalos, acoge en tu corazón sus palabras sabias. Regálales tu tiempo, tu cariño. Que vean en ti aquella persona que sabe valorar sus años y su experiencia en una sociedad que no valora los dones y bendiciones de personas que llevan un gran tesoro.

Hagámos vida las palabras del Papa quien nos dice “queridos hermanos y hermanas, durante la Cuaresma, ayudados por la Palabra de Dios, meditemos cuán importante es que cada comunidad acompañe con comprensión y con cariño a aquellos hermanos y hermanas que envejecen”.

Quizá tú tienes más cerca de lo que te imaginas una “Mamá Gena” que te está esperando para que la escuches y de quien puedes aprender muchísimo. No dejes pasar los días y ve a su encuentro.

¡Que vivas una Cuaresma muy espiritual, con frutos de conversión y reconciliación en tu vida y la de tu familia!


 
 

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Arquidiócesis de Denver

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