Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Febrero 2005

Riesgos y problemas de la Fecundación In Vitro (Segunda parte)

Desde la Clonación hasta la Destrucción de Embriones Humanos

Por el Dr. Luis E. Raez

El problema de la Fecundación In Vitro (FIV) empieza cuando parejas que quieren concebir descubren que no pueden hacerlo por medios naturales. Comienza entonces la búsqueda de medios (lícitos o menos lícitos)para conseguir el hijo deseado. El legítimo deseo de un hombre y una mujer, unidos en ma-trimonio, a ser padres no justifica por sí mismo el recurso a cualquier procedimiento. Este es un caso mas en que el fin no justifica los medios. No existe un “derecho” de los esposos a tener un hijo porque ninguna persona humana es debida a otra, como si fuera simplemente una cosa, un objeto. Tienen, lógicamente, el derecho a que nadie, les imponga qué número de hijos y cuándo pueden tenerlos; es un asunto de la conciencia de los esposos en el uso de su libre y responsable paternidad. Los cónyuges tienen el derecho a los actos naturales que conducen a la procreación, pero no derecho a la procreación efectiva. “El hijo no es algo de propiedad: es mas bien un don, el más grande” y el más gratuito del matrimonio, y es el testimonio vivo de la donación recíproca de sus padres, como dice la Donum Vitae, II. B. 8.
El tener un hijo es un privilegio, ya que son un regalo, un don de Dios para el matrimonio, es parte de una ley natural que existe en esta vida, es parte de un Plan de Dios para la pareja. Nada de lo que ocurre es ajeno para Dios. La fuerza del amor que existe entre los esposos se usa mal en estos casos para alimentar la desesperación en la búsqueda desmesurada por el hijo. El amor es algo que se da y se difunde, no algo que consume y se usa para cada uno. No pueden existir circunstancias que hagan que algo inmoral se convierta en algo “moral”.
La mayoría de parejas que buscan la FIV no tienen en consideración, o no se informan, o no buscan informarse lo suficiente para saber que se puede dar un aborto provocado o almacenamiento de embriones. El llamarlos “huevos fecundados” (fertilized eggs), hace que las parejas no se sientan tan mal de jugar con ellos o destruirlos. Pero esto despersonaliza la humanidad de estos seres crea-dos por Dios y queridos por Él. Seres humanos como cualquiera de nosotros.
Siempre existe la posibilidad de adoptar a un niño. Existen miles de niños en este mundo que están esperando unos padres para que los quieran y eduquen. La generosidad de adoptar, es un acto de amor que despliega al ser humano.
La fecundación artificial no es una técnica para el tratamiento de la esterilidad. La misma existe y subsiste. La procreación asistida no puede enjuiciarse como un remedio terapéutico más, porque no cura, sino suplanta, sustituye el acto que naturalmente da origen a la vida por un acto técnico, al final del proceso, el matrimonio seguirá siendo estéril.

Lo que la Iglesia enseña sobre la FIV
La existencia de un ser humano biológica o espiritualmente hablando empieza desde la fecundación. En relación a la FIV, la Iglesia enseña que existen algunos casos muy particulares en los cuales se puede “asistir” a la fecundación sin reemplazar el orden natural. Para ello es bueno recurrir a un consejero espiritual o a un médico católico que sea fiel al Magisterio y ayude a la pareja a discernir lo correcto para su felicidad en estos momentos difíciles. El Papa dice en su Encíclica “Evangelium Vitae” (n.60) que “desde el momento que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla a sí mismo...Por lo demás, está en juego algo tan importante que, desde el punto de vista de la obligación moral, bastaría la sola probabilidad de encontrarse ante una persona para justificar la más rotunda prohibición de cualquier intervención destinada a eliminar un embrión humano... el ser humano debe ser respetado y tratado como una persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida”.
En Estados Unidos los Obispos Católicos dieron en 1994 directivas para clarificar el problema de la FIV (Ethical and Religious Directives for Catholic Health Care Service, 38-41). En ella se reafirma que, la enseñanza básica de la Iglesia en los significados unitivo y procreativo no pueden ser separados, se condena la inmoralidad de la manipulación y destrucción de embriones humanos y se critica el uso de “donantes” de esperma u óvulos por ser una violación de la unidad de los esposos y el matrimonio.

La persona es cuerpo, alma y espíritu
Las intervenciones y técnicas de la FIV no son rechazadas solamente por ser artificiales sino porque no respetan la dignidad de la persona. “Cada persona humana, en su irrepetible singularidad, no está constituida solamente por el espíritu, sino también por el cuerpo, y por eso en el cuerpo y a través del cuerpo se alcanza a la persona misma en su realidad concreta. Respetar la dignidad del hombre comporta, por consiguiente, salvaguardar esa identidad del hombre corpore et anima unus, como afirma también el Concilio Vaticano II (Const. Gaudium et Spes, 14, 1)”, Discurso a la Asociación Médica Mundial, 1983.
También se critican incluso los casos mas “simples” de FIV homologa entre dos esposos, ya que incluso si se hiciera la FIV sin destruir embriones, sigue siendo una técnica moralmente ilícita, porque priva a la procreación humana de la dignidad que le es propia y connatural. De acuerdo a las enseñanzas de los Papas Pío XII y Juan XXIII, “la medicina que desee ordenarse al bien integral de la persona debe respetar los valores específicamente humanos de la sexualidad. El médico está al servicio de la persona y de la procreación humana: no le corresponde la facultad de disponer o decidir sobre ellas. El acto médico es respetuoso de la dignidad de las personas cuando se dirige a ayudar el acto conyugal, sea para facilitar su realización, sea para que el acto normalmente realizado consiga su fin”.

El Dr. Luis E. Raez es American Board Certified en Oncología Médica y Medicina Interna. Es actualmente Director de la Unidad de Quimioterapia y las Clínicas de Oncología Médica del Sylvester Comprehensive Cancer Center de la Universidad de Miami, donde se desempeña también como Profesor Asistente de Medicina Interna y Líder del Grupo de Oncológica Toráxica.




 
 

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