Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Setiembre 2004

Hermanas Benedictinas viven fielmente las palabras de San Benito “ora et labora”

Testimonio de la Hna. Dubnick : una vida que glorifica a Dios

Por la hermana Hildegarde Dubnick, OSB

Recientemente un periódico local publicó una reseña biográfica sobre el nuevo director de la deliciosa sección del almacén. Lo que más le gustaba de su trabajo, decía, era los constantes retos nuevos: “Yo nunca voy a trabajar pensando, ‘Hoy tengo que hacer exactamente las mismas cosas que hice ayer’”.

Usted se debe sorprender al escuchar que lo mismo se puede decir sobre la vida de una monja Benedictina contemplativa. Nosotras nos quedamos en el mismo monasterio todo el día, todos los días. Nosotras vivimos y trabajamos con la misma comunidad de hermanas. Nosotras hacemos trabajo ordinario como cocinar, lavar la ropa, escribir cartas, contestar el teléfono, cuidar animales, arreglar cercas, cortar el zacate (césped) y llevar las cuentas. Nosotras rezamos el mismo ciclo de salmos todas las semanas de acuerdo a un rígido horario.

Pero nuestra vida como Benedictinas nunca es la misma, nunca es una rutina. San Benito decía que “debemos vivir de tal manera que en todas las cosas Dios pueda ser glorificado”. La vida monacal ciertamente implica penitencia, renuncia y sufrimiento como cualquier vida cristiana. Pero estas cosas no son el foco de nuestra vida. Mas bien, nuestro foco es alabar a Dios, algo que continua a lo largo del día no sólo cuando estamos todas reunidas en la Iglesia de la Abadía para el momento de la oración formal a través de la Liturgia de la Horas.

Las Escrituras son nuestra fuente espiritual de donde nos nutrimos y la liturgia de las horas es nuestro banquete diario de textos e imágenes bíblicas. Alimentadas con este alimento, nosotras empezamos a pensar en un lenguaje bíblico y ver el mundo a través de un lente bíblico. Probablemente has tenido la irritante experiencia de tener la canción de un anuncio publicitario metida todo el día en tu cabeza. En el silencio del monasterio, nuestras mentes están libres de esta experiencia, son las antífonas de la liturgia, o líneas de algún himno que por instantes aparecen en nuestras mentes. Tenemos un espacio y tiempo para las palabras de Dios, porque hemos vaciado nuestras mentes de muchas otras palabras.

Como Benedictinas, cuando hacemos la profesión de nuestros votos mencionamos tres cosas: obediencia, estabilidad y fidelidad a la vida monacal. Obediencia a Dios es un elemento necesario en toda vida cristiana. Cuando aprendemos a ver la voluntad de Dios expresada a través de otra persona, nuestra visión de Dios se expande y estamos más conscientes de su presencia. Dejando a un lado nuestras preferencias, juicios e incluso valores, nos liberamos de los estrechos límites de nuestro propio punto de vista. Le damos a Dios más espacio para maniobrar en nuestras vidas.

Estabilidad, el segundo elemento, fue el elemento más influyente en mi propio peregrinar vocacional. Yo sabía que para encontrar a Dios, tenía que quedarme en un solo lugar y ahí intentar. Es como cavar un pozo – si llenas el jardín con docenas de huecos de un pie de profundidad, harás muchas excavaciones, pero no encontrarás nunca agua. Si pones todas esas excavaciones en un solo hueco profundo, es más probable que tengas éxito.

El tercer pilar de la formula de nuestros votos es la fidelidad a la vida monacal. Nosotros prometemos ser fieles a una forma de vida que se distingue de la “del mundo”. San Benito decía que los monjes “deberían hacerse desconocidos al estilo de vida del mundo”. El estilo del mundo es “yo primero”; el estilo monacal (y cristiano)es poner a los demás antes que a nosotros – no sólo sus necesidades, sino sobretodo sus preferencias.

E s un reto el tratar de ver a Dios en todas las personas y circunstancias de mis tareas diarias. Pero tratando de tener una mente llena de Dios, siempre a su disposición. Sé que estoy involucrada en algo más grande que yo misma y mis pequeñas limitaciones. Yo nunca me despierto y pienso, “¿por qué me preocupo con todo esto?”. Es una necesidad humana básica el entregarse a una causa, a una misión, a otra persona. En mi búsqueda por algo digno de entregarme con todo el corazón, fue hasta lo más alto.

“¿Qué puede ser más dulce para nosotros, queridas hermanas y hermanos que la voz del Señor invitándonos? Ved como el Señor en su amor nos enseña el camino de la vida”

(Regla de San Benito).

Para contactarse con la comunidad de Hermanas Benedictinas de la Abadía de San Walburga en la Arquidiócesis de Denver puede llamar al 970-472-0612.


 
 
 

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