Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver

Setiembre 2004

La Iglesia, la política y los partidos: el reto del compromiso cívico

Por Mar Muñoz-Visoso
Hace apenas unos días, en conjunto con otras oficinas diocesanas, convocamos un foro de debate abierto sobre el llamado a la responsabilidad cívica de los católicos. Foros como este se están realizando en parroquias del estado de Colorado. La diferencia: tuvimos el atrevimiento de ofrecer uno en español... Y el fracaso (¡ay! me duele decirlo) fue estrepitoso. No hubo audiencia. No esperábamos una participación masiva. Pero al menos unos pocos dispuestos a escuchar o tan siquiera a protestar...
¿Por qué no ignorar el hecho y a otra cosa mariposa? Pues porque después de reflexionar un rato sobre el asunto, la conclusión es que la misma indiferencia nos da una medida de qué tan grave es la situación y qué urgente la evangelización en esta área con los hispanos. Entre los malentendidos y excusas que encontré antes y después de la convocatoria abundaban los siguientes: ah, es que yo no puedo votar, no soy ciudadano, yo no tengo papeles no me puedo meter en esas cosas, estoy enojado con la Iglesia por algunos acontecimientos recientes, el voto es privado no voy a dejar que me digan por quién puedo votar, etc. Ante el desconcierto, decidí tratar, tan siquiera, de aclarar algunas cosas básicas.
En primer lugar la participación cívica y política no se reduce al voto, de manera que no excluye a los que no podemos votar. Las asociaciones vecinales, de padres, los sindicatos, por ejemplo también son una forma de participación política. En segundo lugar, la Iglesia no puede moralmente hacer propaganda partidista desde el púlpito, ni por otros medios. Son precisamente versiones distorsionadas y citas fuera de contexto lo que ha creado la polémica y ha llevado a la gente a estar confundida acerca de las declaraciones de los obispos sobre las posturas de ciertos candidatos.
La Iglesia siempre ha tenido y tendrá una función profética, de denuncia. Pero, sobre todo, tiene la obligación permanente de educar a sus fieles. Y es precisamente la doctrina social de la Iglesia que “llama a todo católico a practicar una ciudadanía activa y plena de fe, basada en una conciencia adecuadamente informada, en la que cada discípulo de Cristo sea testimonio público del compromiso de la Iglesia con la vida y la dignidad humana, con especial preferencia por los pobres y vulnerables” (Comité Ejecutivo, Conferencia Episcopal de los Estados Unidos). En Ciudadanos Comprometidos, los obispos nos recuerdan que “en la tradición católica, la ciudadanía responsable es una virtud; la participación en el proceso político es una obligación moral”.
La Iglesia no se ciñe a ningún partido. De hecho, a menudo tiene reproches que hacer a ambos bandos y se alegra cuando cualquiera de ellos escucha sus llamados. Para los que acusan a la Iglesia de iglesia de partidista, déjeme examinar algunos temas de actualidad. Recientemente participé en un “rally” en las escaleras del Capitolio estatal, organizado por Catholic Charities y encabezado por el Arzobispo Chaput, en el que se trató de llamar la atención tanto al gobierno como a la legislatura estatal, de mayoría republicana les recuerdo, sobre los graves efectos que ciertas políticas de este gobierno están teniendo sobre los más pobres, especialmente ancianos enfermos e inmigrantes, documentados o indocumentados. El Estado en el que vivimos parece estar contribuyendo sin demasiada preocupación a la ampliación de las diferencias entre ricos y pobres. Es más, el número de personas que no gozan de seguro médico y otros beneficios está haciendo estragos entre la población. La cobertura de los medios públicos en aquella ocasión: cero.
En el otro lado del espectro, varias organizaciones comunitarias pro-derechos de los inmigrantes, lideradas por los sindicatos de trabajadores organizaron una conferencia de prensa a favor de una propuesta demócrata de reforma migratoria comprensiva. La Iglesia no endorsa a ningún partido. Sin embargo, no dudó en apoyar la propuesta públicamente pues, de todas las propuestas recientes es la que más se acerca a su enseñanza, al contemplar la protección del trabajador inmigrante, su derecho a un salario justo y la reunificación familiar como puntos esenciales. No sólo la Iglesia habló a favor de la propuesta sino que autorizó a que la conferencia de prensa se realizara en una institución diocesana, el Centro San Juan Diego. La mención de la prensa de la participación de la Iglesia en este evento: cero.
Podría mencionar muchos otros ejemplos. Pero algunos ya habrán llegado a la misma conclusión que yo. En cuanto a política e Iglesia se refiere, no se trata de derecha o izquierda, de republicano o demócrata. Se trata de estar del lado de la verdad, de estar del lado correcto de la cuestión, le pese a quien le pese.
En cuanto a las polémicas con los candidatos tomaría otro artículo elaborar sobre esto. Sin embargo les dejo con una reflexión. Cuando un candidato católico hace alarde público de su fe y de su “catolicidad” porque piensa que eso le da credibilidad en la comunidad y posiblemente votos, tiene que tener mucho cuidado. Porque la Iglesia no cesará de recordarle que si se proclama y presume católico deberá de actuar consecuentemente y no a su conveniencia.
Use su conciencia. Si puede votar, por favor, ejerza su derecho y su deber, por usted y por los que no pueden. La norma que debe guiarle es la búsqueda del bien común. Y si no puede votar, participe de otra forma. La búsqueda del bien común no se reduce al voto ni es algo en lo que pensar cada cuatro años, sino que debe ser una preocupación constante del cristiano.


 
 

Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rossana Goñi
Director General:
Rossana Goñi