Los hispanos pueden ayudar a América a recobrar su alma
El 20 de Agosto Mons. Charles J. Chaput, O.F.M. Cap. en su discurso inaugural del Congreso “Vida Cristiana y Éxito Económico” dirigido a empresarios hispanos líderes en los Estado Unidos señaló “hoy empieza algo importante y nuevo para nosotros…y va a crecer y repercutir en la vida de muchos otros en el futuro”.
A veces las personas malinterpretan las enseñanzas de la Escritura diciendo que el dinero es la raíz de todo mal. Pero eso no es lo que la Escritura dice. La Biblia señala “la raíz de todos los males es el afán de dinero y algunos por dejarse llevar se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos dolores” (1 Tim 6,10).
Es importante pensar en la relación cristiana que existe con el dinero. Podemos amar a las personas. No podemos amar las cosas. Las personas son los sujetos de la historia. Las cosas son los objetos de la historia. San Lucas nos recuerda que incluso cuando somos ricos, nuestra vida no consiste en posesiones (Lc. 12, 15). Cuando tratamos a las cosas con el amor que le debemos a las personas, la gente sufre. Los americanos tenemos el talento de hacer dinero. Somos muy buenos para eso. Eso es una gran fuerza para el bien en el mundo.
La capacidad de poder manejar y dirigir riqueza tiene algo de la belleza de una gran obra de arte. Puede ser parte de la nobleza de quienes somos. Esta habilidad es un don de Dios que refleja su poder al crear. El éxito empresarial americano, en lo mejor de éste, ha asegurado que más personas vivan mejor –y más- con más dignidad- que en ningún otro momento en la historia. Una lección consistente de historia es que muchos de los ricos se olvidan de muchos de los pobres.
El poder – y eso incluye el poder económico, e incluso nuestro propio éxito financiero- puede convertirse en una especie de enfermedad. Nuestros apetitos empiezan a subestimar nuestros ideales. Si confundimos nuestra libertad con más coches, o mejores teléfonos celulares, o más propiedades, o computadoras más rápidas –como lo hacemos todos los días a través de nuestra publicidad- muy pronto olvidaremos el verdadero sentido de libertad. Finalmente, la libertad no consiste en acumular o consumir cosas. Libertad es crear, y compartir el gozo de crear, con otros.
La libertad cristiana es una libertad de nuestro pecado y de nuestro propio egoísmo. Es una libertad de lo que el Evangelio llama “avaricia que es idolatría” (Col. 3, 5) de tal manera que podemos vivir como agentes de Dios y crear nueva vida para los demás.
Esta es una de las razones por las que retirar la fe de nuestra vida pública y reducir a Dios a un asunto de piedad privada es tan peligroso. En todas las grandes religiones, el mundo y sus recursos existen para el beneficio de todos. Las personas exitosas tienen el derecho de disfrutar los beneficios de sus éxitos. Existe una gran satisfacción en los logros financieros que pueden ser ganados justamente. Pero nunca perdemos la responsabilidad de aquellos alrededor de nosotros. Y cuando perdemos de vista esa tarea – cuando reducimos a las demás personas a estadísticas o problemas sociales impersonales- la estructura que sostiene al país unido se empieza a separar. Eso es lo que ahora está sucediendo en los Estados Unidos.
La libertad religiosa está enraizada en el señorío de uno mismo, en la autodisciplina, y los talentos se vuelcan hacia fuera por el bien común. Necesitamos dar para recibir. Y eso tiene sentido, porque Dios es finalmente el Dador y Creador – el Autor de la creación y de todos nuestros talentos. La “ecología” de nuestras vidas, para balancear, requiere que ayudemos a otros si nos queremos ayudar a nosotros mismos. A largo plazo, no hay manera de ser una persona “exitosa” – en negocios, política, en la Iglesia o en cualquier otro lugar – cuando tomamos más de lo que damos. El hábito de dar genera abundancia.
El negocio – como el arte, la literatura, la música y la arquitectura – es una ventana en el alma de una cultura. Lo que hacemos, lo que creamos, revela quienes somos y lo que realmente creemos. Y eso es tan verdad en nuestras vidas financieras profesionales como lo es en el estudio de cualquier gran artista.
La vocación de un líder empresario es iluminar a la comunidad con hábitos de generosidad e integridad. Todos predicamos de la manera como vivimos y trabajamos. Y si lo realizamos de manera personal testimoniando honesta y consistentemente, entonces la luz que reflejamos – la luz de Dios – será reflejada hacia nosotros a través de la vida que hemos cambiado en otros. Y así nos convertimos en la sal de la tierra.
El 31% de Denver es hispano. Y Colorado es ahora 17% hispano. Éstas son cifras que indican un 73% de crecimiento en nuestra comunidad hispana en una década. Toda América está cambiando y los latinos darán forma a la naturaleza de ese cambio. No sólo porque los hispanos son más y cada vez son más parte de la población de los Estados Unidos. Los números son importantes, pero lo que realmente importa es quienes son los números, que creen y que hacen – y es por eso que algunas personas son decisivas en una nación, y otras no.
Los hispanos pueden ofrecer un sentido católico de familia, un sentido católico de comunidad, un amor católico por la vida, generosidad y respeto por la dignidad de la persona. El estilo de vida americano ha perdido su alma. (Los hispanos) pueden cambiarlo. Recuerden la fe y la comprensión católica del mundo que los formó. Hagan de su éxito, un éxito del alma – un éxito para el bien común – y dejarán este mundo, habiendo hecho de él un lugar mejor que aquel al que ustedes llegaron.
Que es lo que Dios nos pida a todos.
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