Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Octubre 2004

Bajo el crisol de la Religiosidad Popular

Por el Padre Emilio Garreaud

En los meses que restan de este año, muchas de las comunidades latinoamericanas, viviendo en Estados Unidos, celebran diversas fiestas patronales. En este mes de octubre la familia peruana sacará en procesión - en diversas ciudades de este país - la imagen del Señor de los Milagros y los brasileños recordarán a la Virgen de Aparecida. Poco tiempo después, estaremos cantando las mañanitas a la virgen de Guadalupe, y junto con nuestros hermanos mexicanos rezaremos a la Emperatriz de América. Más tarde, cuando ya nos estemos acercando a la fiesta de Navidad, tendremos las Posadas y luego del nacimiento del Salvador gozaremos con la fiesta de los Reyes.
Todas estas expresiones de fe, son conocidas como: Religiosidad Popular. Los Obispos Latinoamericanos reunidos, en México, la entendían como: "…el conjunto de hondas creencias selladas por Dios... Se trata de la forma o de la existencia cultural que la religión adopta en un pueblo determinado." Estas expresiones religiosas son las que calan el alma y espíritu de los distintos latinoamericanos asentados en Estados Unidos. Son ellas el reflejo vivo de las más profundas tradiciones religiosas de cada nacionalidad. Las distintas devociones se expresan de manera viva en los diversos lugares de este país, en donde vivimos. El elemento unitivo de este mosaico latinoamericano, sin duda hoy en día, lo constituye la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe. Esta última piedad tras-ciende incluso los linderos hispanos para extenderse a lo largo de todo Norteamérica. Son pocas las iglesias y capillas católicas en este país, donde no exista una imagen de la morenita.
De la misma forma que lo ma-riano fue el factor de unidad entre los latinoamericanos, trascendiendo incluso los linderos de nuestras nacionalidades, ahora aparece - aunque tenuemente pero real - en Norteamérica; en donde se tiene que dar una integración, más allá de razas, clases sociales e idiomas entre todos los hermanos que habitan aquí. Esa misma dimensión de síntesis que se operó en los países al sur del Río Grande, confiamos se dé, en esta nación, que albergará una población hispana, que para el año 2040, será alrededor del 25% de la población total.
Para nosotros latinoamericanos la expresión pública de nuestra fe, es algo que brota de nuestra cultura. La religión no es sólo una expresión privada en donde importa exclusivamente mi relación individual con Dios, circunscrita a la dominicalidad del templo. Esta visión de fe tras-ciende los linderos del espacio y tiempo religioso, para proyectarse en la cotidaniedad e influir en la vida pública.
Otro de los aspectos importantes en estas manifestaciones de religiosidad popular es toda la dimensión comunitaria. Al vivir en una sociedad pragmatista e individualista, son pocos los momentos de integración comunitaria. La fiesta religiosa ha sido para nuestras comunidades el lugar de encuentro con distintos conciudadanos que viven esparcidos en distintos espacios geográficos. La fiesta es el lugar para compartir con otros hermanos, en una tradición común. En ese sentido es bajo el manto protector de la Iglesia en donde todos nos unimos. No importan en la celebración las diferencias sociales o económicas; en ella todos somos miembros de una familia. A ella no se suman solo grupos nacionales, sino también personas de diversas culturas y orígenes nacionales que participan de esa común vivencia de fe. La religiosidad popular con su carga de fraternidad tiende a afirmarse en la sociedad. Los efectos de la celebración festiva se expresan en muchos casos en acciones sociales y especialmente en la cultura. Sin embargo, en ella se dan también deformaciones. Esta religiosidad necesita sin duda de evangelización. La Religiosidad Popular, sin duda, nos muestra por intermedio de los símbolos y signos, el rostro de Dios, que transforma nuestro mundo interior, para luego iluminar la cultura. Que estas celebraciones populares, que nos disponemos a celebrar, tengan entre nosotros un profundo significado reconciliativo



 
 

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