Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Octubre 2004

¿Un mensaje pro-vida detrás de nuestros sembríos?

Un hermoso testimonio de hermandad entre la comunidad anglo y la comunidad hispana.

Por Phil Brady

A solo una hora de Denver se esconde un campo de misión moderno en donde la cosecha es abundante pero los trabajadores son pocos. Entre los sembradíos de nuestra tierra se esconde el espíritu quebrantado de modernos héroes de la fe, a quienes desesperadamente tratamos de ignorar. Días de doce a catorce horas de labor bajo el sol rompen las espaldas de nuestros hermanos inmigrantes. Ellos son los más humildes en nuestra Iglesia por ser nuestros hermanos católicos y muchas veces queremos ignorarlos por ser “ilegales”. Pero estamos llamados a verlos como nuestro Señor los ve.
Olvidados, estos trabajadores inmigrantes llenan sus bolsillos con lo poco que ganan en su trabajo para que sus familias puedan sobrevivir. Al mismo tiempo llenan sus espíritus de gran dolor por ser maltratados por sus hermanos. Grupos de hasta veinte hombres viven en pequeñas casuchas con un solo baño. Hablan de lo solitario y deprimente que es para ellos estar en los Estados Unidos, donde fe y familia no tienen un lugar muy importante. Para ellos fe y familia es la motivación diaria y la razón por la cual están dispuestos a tomar grandes riesgos para venir a este país. Un inmigrante nos explicaba como una vez que han podido pasar las patrullas fronterizas sin ser vistos el reto mayor es sobrevivir los peligros del desierto de Arizona, donde el mismo llegó a encontrar a un amigo muerto en la arena. Cuando finalmente llegan a los campos a buscar trabajo, está el riesgo constante de ser deportados y hoy en día el virus del Nilo por trabajar en los campos. Al consi-derar todos estos riesgos es obvio que el venir a los Estados Unidos se da por una necesidad desesperada y no por un deseo egoísta. Ellos expresan que no quisieran estar lejos de su familia y amigos y que extrañan el poder asistir a misa los domingos. Podemos aprender el verdadero valor y honor de estas vidas cuando estamos dispuestos a mirarlas.
Como católicos nos debe preocupar la pobreza de nuestros hermanos, sobre todo la pobreza espiritual. Dignidad, respeto y compasión, deben ser centrales en nuestro esfuerzo por ayudar a estos hermanos. Estos seres entre nosotros empiezan a ser reconocidos por el tesoro que son y por las lecciones de amor y fidelidad que Dios nos quiere enseñar a través de sus vidas. Nuestra visión católica de la vida humana va más allá de simple trabajo social. Demanda corazones sinceros, llenos de amor e interés por los demás.
El pasado 11 de septiembre, feligreses de la Parroquia San Pío X del grupo de Servicios Sociales en Aurora se reunieron para ayudar a limpiar una de las casuchas en los sembradíos. En medio de la suciedad y el desorden, había un aire de emoción porque ésta será la casa donde algunos de los inmigrantes podrán celebrar la Santa Misa regularmente.
Jay Reszka, encargado del Ministerio de Servicio Social dijo: “La hermana Molly invitó a los feligreses a ayudar y ellos respondieron con gran amor hacia estos hermanos en la fe”. Jay comenzó este nuevo programa llamado “X-Men” que busca maneras de servir a los pobres y vieron la necesidad en la comunidad de inmigrantes. La hermana Molly trabaja para la oficina del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis y tiene la responsabilidad de servir a los trabajadores inmigrantes. Su amor y dedicación se manifiestan en sus palabras tanto como en sus obras.
Al entrar a la casa descubrimos la imagen de la Virgen de Guadalupe, poderosa expresión de vida. Nuestra Santa Madre nos recuerda dulcemente la vida, que escondida en el vientre, es un regalo de Dios que debe ser tratado como tal. Algunos tenemos dificultad de aceptar la intrusión en nuestras vidas de aquellos que vienen de tierras distantes sin haber sido invitados. Pero si no recibimos estas vidas que el Señor nos da hoy, nos privamos de sus dones y ejemplos de fe.
Otro mensaje poderoso de la Virgen de Guadalupe es el servicio. Es fácil amar y servir a quienes nos podrán devolver el servicio y el amor, difícil es hacerlo por aque-llos que no podrán pagar nuestras buenas obras. El Papa Juan Pablo II la ha nombrado “Reina de las Américas”, si queremos honrar a nuestra Reina debemos empezar por honrar a quienes nos la trajeron.

Los invitamos a jugar un papel activo en este nuevo tipo de movimiento Pro-vida. Necesita-mos sus oraciones, consejos e ideas. Así como donaciones de productos de limpieza, repelentes, ropa y comida. Que más parroquias se involucren en este ministerio y que escriban a sus senadores y congresistas acerca de las necesidades de los inmigrantes.


Para preguntas sobre esta labor, o si desea hacer una donación, favor de contactar a la hermana Molly Muñoz, llamando al 303.295.9470

 
 
 

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Arquidiócesis de Denver

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Director General:
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