Ministerio Hispano
“Vísteme despacio que tengo prisa”
Por
Mar Muñoz-visoso
Un viejo refrán castellano dice: “Vísteme despacio que tengo prisa”. El dicho aplica a aquellas situaciones en que cuanta más prisa tiene uno en hacer las cosas o en llegar a un sitio, más cuidado debe poner en hacerlas bien y en planearlas para no dejarse arrastrar por la prisa y terminar en un posible desastre. Algo así nos está pasando en el ministerio hispano de la arquidiócesis. A veces por las muchas necesidades de nuestra comunidad queremos ir más deprisa de lo que las circunstancias nos permiten.
Hace nueve años se podían contar con los dedos de la mano el número de parroquias que tenían misa en español o bilingüe. Hoy día tenemos 41 repartidas por todo el territorio de la arquidiócesis. Aun así, no damos abasto para toda la necesidad. El Centro San Juan Diego nació sólo hace un año con la voluntad de asistir a las parroquias y a la comunidad hispana en general. El rápido crecimiento nos plantea dos retos: uno, preparar líderes para el trabajo evangelizador en las parroquias; dos, ayudar a individuos y familias a tener mejores oportunidades a través de la educación, así como ayudarles a resolver circunstancias difíciles. Dos nuevos miembros se han incorporado al personal de la Oficina Hispana para ayudarnos a seguir creciendo en nuestra mi-sión. Ellas son la hermana Rocío Maldonado, quien ha sustituido al querido P. Jorge de los Santos como coordinadora de Catequesis, y la hermana Alicia Cuarón, directora de los servicios de Bienestar Familiar, con múltiples programas educativos y de asistencia social a la comunidad.
Hace poco nos visitaba el director de la pastoral hispana en una diócesis del este. Admirado por la diversidad de ministerios que se ofrecen dentro de la oficina del Ministerio Hispano en Denver, nos dijo: “Lo que yo tengo para el ministerio hispano en mi diócesis cabe en este cuarto” (y no era precisamente el más grande de la casa). Me quedé rumiando el comentario por varios días. Vaya, uno piensa que nunca es suficiente, que tiene que hacer más, que la gente necesita ayuda… Sin embargo, no me había parado a reflexionar que, en muchos aspectos, gracias al apoyo de ambos obispos, estamos muy por delante de lo que otros están haciendo o de los recursos que tienen disponibles. Esto no lo digo con un falso sentido de satisfacción. Sino con la humildad de ver que si todo no sale a la primera o en el plazo propuesto, no hay que desesperarse sino pensar que quizá la espera va a dar mejores frutos.
Si usted viene al Centro San Juan Diego durante el día el teléfono no deja de sonar, pero el resto del edificio está bastante tranquilo. Sin embargo, en la tarde y los sábados todo el día no te-nemos ya lugar para acomodar todas las clases, grupos, retiros, etc. Hay días que me desespera ver todo el segundo piso vacío y no tener los fondos para restaurarlo. Gracias a comentarios como el del Padre Ovidio, otros días pienso que el Dios de Providencia a veces se toma su tiempo y que eso está bien. La “estrechez” de espacio habi-table, sin embargo, no nos detiene. Ya saben, por aquello de ‘a Dios rogando y con el mazo dando’.
Bienvenidos también a nues-tros nuevos lectores y felicidades a El Pueblo Católico en su nuevo formato y distribución. Cerca de 8,000 familias recibirán a partir de este mes el periódico directamente en sus casas. ¿Quién me lo hubiera dicho hace siete años cuando lo comencé? ¿Creen que la Providencia tenga algo que ver?
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