Los americanos somos 'una nación'
por
nuestra fe en Dios
Sin embargo algunos de los lemas políticos de hoy
son dignos de George Orwell
Los americanos somos 'una nación' por nuestra fe en Dios,
sin embargo algunos de los lemas polIticos de hoy son dignos de
George Orwell.
Uno de los libros que marcó mi pensamiento cuando era adolescente
fue la fábula polItica de George Orwell, Rebelión
en la Granja.
Orwell imaginó una granja inglesa donde los animales se rebelan
y botan a su amo humano. Pero en vez de crear una utopIa, ellos
forman un gobierno liderado por cerdos. Los cerdos se comportan
peor que los humanos. Y cuando cualquiera trata de cuestionar las
reglas, los cerdos traen un grupo de ovejas que balan "Lo que
tenga cuatro patas es amigo, lo que camine en dos piernas es enemigo"
una y otra vez, hasta que todos quíen confundidos y se vayan.
He estado pensando sobre esas ovejas todo el año. Me acuerdo
de ellas en todas aquellas oportunidades que alguien me dice que
los católicos no deben tratar de imponer sus creencias en
la sociíad. Me acuerdo de ellas todas las veces que alguien
me advierte que los creyentes religiosos deben respetar la separación
entre Iglesia y Estado.
Creo que estas dos preocupaciones - "no imponer sus creencias
en la sociedad" y "la separación entre Iglesia
y Estado" - no son de ninguna manera preocupaciones genuinas.
Son lemas. Son pequeñas frases hechas, destinadas a apagar
todo tipo de pensamiento serio.
Nadie en la política predominantemente americana quiere una
teocracia. Nadie quiere hacer de los viernes sin carne una ley federal.
Entonces necesitamos entender estas preocupaciones por lo que realmente
son: argumentos peligrosos al fin, que confunden nuestra memoria
e identidad nacional.
Si empezamos con el amor de Dios y el objetivo del cielo en mente,
vamos a ordenar nuestro comportamiento en esta vida de acuerdo a
eso. No robamos, no mentimos, no cometemos adulterio; ayudamos a
los pobres, consolamos a los enfermos, damos abrigo a los que no
tienen casa.
Opuesto a eso, la visión secular del mundo, por su misma
naturaleza, no puede tratar con asuntos de significado más
amplio o con un fin moral. Y al rehusarse a comprometerse con los
asuntos que realmente importan en la vida, el secularismo nos quita
las bases de nuestra dignidad y nuestro vocabulario moral. Quita
de nuestra política los ideales que nos hacen una nación
y un pueblo, y no una muchedumbre de individuos.
El secularismo también falla en su comprensión del
mundo de afuera. A lo largo de todo el hemisferio sur, el cristianismo
y el islamismo están creciendo muy rápidamente. La
religión siempre ha sido, y sigue siendo, la fuerza formadora
de cultura más poderosa en la historia. Hostilidad hacia
la religión en nuestra vida pública doméstica
hace que los americanos estén imposibilitados para pensar
claramente sobre el extranjero.
Esta es una debilidad fatal. La idea de que podemos dialogar con
el mundo en un lenguaje puramente secular es ignorante y desatinada.
Nos basta con sólo mirar nuestros problemas a lo largo del
mundo musulmán. Si los americanos que hacen las políticas
se rehúsan a respetar el poder de la fe religiosa en las
relaciones globales, nos estamos dirigiendo a grandes problemas
a un costo enorme.
Los americanos somos un pueblo religioso. Lo negamos a nuestro propio
riesgo. Cuanto más sacamos a la religión de nuestra
vida pública, más pobres nos volvemos, y menos tenemos
para ofrecer en nuestra involucración con el mundo.
Somos más que solamente "una nación bajo Dios".
En el caso de los Estados Unidos -a la luz de nuestra historia y
de las ideas y documentos fundantes que nos formaron como un pueblo-
somos una nación por causa de nuestra fe en Dios.
No hay ninguna forma de ciudadanía más fiel que proteger
y hacer crecer que aquella herencia religiosa en las generaciones
que nos seguirán.
El arzobispo editó y adaptó partes de su columna
de este mes de la plática que ofreció el 7 de octubre
en el encuentro del Día de Leyes de las Instituciones Religiosas
en Colorado Springs.
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