Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Noviembre 2004

Quería consagrarle mi vida a Él

Estamos llamados a tener el Corazón de Cristo

Por Mauricio Bermúdez

No puedo hablar de mi vocación sin hablar del Corazón de Cristo. Desde niño asistí a colegios católicos en Puebla, México, en donde se me enseñó que Dios es un ser amoroso y que nosotros fuimos creados para alabarlo. En mi adolescencia participé en varios grupos juveniles, durante este tiempo descubrí que mientras más servía a Dios, más quería consagrarle mi vida. Lo hablé con varios amigos pero nadie me tomó en serio, hasta que un día, en la preparatoria, conocí a un sacerdote Cruzado de Cristo Rey que me invitó a unos retiros espirituales donde profundicé sobre la vida cristiana. No obstante, yo no estaba satisfecho, sabía que necesitaba ir más lejos y era una inquietud que no podía evitar. De esta forma, fui a un retiro vocacional donde tuve la experiencia más hermosa de mi vida: mi llamado. Nunca en la vida he experimentado tanto amor, paz interior y alegría como la que el Señor me concedió en ese momento; no sólo entendí que Dios es un ser lleno de amor, sino que lo experimenté totalmente.
A los pocos meses ingresé con los Cruzados para formarme como sacerdote. En ese mismo año conocí al Sr. Arzobispo Chaput quien fue a México a estudiar español, él amablemente me invitó junto con otros seminaristas y padres a estudiar un poco de Inglés. En 1998 tuve mi primer contacto con Denver, en ese mismo tiempo se llevó a cabo con un grupo de universitarios de mi ciudad unas misiones en las comunidades hispanas de esta arquidiócesis, tuve la oportunidad de visitarlos y me di cuenta que quería tener la misma experiencia que ellos.
Al siguiente verano, pude venir por segunda vez y estuve de misión en las montañas. Fue algo tan bueno que ya no quería regresarme, sin embargo, el P. Noé Carrión que venía encargado del grupo me dijo que volviera al seminario y que lo pusiera en oración por un año para saber cual era la voluntad de Dios. En realidad me tardé cuatro años en discernimiento hasta que tuve una certeza de que este es mi lugar.
Así, el año pasado llegué a este seminario diocesano para estudiar inglés y después seguir con mi formación. Durante mi estancia en México creí que había renunciado a todo, pero aquí me percaté que estaba equivocado- recuerdo en particular que un Padre me dijo: “Siempre nos va a faltar más para darle al Señor”. Me sentí solo, pues mi familia y amigos estaban lejos. No hablaba inglés, casi no entendía nada y lo más triste para mí fue que me creí abandonado por Dios. No sabía qué me estaba sucediendo. Mi director espiritual me dijo que Dios quería que experimentara su pasión viviendo lo mismo que muchos inmigrantes al llegar a este país, para que algún día siendo sacerdote pudiera comprenderlos mejor. En este último año tuve una purificación del corazón donde día a día tuve que ver el Corazón de Cristo. Comprendí que como consagrado, mi vida debe estar llena de oración, en la que viva un diálogo verdadero con Dios; de fidelidad, en que a pesar de las dificultades mi vida esté en torno a Él; y de sacrificio.
Puedo decir que en este año he cambiado bastante, creo que estoy más cerca a Dios y amo aún más mi vocación. Ahora estoy haciendo el año de espiritualidad, lleno de alegría con lo que Dios me ofrece y esperando lo que tanto deseo: ser sacerdote.

Mauricio es seminarista diocesano en St. John Vianney Theological Seminary en Denver. Si desea tener mayor información sobre la vocación al sacerdocio comuníquese al 303.282.3429.

 
 
 

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