Un año para
vivir la Eucaristía
Más medios para recibir mejor a dios nuestro Señor en la comunión
Por el Exmo.
Monseñor
José H. Gomez, STD
Un increíble milagro de amor ocurre todos los días y en todas partes del mundo. Ocurre especialmente cada domingo muy cerca de nosotros... y sin embargo no muchos católicos son cons- cientes del gran valor y la gran importancia que este milagro tiene para nuestras vidas.
Muchas veces he oído preguntar cuál es la diferencia principal entre los católicos y otros hermanos cristianos no católicos. Una respuesta frecuente es que católicos y evangélicos somos "iguales"… sólo que nosotros "creemos" en la Virgen y los santos.
La verdad es que nuestras diferencias son mucho más profundas: los católicos creemos que Jesús está verdaderamente presente en esa pequeña oblea de pan sin levadura que llamamos la hostia, cuando ésta es consagrada por el sacerdote.
Un filósofo que se llamaba a sí mismo "ateo de buena fe", decía que los católicos estábamos "locos, porque creíamos precisamente que aquella hostia ¡era Dios! ¡Y lo repetía una y otra vez!
Es penoso que muchas veces sean otros, no católicos, quienes reconocen cuán profunda y re-volucionaria es la verdad de que es el mismo Señor Jesús, la Segunda persona de la Santísima Trinidad, quien se hace realmente presente en las especies de pan y de vino.
La Eucaristía es algo central y determinante para nuestra Iglesia, porque en ese misterio increíble está encerrada la verdad fundamental de que tanto amó Dios al mundo que envió a su único Hijo para salvarnos y abrirnos las puertas de la felicidad y la Vida eterna.
Esa es la razón por la cual el Papa Juan Pablo II, el pasado 17 de octubre, cuando se clausuró el Congreso Eucarístico Internacional de Guadalajara -del que tuve el privilegio de participar- dio por inaugurado el "Año de la Eucaristía".
El deseo del Santo Padre es el que todos los católicos reavivemos profundamente nuestro amor a la Eucaristía, pues como Él ha señalado, volver a Jesús Eucaristía es una forma privilegiada de recuperar nuestra propia identidad cristiana.
La Eucaristía, en efecto, es el centro de la vida cristiana y es el Sacramento más elevado, que se ubica en la cumbre de la liturgia de la Iglesia.
Santa Teresa de Jesús decía que si por un segundo comprendiéramos la grandeza del misterio de la Eucaristía, moriríamos fulminados de amor.
Nuestro amor a la Eucaristía, durante este año, debe aumentar, para que así aumente nuestra vida cristiana.
El Papa no nos pide durante este año ninguna acción extraordinaria, sino más bien practicar con mayor fervor, con más amor e intensidad, el amor a la Eucaristía: ya sea mediante la asistencia más fervorosa a Misa, la recepción más frecuente de la comunión -si estamos adecuadamente preparados- y aumentar nuestras visitas al Santísimo Sacramento allí donde se expone.
A pedido del Papa, la Congregación para la Disciplina de los Sacramentos nos ha planteado algunas prácticas concretas para este año de la Eucaristía.
Entre ellas, nos propone recuperar el sentido de dignidad de la Misa, con acciones sencillas: llegando puntualmente a Misa y no deliberadamente tarde, como muchas veces ocurre; vestirnos adecuadamente para participar del encuentro con el Señor, participando activamente con nuestras respuestas y con nuestros cantos durante la Misa.
También se nos pide que hagamos un esfuerzo para que los lugares donde celebramos la Eucaristía sean cada día más dignos. Para eso, es necesaria la colaboración, por más modesta que sea, de todos nosotros, para contar con lugares dignos de culto.
Otra sugerencia para vivir más intensamente la Eucaristía es la de tener una adecuada actitud de recogimiento durante la Misa, ayudando a que este clima se mantenga: muchas veces, cuando no cuidamos adecuadamente de los niños menores, o cuando dejamos un teléfono móvil encendido y suena durante la Misa, no contribuimos al adecuado recogimiento durante la Misa.
La Arquidiócesis de Denver y nuestras parroquias próximamente pondrán en marcha diversas iniciativas para vivir más plenamente este Año de la Eucaristía. Pero recordemos que lo más importante para poder aprovecharlo, es que cada uno lo viva intensamente en su propio corazón.
Que el Señor Sacramentado y su Santa Madre nos permitan sacar el máximo fruto a este tiempo de gracia. |