Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Noviembre 2004

EDICION ESPECIAL:


Se inició Año de la Eucaristía en toda la Iglesia convocado por el Santo Padre

Se inició Año de la Eucaristía en toda la Iglesia convocado por el Santo Padre

Carta Apostólica “Quédate con nosotros” profundiza en el valor de la Eucaristía

«Quédate con nosotros, Señor, porque atardece y el día va de caída» (cf.Lc 24,29). Ésta fue la invitación apremiante que, la tarde misma del día de la resurrección, los dos discípulos que se dirigían hacia Emaús hicieron al Caminante que a lo largo del trayecto se había unido a ellos..

Por Rossana Goñi

En medio de la incredulidad en nuestros días frente a la presencia real del Señor Jesús en la Eucaristía, la Iglesia se alegra al recibir la noticia del Papa Juan Pablo II de proclamar este año como el “Año de la Eucaristía”. El Santo Padre invita a los fieles a reflexionar y profundizar en el misterio de la Eucaristía como fuente y cumbre de la vida eclesial.

El Año de la Eucaristía se inició el Domingo 17 de Octubre con una Misa Solemne en el Congreso Eucarístico Internacional que se llevó a cabo en Guadalajara, México. Días después el Santo Padre ponía en manos de todos los fieles católicos de habla hispana una Carta Apostólica bajo el título “Quédate con nosotros” del pasaje de los Discípulos de Emaús. La Carta Apostólica está dividida en cuatro capítulos, más adelante ofrecemos un resumen.

En la línea del Concilio y del Jubileo
Cristo no sólo es el centro de la historia de la Iglesia, sino también de la historia de la humanidad. Todo se recapitula en Él (cf. Ef 1,10; Col 1,15-20). Hemos de recordar el vigor con el cual el Concilio Ecuménico Vaticano II, citando al Papa Pablo VI, afirmó que Cristo «es el fin de la historia humana, el punto en el que convergen los deseos de la historia y de la civilización, centro del género humano, gozo de todos los corazones y plenitud de sus aspiraciones».

La Eucaristía, Misterio de la Luz
El relato de la aparición de Jesús resucitado a los dos discípulos de Emaús nos ayuda a enfocar un primer aspecto del misterio eucarístico que nunca debe faltar en la devoción del Pueblo de Dios: ¡La Eucaristía misterio de luz! El Sacramento eucarístico es un «mysterium fidei» por excelencia.
No hay duda de que el aspecto más evidente de la Eucaristía es el de banquete. Sin embargo, no se puede olvidar que el banquete eucarístico tiene también un sentido profunda y primordialmente sacrificial. En él Cristo nos presenta el sacrificio ofrecido una vez por todas en el Gólgota.

Todos estos aspectos de la Eucaristía confluyen en lo que más pone a prueba nuestra fe: el misterio de la presencia «real». Junto con toda la tradición de la Iglesia, nosotros creemos que bajo las especies eucarísticas está realmente presente Jesús. Una presencia -como explicó muy claramente el Papa Pablo VI- que se llama «real» no por exclusión, como si las otras formas de presencia no fueran reales, sino por antonomasia, porque por medio de ella Cristo se hace sustancialmente presente en la realidad de su cuerpo y de su sangre ... ante la Eucaristía, seamos conscientes de que estamos ante Cristo mismo.

La Eucaristía Fuente y Epifanía de Comunión
Cuando los discípulos de Emaús le pidieron que se quedara «con» ellos, Jesús contestó con un don mucho mayor. Mediante el sacramento de la Eucaristía encontró el modo de quedarse «en» ellos. Recibir la Eucaristía es entrar en profunda comunión con Jesús. En cada Santa Misa nos sentimos interpelados por el ideal de comunión que el libro de los Hechos de los Apóstoles presenta como modelo para la Iglesia de todos los tiempos. La Iglesia congregada alrededor de los Apóstoles, convocada por la Palabra de Dios, es capaz de compartir no sólo lo que concierne los bienes espirituales, sino también los bienes materiales.
Es de desear vivamente que en este año se haga un especial esfuerzo por redescubrir y vivir plenamente el Domingo como día del Señor y día de la Iglesia.

La Eucaristía Principio y Proyecto de “Misión”
Los dos discípulos de Emaús, tras haber reconocido al Señor, «se levantaron al momento» (Lc 24,33) para ir a comunicar lo que habían visto y oído. Cuando se ha tenido verdadera experiencia del Resucitado, alimentándose de su cuerpo y de su sangre, no se puede guardar la alegría sólo para uno mismo. El encuentro con Cristo, profundizado continuamente en la intimidad eucarística, suscita en la Iglesia y en cada cristiano la exigencia de evangelizar y dar testimonio.
Un elemento fundamental de este «proyecto» aparece ya en el sentido mismo de la palabra «eucaristía»: acción de gracias. En Jesús, en su sacrificio, en su «sí» incondicional a la voluntad del Padre, está el «sí», el «gracias», el «amén» de toda la humanidad.



 
 

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