Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver • Junio 2004

Dios se valió de sus talentos y cualidades…
y ella encontró su lugar para servir a la Iglesia

La hermana Moira Debono: testimonio de una respuesta pronta al llamado de Dios

“Vengo de una familia de padres piadosos y me crié en medio de la fe católica. Siendo activa en la Iglesia y yendo a un colegio de religiosas, pienso que cualquier niñita en mi situación pensaría en ser religiosa,” relata la Hermana Moira Debono, quien compartió a El Pueblo Católico el llamado particular que Dios le hizo para formar parte de la congregación de las Hermanas Religiosas de la Misericordia de Alma, Michigan (Religious Sisters of Mercy of Alma).
“Hacia el final de la preparatoria, la idea vino de nuevo y entonces hablé de ello con el sacerdote de la parroquia”. En todo este proceso, su familia acogió con alegría el llamado de Dios: “Mis padres son católicos devotos, pero no tomé conciencia cuán devotos eran hasta el día en que le conté a mi madre mis inquietudes vocacionales y ella me dijo: ‘No le digas aún a tu padre, porque si cambias de opinión, le romperás el corazón”.
En aquel momento, la hermana Moira, nacida en Nueva York, tenía 17 años y en medio de estos cuestionamientos, Dios le exigió madurez pues tenía que decidir entre dos buenas ofertas que aparecieron en su camino. “Yo estaba consternada sobre qué era lo que Dios quería que haga: gané una beca universitaria para el programa de higiene dental y también me ofrecieron un buen trabajo en Wall Street, con una muy buena paga para una chica de mi edad”, pues para entonces contaba con un diploma en negocios, a ejemplo de su padre, un negociante maltés. Pero Dios habla por medio de las personas que nos aconsejan pues “el sacerdote de mi parroquia me alentó a ir a la universidad y aceptar la beca y ahí, con más tranquilidad, podría pensar en mi vocación.”
Justamente, “este sacerdote conocía a las Hermanas Religiosas de la Misericordia en Michigan y, como yo estaba asistiendo al programa de higiene dental y estas hermanas se dedicaban a la salud y educación, pensó que podría interesarme esa comunidad. Entonces empecé a escribir cartas y a hablar por teléfono con las hermanas y las cosas fueron rápidas. Y eso fue muy bueno”. El encuentro no se hizo esperar y, en las vacaciones de primavera, la hermanas la invitaron a conocer el convento de Michigan. “Entonces, fui a visitarlas, pero tuve una aventura en el camino”, comenta la Hermana Moira, riéndose por la anécdota que se dispone a contar. Eran los años setentas y en ese entonces, los aeropuertos no contaban con un eficiente sistema de control. “Subí al avión equivocado. En vez de ir a Michigan -al oeste de Nueva York-, me estaba yendo a Virginia -al sur. Pero eso no es todo. Antes de llegar a Virginia, el piloto anunció: ‘Damas y caballeros, tenemos un problema. Las llantas no trabajan y, como no nos permiten aterrizar en el aeropuerto, tendremos que ir al campo de una fábrica’”. Cuando por fin llegó a Michigan, no tuvo mejor recibimiento que el caluroso saludo de todas las hermanas de la congregación. En ese entonces eran alrededor de 20 religiosas, hoy ya son como 75. “Y la última hermana que saludé es nuestra fundadora. Ella sólo me miró y me dijo ‘no te preocupes el diablo no quería que llegaras aquí’. Fue una visita maravillosa y, cuando terminé la universidad, ingresé a la comunidad y por diez años trabajé en higiene dental”, comenta la hermana Moira sin esconder su asombro pues el Señor se valió de sus conocimientos en odontología para que sirva a cuantos pacientes puso en sus manos.

“Nuestro acento es tanto educación como el cuidado de la salud. Ahora, he hecho las dos cosas”. En efecto, “un día mi superiora general me dijo: ‘me gustaría mandarte a Roma a estudiar teología’. Era 1986 cuando partí para Roma e hice estudios en teología sacramental. Luego de graduarme, saqué mi doctorado en matrimonio”. Entre los siete sacramentos, “quería estudiar matrimonio porque fuera de la comunidad tenemos muchos amigos que están casados y parece que tienen dificultades. Y yo quería ser capaz de mostrarles lo hermoso de este sacramento y
por qué es tan importante trabajar para ser un matrimonio santo”.
A lo largo de su vida, la hermana Moira ha tenido la oportunidad de servir a la Iglesia con sus conocimientos adquiridos en Roma. “En 1998 fui una de las cuatro hermanas que fueron asignadas a Denver cuando Monseñor Chaput reabrió el seminario. Amo enseñar a los seminaristas, especialmente cuando se trata del sacramento del matrimonio, pues todos estamos llamados a la santidad y por eso, tenemos que saber en qué consiste y esforzarnos para llevar a cabo este llamado”.
En medio de estas experiencias, el hábito que visten las religiosas cumple un papel fundamental pues revela quiénes son. “El hábito nos marca como mujeres consagradas a Dios y es un testimonio visible de la Iglesia presente en el mundo”, explica la hermana Moira y añade: “tengo muy hermosas experiencias de personas acercándose a mí, que nunca lo hubieran hecho a menos que tenga un hábito puesto”. Una de estas experiencias ocurrió el año pasado, en el aeropuerto de Minneapolis: “me encontraba en la sala de espera junto a una joven mujer, que quería conversar, y la primera pregunta que me hizo fue ‘¿eres religiosa?’. Ella estaba comprometida y tenía una pregunta sobre el matrimonio. Cuando entramos en el avión, se sentó a mi lado y tuvimos una conversación muy agradable. Mientras nos despedíamos en Nueva York, ella me dijo: ‘hermana, cuando llegué al aeropuerto, sin ninguna razón decidí cambiar mi asiento y por eso nos sentamos juntas’. Todo lo que pude decirle fue ‘Dios hizo esto’. Y así como esta joven mujer, muchas personas de buena voluntad se nos acercan porque llevamos hábito”. Por todo esto, añade: “Amo usar mi hábito”.
“Realmente pienso que estaba llamada a esta comunidad para expandir el Reino de Dios”, comenta la hermana Moira luego de reflexionar sobre su vocación. “Esto es misterio: Dios nos llama para amar a una comunidad particular o individual, pero Él nos escoge para siempre”.

Si desea ponerse en contacto con las Hermanas Religiosas de la Misericordia puede llamar al (303) 765 – 4592. La Hermana Moira se puede comunicar en español.

 
 
 

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