Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver •Junio 2004

Gracias por todo tu amor papá

Por Luis F. Antunez (*)

Muchos de los jóvenes en la actualidad creemos que nuestro papá es la persona que nunca nos entiende, que es un anticuado, y que nunca tiene la razón. Pensamos que no nos ayuda y que hace y dice las cosas sólo para fastidiarnos. Pensando esto me vinieron recuerdos a mi mente, de cuando yo era un niño. Yo soy el mayor de todos mis hermanos, y recuerdo que cuando tenía como unos siete años no había algo que yo quisiera y mi papá no me comprara. Me tenía como un rey, tenía todos los juguetes que yo quería, una bicicleta, etc. Es más hasta me compró un Nintendo, que en ese entonces no cualquier niño lo tenía, porque el barrio en donde yo vivía era muy pobre.
Mi papá siempre fue muy bueno conmigo me cuidaba mucho y trataba de consentirme en todo y sobre todo se preocupaba mucho por mis calificaciones en la escuela, especialmente por las matemáticas, pues él es muy bueno en esta materia. Aunque muchas veces me regañó, al final las matemáticas son una materia de mi agrado. Tengo varios amigos que tienen una manera muy diferente de pensar acerca de su papá, algunos dicen que su papá los maltrata, que no los toman en cuenta, hasta hay algunos que piensan que su papá les estorba en su vida, bueno pues realmente yo creo que no tienen razón, pues un padre no haría algo para dañarte o hacerte sentir mal. Yo pienso que todos los papás quieren a sus hijos con toda el alma y darían lo que fuera por hacerlos felices. Para mi tener a mi papá es una bendición de Dios.
Aunque yo siempre he querido a mi papá nunca lo había visto como un verdadero amigo en quien yo pudiera confiar. Hasta que me pasó un accidente automovilístico -por cierto en el carro que él mismo me ayudó a comprar. Bueno pues, un día salí a bailar con una amiga y dos amigos, los cuatro la pasamos muy bien, pero cuando salimos de bailar yo conducía muy rápido, pues siempre me había gustado conducir a alta velocidad, yo no me di cuenta que el vehículo que se encontraba enfrente de mí se vio en la necesidad de frenar de repente, así que yo como iba muy rápido no pude detener el auto, el golpe fue muy duro. Gracias a Dios yo salí ileso pero mi amiga no corrió con la misma suerte, pues ella no tenía el cinturón de seguridad puesto y su cabeza se impactó muy fuerte con la bolsa de aire, la reventó y se quemó sus brazos y su cuello, y fue a dar al hospital.
Yo no sabía que hacer pero la única persona que pensé fue en mi papá, con muchos nervios y un poco de miedo decidí hablarle yo estaba seguro que me iba a regañar o a gritar pero no, fue todo lo contrario, me sentí muy raro cuando sentí a mi papá preocupado y con temor de que me hubiera pasado algo, yo le explique que no era nada grave que estábamos fuera de peligro, y pensé que se había quedado tranquilo pero no fue así, yo no sé como le hizo pero dos horas después de haber hablado con él, de repente lo miré entrar por la puerta del cuarto donde se encontraba mi amiga. Él se había quedado preocupado por mí, y buscó la manera de encontrar el hospital y dar conmigo. Me dio mucha alegría al verlo, nos dimos un abrazo y mire sus ojos como se sentía a gusto de haberme encontrado bien.
Éste fue uno de los momentos en que miré a mi papá como el mejor de mis amigos, el mejor papá del mundo, y sobre todo me di cuenta de cuanto me ama. Bueno pues yo espero que nadie tenga que pasar por algo así para darse cuenta que el amor de un padre es tan grande que un hijo no se lo puede imaginar. Yo no me había dado cuenta de que mi papá siempre me ha dado todo lo que ha podido, y además siempre ha estado conmigo", no pierdas más tiempo no esperes a que sea demasiado tarde para agradecerle a tu papá por todo lo que ha hecho por ti. Aprovecha este mes del padre para decirle: “GRACIAS PAPÁ POR TODO EL AMOR QUE ME DAS".

* Luis Antunez pertenece al Grupo Shalom de la parroquia Inmaculada Concepción en Lafayette, Colorado.

 


 
 

Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rossana Goñi
Director General:
Rossana Goñi