Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver • Julio 2004

La alegría de ser madre de un futuro sacerdote

El Pueblo Católico conversó con la madre del diácono Humberto Márquez, la Sra. María del Socorro Márquez quien comparte con nosotros algunas de sus reflexiones.

El Pueblo: ¿Cuál es su experiencia como madre, al saber que tiene un hijo que se está preparando para ordenarse sacerdote?
Me siento muy afortunada, es un don de Dios. Yo nunca me imaginé ser madre de un sacerdote. Es una gran bendición para mí y para toda mi familia. Le doy gracias a Dios en cada momento. Por momentos me nace preguntarle a Dios por qué me da una bendición tan grande. Me siento muy orgullosa, creo que es algo natural en una madre, no es vanidad.

El Pueblo: ¿Cómo fue su reacción al enterarse sobre su vocación?
La noticia sobre su vocación fue una sorpresa para toda la familia. Al principio no lo podíamos creer y no lo tomamos tan en serio, hasta le decíamos que estaba loco. Pero al ver su perseverancia fui convenciéndome de su decisión. La verdad nunca me lo esperé. La única vez que pensé en mi hijo como sacerdote fue cuando se estaba preparando para hacer su primera comunión y la maestra del catecismo me dijo que mi niño era muy especial, que ojalá tenga vocación al sacerdocio. No le tomé mucha importancia a este comentario y con el pasar de los años lo fui olvidando. Humberto ha sido un hijo excelente, muy cariñoso. Sin embargo, no le creí hasta que se fue a la universidad. Aún así no pensé que iba a terminar, pues no siempre lo veía muy seguro. Uno experimenta dudas, pero él ha tenido mucho apoyo durante estos años, ayuda que le ha permitido confirmar su camino.

El Pueblo: ¿Qué efectos produjo la vocación de su hijo en la familia?
Creo que mi familia se acercó más a Dios a través de su vocación. Actualmente, yo soy ministro extraordinario de la comunión en mi parroquia. Mis hijas también asisten a la Eucaristía dominical y llevan a sus hijos al catecismo. Uno de mis hijos no es tan cercano a la Iglesia, pero oramos mucho por él. Creo que todo esto, me ayudó en mi conversión personal. Me ha servido para renovar mi fe, entender mejor qué es la Eucaristía. Claro que todo no fue tan rápido, con el paso de los años yo he ido cambiando.

El Pueblo: ¿Qué le diría a las madres de aquellos muchachos que están en búsqueda de su vocación?
Que acepten la vocación de sus hijos, que no pongan el grito en el cielo, pues es una bendición de Dios. El Señor es quien nos da los hijos y es Él mismo quien los quiere para su servicio. Yo se lo entregué a Dios, no fue fácil, me costó, pero entendí que el Señor me lo había prestado y ahora lo estaba llamando. Es duro pero muy bonito.

El Pueblo: ¿Qué le diría a los jóvenes que sienten el llamado de Dios pero que aún no se han decidido?
Les diría que lo piensen en serio, que lo acepten pero rápido, corriendo. Que no hay que dudar de Dios sino confiar en Él, que nos conoce mejor que nadie. Les diría que se apuren pues ahí está su felicidad, que respondan con devoción.

El Pueblo: Desde su experiencia, ¿qué papel cree usted que tiene la madre en la educación de la fe de sus hijos?
Yo he sido una madre muy ocupada. Yo crié sola a mis seis hijos. Tuve que trabajar mucho para poder sacarlos adelante. Ellos mismos han trabajo desde pequeños. Creo que no han tenido una niñez sencilla. Como les comenté antes, yo no he sido siempre muy apegada a la Iglesia, pero siempre confiaba en Dios, no dejaba de asistir a la Misa. Me encomendaba siempre al Señor en todos los esfuerzos que hacía. Y creo que esto lo pude transmitir a mis hijos desde pequeños. Siempre procuré mandarlos al catecismo. Por eso me sorprendió y le agradezco al Señor por todas las bendiciones que he recibido en mi vida. Dios nos bendice mucho aunque somos pecadores, no somos perfectos, pero su amor es muy grande. Siempre he tenido mucha devoción a María, ella es nuestra madre, me encomiendo mucho a sus intercesiones. Quién mejor que ella para enseñarnos cómo ser madres.

 
 
 

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