Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver • Julio 2004

Cuando la ambición nos alcance

¿Cómo te portas este verano? ¿Qué tal tus vacaciones? ¿Las estás aprovechando para algo positivo o nomás te la has pasado rascándote la panza frente al televisor? Espero que luego tu mamá no me tenga quejas tuyas, ¿okay?
A propósito de cosas positivas y de pensar en el futuro, quiero platicar contigo en esta ocasión sobre la diferencia entre ser ambicioso y tener ambiciones en la vida.
Como cristianos, estamos llamados a la perfección, a buscar ser mejores personas cada día. Pero se refiere a una perfección de imitar la vida del perfecto maestro, la vida de Jesús. No se refiere a esa perfección que a veces buscamos con arrogancia y prepotencia, eso es otra cosa. Pues bien, esa búsqueda de la perfección y de querer ser mejores es lo que se podría definir como ambición, en el buen sentido de la palabra. Como parte de tu continua superación personal. Es decir, tener ambición por aprender más en la escuela y en la vida, tener ambición por ser mejor deportista, tener ambición de ser más comprensible, más amable, saber escuchar mejor a los demás, etc. Todo ese tipo de ambiciones son buenas, y como te digo, es parte de tu continua superación.

Sin embargo, en este mundo lleno de cosas materiales y bombardeados por tanta publicidad, es fácil convertir nuestra ambición de ser mejores, a ser ambiciosos, como un barril sin fondo, de cosas, cosas, cosas. Ser ambicioso no es de cristianos, de hecho es un pecado: "no desearás las cosas ajenas". Pero como todos tus días se ven rodeados de las "cosas" que otros tienen, ya sean tus amigos o las estrellas de Hollywood, se nos va metiendo esa espinita de que lo que tenemos no es suficiente y ambicionamos más y más.

Es cierto, tenemos derecho a vivir una vida digna, cómoda si es posible, pero juntamos y queremos tantas cosas inútiles, que ya son nada más por mera ambición. Y no solo me refiero a querer ese súper auto, ese súper estéreo o esos 100 pares de zapatos, joyas y demás, sino también buscamos la ambición en querer más dinero, más poder, ser más importantes, etc. Pero la gran diferencia entre la ambición (entendida como buscar ser mejor) y el ambicioso está en la conciencia cristiana y tu vivencia de Dios. Es ese buscar el perfeccionismo al estilo de Jesús el que te muestra por donde y hasta donde llega tu ambición. En cambio, una persona vacía, sin sentido en su vida, será un ambicioso empedernido que por muchas cosas que tenga, por muchos logros profesionales, etc., nunca se sentirá satisfecho, sino todo lo contrario, se quedará igual o más vacío que cuando tenia poco.

Por eso amigo y amiga, tú busca ser mejor persona, mejor en todo lo que haces, pero no ambiciones de manera vacía o superflua. Esa perfección a la que Jesús se refiere se llama Santidad, y tú eres llamado a ser santo, esa debería ser nuestra verdadera y auténtica ambición, lo demás vendrá por añadidura, como dice el Salmo. Sé feliz hoy, con lo que tienes y como eres. Y si tu situación actual no es muy buena, ya vendrán tiempos mejores, pero pon de tu parte para cambiar esa situación. ¿Okay?

Take care,
Paz
Abraham


 
 

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