Por los pasos del
Camino Neocatecumental
Pareja de esposos encuentra el verdadero sentido de la vida en el Señor Jesús
Somos Bernardo y Erika Garza, de ascendencia mexicana, y vivimos en Lakewood con nuestros hijos Pedro Andrés, Miriam, y Juan Pablo, de cinco, cuatro y un año y medio respectivamente.
Bernardo nos dice “a través de mi vida siempre busqué la felicidad y vine a este país pensando encontrarla en una educación universitaria, en el afecto de novias y amigos, en el dinero y cosas materiales, más nunca la encontré ahí. Al contrario, me di cuenta que, viviendo sólo para mí mismo, cada vez me sentía más vacío e infeliz. Aunque siempre fui activo en mi parroquia nunca había realmente entendido cómo era que Jesucristo me ayudaría en mi vida. Viví mi religión como un moralismo: esforzándome siempre por ser bueno para agradar a Dios, pensando que la felicidad plena solamente existía en el cielo”.
Y Erika comenta “yo me sentía la víctima de mis familiares, principalmente de mi madre, quien intentó suicidarse cuando yo tenía tres años; juzgando que mi vida era injusta. Debido a esto en mi adolescencia me rebelé contra todo, pero a fin de cuentas lo que yo buscaba era amor. Pero, gracias a estas crisis existenciales, ambos nos encontramos con el Camino Neocatecumenal donde se nos anunció a Jesucristo amándonos y perdonándonos, y dándonos la posibilidad de encontrar, en esta vida, el amor y la felicidad”.
“A través de este Camino -dice Bernardo- estoy saliendo de mi profundo egoísmo, encontrando que Jesucristo me perdona y me ama tal y como soy, sin exigirme nada. Este amor gratuito hoy me permite ser esposo y padre”. Y Erika añade “en la Iglesia, gracias a este Camino, yo hoy veo cómo Dios me ha amado toda mi vida y me ha ayudado a pedir perdón y reconciliarme de corazón con mis familiares por el odio que les tuve. También me ha hecho posible dar mi vida como esposa y madre en un mundo hostil a la familia”.
Gracias a que Dios está sanándonos y dándonos una nueva vida en Cristo, ahora podemos ofrecer ésta vida por la Iglesia en la evangelización, como catequistas del Camino, anunciando la Buena Nueva con nuestro testimonio, ofreciendo nuestro tiempo. Nos da gran gozo y alegría ser miembros de la Iglesia donde recibimos la fe y la posibilidad de vivir nuestro matrimonio como un Sacramento del amor de Jesucristo por la humanidad. Pero el vivir este Sacramento y estar abiertos a la vida, en medio de la cultura de la muerte que impera en el mundo, no es fruto de un esfuerzo personal o de una religiosidad ritualista, sino don gratuito del Espíritu Santo. Si hay amor y perdón en nuestra familia es únicamente porque hemos experimentado la resurrección de Jesucristo en nuestras vidas. Estos dones que tiene la Iglesia para la humanidad -amor y unidad- casi no se ven ya en la sociedad ni en muchas familias. Hoy ¿quién perdona y da su vida por el enemigo como lo hace Jesucristo? Vemos cómo Dios da el matrimonio cristiano como signo visible de su fidelidad con el hombre y como el santuario donde se genera la vida y se transmite la fe de padres a hijos. Descubrimos nuestra vocación al matrimonio cristiano a través de una comunidad neocatecumenal en la Parroquia de St. Louis, Englewood. Éste es un camino serio de conversión donde descubrimos Su misericordia en nuestras vidas y caminamos hacia una fe adulta y la renovación del Bautismo y la realización de sus promesas bautismales.
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