Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Diciembre 2004

Navidad y el misterio de la vida, de la maternidad

Por Rossana Goñi

Hace unos días, mientras me iba al "Baby Shower" de una pareja de amigos muy cercanos para celebrar la adopción de su primera hijita de China, recibí la llamada de mi hermana en el Perú que me decía que se anunciaba la llegada de mi próximo sobrino. ¡El décimo en la familia!
Las contracciones le venían cada diez minutos, en cualquier momento nacería Lucas. Mientras entraba a la reunión de mis amigos me quedé pensando y rezando para que todo saliese bien con mi hermana y mi sobrino.

Entramos a esta casa y en medio de los saludos y las felicitaciones, ahí sobre la mesa, ví las fotos de la bebé en China. Sólo ver su pequeño rostro era conmovedor... desde ya le tenía cariño y comencé a hablarle en silencio. “¡Ya tienes unos padres que te han querido desde el día en que fuiste concebida”.

Los padres de la bebé, en efecto, llenaban el ambiente de gozo, ese gozo que da el don de la vida, un misterio. Brillaban e iluminaban a quienes estábamos en el lugar.

En un momento de compartir, ellos nos decían: “Estamos felices. Queremos mucho a nuestra hijita, se llama Gracia. Ya quisiéramos tenerla entre nosotros pero tenemos que seguir siendo pacientes. Le damos gracias a Dios por tanto amor sobre nosotros. Pronto la familia estará junta y la podremos tener en nuestros brazos”.

Salí feliz y conmovida de la reunión. Camino a casa, sonó mi teléfono... era mi hermana que me decía “¡eres tía otra vez!”.

Grace, en la lejana China, ya tiene unos padres que la quieren profundamente y esperan el momento de reunirse con ella para experimentar de manera más cercana el regalo que Dios les ha dado de ser padres. Lucas en el Perú, junto a sus padres y su hermanito mayor, festejan el regalo de la vida.

Ambas historias me llevaron a profundizar más en el misterio hermosos que celebramos en Navidad: ¡Que misterioso y hermoso es el don de la vida! El misterio de la vida es el misterio del amor sin medidas.

Y con esa experiencia, venía la pregunta obvia: ¿Cuánto valoramos diariamente el valor del ser humano, el misterio de ser persona, de ser hijos, de ser padres? Una vida tras otra, un misterio tras otro, un gozo tras otro. Y así, ante mis ojos, el misterio de la vida, del amor, que se suceden como una cadena constante del amor que Dios nos tiene al darnos la propia vida, la vida de quienes amamos, la vida de cada ser humano nuevo.

Este es el misterio que celebramos al iniciar este tiempo de Adviento: el misterio de un amor que se transforma en vida.

Este es el tiempo de preparación para la llegada de ese Niño frágil, de ese bebé que nació en un establo, en un lugar pobre y sencillo.
En Navidad, Dios se hace hombre, se hace uno de nosotros... nació igual que Grace, que Lucas, tuvo unos padres que lo cuidaron, lo alimentaron, lo educaron... lo ayudaron durante su crecimiento, siempre viviendo en el amor.

En esta Navidad, al mirar, en medio de nuestras dificultades, los muchos dones recibidos en nuestra vida, especialmente el don del amor, démosle gracias a Dios por haberse hecho uno de nosotros, como tú y como yo... porque con ello nos enseña cuán valiosa es nuestra vida y cuánto debemos esforzarnos por buscar ser como Él, como ese niño sencillo y humilde del pesebre, como ese hombre fuerte y fiel al Plan de Dios en la cruz.

Y démosle gracias también a Dios y a la Sagrada Familia de Nazaret por todas las familias, porque ellas celebran la vida y la acogen en su propio seno.

¡Qué tengan una muy Feliz Navidad en familia!


 
 

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