Navidad, encuentro con el Niño Jesús
Adviento es un buen tiempo para incrementar nuestra devoción a la Eucaristía
Por el Exmo.
Monseñor
José H. Gómez, STD
Ha llegado ya el mes de diciembre y con él, los preparativos para la cercana Navidad. Antecedida por las fiestas marianas de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre y de Nuestra Señora de Guadalupe el 12, la Navidad es la fiesta en la que celebramos el gran amor que Dios nos tiene. Un amor tan grande que lo llevó a nacer como un frágil niño entre los hombres.
Los católicos nos preparamos para este gran misterio de amor con muchos símbolos: los nacimientos o pesebres, los adornos festivos en nuestras casas, las Posadas… todos ellos para señalar la alegría que nos produce la cercanía del Señor.
Por eso, la Navidad es un tiempo especial para celebrar una forma muy real en la que Dios se hace cercano a nosotros: la Eucaristía.
En la hostia consagrada, en la Comunión, nosotros los católicos reconocemos algo inimaginable: que Dios está realmente presente, que el pan y el vino, tras la consagración realizada por el sacerdote, se han convertido en el Cuerpo y la Sangre del mismo Señor Jesús. No se trata de un “símbolo” o de un “signo”: es una realidad.
Cada domingo en que asistimos a Misa, cada día de la se-mana en que se celebra la Eucaristía o se adora al Santísimo Sacramento, los católicos nos encontramos cara a cara con esta realidad que es central para la vida de la Iglesia. Y una forma de reconocer su importancia es precisamente recibiendo la Comu-nión cada vez que asistimos a Misa.
En este Año de la Eucaristía convocado por el Papa Juan Pablo II desde el pasado mes de octubre hasta octubre de 2005, los católicos estamos llamados a incrementar más y mejor nuestra devoción a Cristo eucarístico.
Uno de los mejores tiempos para esa preparación es sin duda, este tiempo previo a la Navidad, que la Iglesia llama “Adviento”.
La palabra “Adviento” viene del latín “advenimiento” o “llegada”. Es pues el tiempo en que toda persona, toda familia, toda comunidad, se prepara para recibir a alguien muy importante muy querido.
Y así como en nuestras familias nos preparamos o nos preparan siempre un lugar especial cuando recibimos o llegamos de visita; este tiempo de Adviento requiere de nosotros la preparación de nuestro corazón.
Existen muchas formas como nosotros los católicos podemos prepararnos para recibir al Niño Jesús que llega en esta Navidad. La mayoría de ellas las conocemos: escuchar y meditar los temas que la Iglesia nos propone en las Misas de este tiempo, perdonar a quienes nos han ofendido, pedir perdón a quienes hemos ofendido, introducir en nuestro hogar momentos breves de oración y recogimiento… en fin, son muchas las formas que la Iglesia ofrece para este tiempo fuerte de conversión.
Una de los medios más importantes sin embargo, para este tiempo previo a la Navidad, es el sacramento de la Confesión.
En efecto, en su Encíclica “Iglesia de la Eucaristía”, el Papa Juan Pablo II nos recuerda que “La Euca-ristía y la Penitencia (o sea, la Confesión) son dos sacramentos estrechamente vinculados entre sí. La Eucaristía, al hacer presente el Sacrificio redentor de la Cruz, perpetuándolo sacramentalmente, significa que de ella se deriva una exigencia continua de conversión, de respuesta perso-nal a la exhortación que San Pablo dirigía a los cristianos de Corinto: ‘En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!’” (N.37).
En otras palabras, lo que el Santo Padre nos recuerda, es que los católicos tenemos que estar seguros de que recibimos la Comunión con un alma completamente limpia, digna de Dios.
¿Qué mejor manera puede haber para preparar una verdadera “posada” para el Niño Jesús que quiere nacer en nues-tros corazones, que limpiando completamente nuestra alma gracias a este gran don que es el sacramento de la Confesión?
Si esta enseñanza es verdadera siempre, lo es de manera especial en este tiempo de preparación para recibir al Señor en nuestros hogares y en nuestras vidas esta Navidad.
Con el deseo sincero de que la Virgen, que se encuentra en estado de buena esperanza, nos anime a prepararnos dignamente, mediante la Penitencia, para recibir a su querido Hijo, les deseo de todo corazón una feliz y santa Navidad.
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