Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Diciembre 2004

Un tiempo de bendiciones y crecimiento

La parroquia Santa Catalina de Siena en Denver crece rápidamente en su servicio a la comunidad hispana

Argentino de nacimiento, el Padre José Sánchez, sirve actualmente como párroco en la Iglesia Santa Catalina. “El primer momento en el que descubrí mi llamado fue cuando era niño que era monaguillo y tenía el gran deseo de servir en el altar”. Comparte el Padre José quien nunca se planteó la idea de ser sacerdote en ese momento pues tan solo sentía las ganas de estar cerca de Jesús. Fueron el tiempo y la adolescencia quienes se encargaron de enfriar este deseo. Entretenido en las fiestas y los amigos el Señor se encargó de invitarlo a un retiro de la escuela a los 16 años. Fue en este momento donde el deseo y el llamado volvieron a surgir en el corazón del joven José quien concluyó que tenía que entregar su vida a una buena causa y decidió involucrarse en un grupo de la Iglesia.
Terminando la escuela fue el servicio a su patria que lo cautivó e inició el servicio militar. Nuevamente el Señor se encargó de buscarlo. Uno de sus compañeros empezó a cuestionar su fe al tratar de convencerlo para que entrara a una secta. Inquieto ante los cuestionamientos, el ahora Padre José buscó en las Sagradas Escrituras muchas de las respuestas, despertándose en él un hambre que nunca cesó. “Sentía la necesidad de leer diaria-mente Su Palabra” nos comenta. Así inició una etapa de discernimiento espiritual, de reencuentro con el Señor que de una u otra manera lo había acompañado a lo largo de su vida. Fue esta expe-riencia que lo hizo tomar la decisión de dejar a su novia para seguir los caminos del Señor en el seminario. Sólo ahí fue que pudo experimentar que el llamado de Dios saciaba su inquieto corazón.

Después del seminario
Terminado el seminario el Padre José trabajó por muchos años con una congregación dedicada a la educación de los jóvenes. Pasados 20 años de intenso servicio, viajó a Roma para pasar un año sabático, un tiempo de descanso, formación y renovación. Fue en esta etapa que decide hacer una experiencia con la comunidad de las Bienaventuranzas, comunidad a la que pertenece hace cinco años.
Después de 25 años el Padre José llega a los Estados Unidos, siguiendo lo que el Plan de Dios le pedía a través de sus autoridades para encargarse de la escuela y la parroquia de Santa Catalina de Siena ubicada en Denver. Fue el primero de septiembre del año pasado que el Arzobispo le confió esta tarea. Un primer año con muchos retos pero lleno de bendiciones.
En el Adviento del año pasado se inició la misa en español en Santa Catalina de Siena. Al poco tiempo se comenzó un grupo de Jóvenes para Cristo a través de un retiro. Actualmente son 35 jóvenes los que participan en el grupo. Además la parroquia cuenta con el Movimiento Cursillos de Cristiandad, que reúne semanalmente a diversos adultos para formarlos en la fe a través de la escuela para cursillos que funciona en la parroquia. Otra de las misiones que el P. Sánchez desempeña es la de asesor de los diversos grupos de cursillos en la diócesis. Otra iniciativa presente en la parroquia es la Renovación Carismática en español que se inició dos meses atrás y ya cuenta con 50 participantes. La comunidad hispana va creciendo día a día en la parroquia enriqueciendo a la comunidad americana.
Son muchas las bendiciones que Dios va derramando en esta parroquia contando en tan poco tiempo con un grupo de Jóvenes, grupos de oración y grupos para adultos. Esta es la primera expe-riencia de trabajo del Padre Sánchez con la comunidad hispana, experiencia que no lo deja de sorprender por su rápido cre-cimiento y respuesta.

Riquezas por compartir
Durante este primer año de servicio el Padre José descubre una necesidad muy grande de trabajar con ambas comunidades, trabajar por la unidad y el enriquecimiento mutuo. La parroquia Santa Catalina fundada en 1912 experimenta recién desde el año pasado la apertura hacia la comunidad hispana. Una relación que el tiempo irá forjando y la fe irá uniendo, descubriendo la riqueza y sintonía que podemos vivir los católicos más allá de las diferencias culturales. La vida comunitaria, la sensibilidad de la fe y la devoción mariana son algunos de los aportes que la comunidad hispana viene haciendo.

 


 
 

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