Pero mamá ¿y Santa Claus?
Debemos encontrar maneras creativas para explicar a nuestros hijos el verdadero sentido de la Navidad
Por Mar Muñoz-Visoso
Se nos fue un año y estamos por comenzar el siguiente. Cada año aprovecho la ocasión que El Pueblo me brinda, y hago uso del artículo de diciembre para animar a mis lectores a redescubrir el sentido propio de la Navidad para que ese espíritu de esperanza, gozo, y amor se viva y derrame a lo largo del año que comienza. Y para vivir el espíritu navideño, como siempre, hay que ir a la raíz de lo que se celebra. Las luces y los regalos son hermosos, pero recuerden que no hay Navidad si no es alrededor de un nacimiento. Si, ante todo y sobre todo, no contemplamos el misterio del Dios hecho hombre. Un frágil Niño envuelto en pañales, rodeado de sus padres, quienes a pesar de su pobreza y de las condiciones en que les tocó que María diese a luz, son capaces de contemplar admirados el misterio del amor de Dios, y escuchan atónitos las maravillas que ángeles, pastores y sabios proclaman de este Niño. ¿Quién será este Niño que hasta los paganos y los no creyentes vienen buscándolo?
Sin reflexionar en el misterio de Emmanuel (“Dios con nosotros”) el tiempo de Navidad se convierte en una celebración de buenos deseos pero sin mucho sentido. Regalamos cosas porque todo el mundo lo hace, y ponemos luces, y decoramos la casa y los comercios y las oficinas. Pero ¿a quién estábamos celebrando? Ya se nos olvidó…
En estos días, tratando explicarle a mi hija la mayor, que tiene 3 años, lo que es la Navidad me doy cuenta de lo difícil que es explicar a los niños el verdadero significado de la Navidad en medio de tantas distracciones. En primer lugar la figura central de la Navidad ya no es Jesús sino Santa Claus. Y es difícil conectar al verdadero San Nicolás (un santo obispo famoso por su generosidad con los pobres y en especial con los niños, en quien se basa la tradición de “Santa”), con este personaje panzón, risueño y bonachón que parece tener un reino de duendes y ayudantes y una fábrica de juguetes en el Polo Norte (¿o era el Sur?...). Además la fiesta de San Nicolás ni siquiera se celebra el 24 de diciembre, sino el 6 de diciembre.
Pero a una niña de tres años no se le pueden dar demasiadas explicaciones. Así que opté, como siempre, por lo más sencillo. Tomé la Biblia en el Evangelio de san Lucas y leí la historia del nacimiento del Niño Jesús en Belén (con pastores, gloria, estre-lla y Reyes Magos incluidos). Después pusimos el Nacimiento en la casa. Cuando ya casi habíamos terminado, mi hija me preguntó: “Pero mamá, ¿y Santa Claus? Aquí no está”. “Santa Claus no estuvo allí cuando el niño Jesús Nació-le dije-por eso no está en esta escena, pero él fue alguien que quiso mucho a Jesús y que pensó que todos los niños buenos también debían recibir regalos como Jesús de los pastores y de los tres Reyes. Y por eso la noche del 24 también le esperamos a él con los regalos”. Señalando al árbol me preguntó: “mamá ¿y esa era la estrella de los Reyes”. “Si, hijita una como esa les guió a Belén”.
Esta breve escena familiar describe nada más el intento de una madre por conectar nuestras creencias y las tradiciones con la realidad desencarnada que viven nuestros niños, y a menudo muchos adultos también, de esta importante celebración. Les animo a ser creativos, a buscar su propia forma de contar la historia. Los padres somos los principales educadores, y eso es verdad especialmente en cuanto a la fe, los valores humanos y las tradiciones culturales. Mientras comen turrones, dulces, y manjares propios de las fiestas, no dejen de buscar el momento de contarles a sus hijos, nietos, sobrinos y demás familiares la verdadera historia de la Navidad. Lo que ustedes no les transmitan ahora difícilmente lo aprenderán de mayores.
¡Feliz Navidad! Hoy en Belén de Judá nos ha nacido un niño, el Mesías, el Señor. |