El desafío de los medios masivos para la familia
Algunos consejos para discernir entre lo que sirve y no sirve
Por Andrés Tapia A.
Los padres son, dentro del Plan de Dios, los primeros formadores de la conciencia moral de sus hijos. Ellos velarán por su capacidad de distinguir entre el bien y el mal, por la valoración que sus hijos posean de lo que es bueno, bello y verdadero. Responsables de una educación amorosa e integral, que vaya a lo profundo de la persona, permitirán a sus hijos captar lo importante que es el señorío sobre sí mismo, el honor, la reverencia y todas aquellas virtudes olvidadas por una sociedad que endiosa el placer, el poder y el tener.
Este tipo de formación no podemos confundirla con aquello que comúnmente se denomina "buena educación" que es la que pueda dar un colegio competente o sencillamente "buenos modales". Estamos refiriéndonos a aquella capacidad que tienen los padres de alentar e incentivar que sus hijos sean personas íntegras. Y esa formación en los momentos actuales no sólo es una necesidad, sino también una urgencia, pues vivimos en una "cultura de muerte" como la llama Juan Pablo II.
El entorno cultural y los medios
Si uno no se preocupa por formar como personas a sus hijos, de darles los valores religiosos y morales que son patrimonio de la familia, entonces su entorno lo hará. Un entorno que comúnmente se encuentra lleno de rupturas y crisis, de compensaciones inmediatistas y de ilusiones pasajeras, de egoísmos solapados y desvergonzados, donde lo único importante es uno mismo. En otras palabras, tanto niños como jóvenes serán afectados por una visión distorsionada de la realidad que los llevará a ansiar una "falsa felicidad".
Dentro de esta perspectiva de un mundo en crisis, de una sociedad que vive de espaldas a Dios, la televisión, la radio, el cine, son medios que se encuentran presentes en prácticamente todos los hogares y exige una reflexión seria y detenida sobre su papel en la formación moral de la familia.
El mensaje del Santo Padre
Con motivo de la Jornada de los Medios de Comunicación Social 2004 que se realizó hace unos meses, el Papa Juan Pablo II ha difundido el Mensaje «Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza» en el cual «invita a una sobria reflexión sobre el uso que hacen las familias de los medios de comunicación, y también sobre el modo en que los medios de comunicación tratan a la familia y las cuestiones que afectan a la familia».
El mensaje incide sobre varios puntos que ahora mencionamos: Los medios presentan a la familia y la vida familiar de modo inadecuado. La infidelidad, la vida sexual fuera del matrimonio y la ausencia de una visión moral y espiritual del pacto matrimonial se presentan de modo acrítico. Apoyan el divorcio, la anticoncepción, el aborto y la homosexualidad.
Estas apreciaciones que el Santo Padre ha señalado, las podemos ubicar fácilmente en:
a) La mayoría de telenovelas donde el carrusel de relaciones amorosas y emocionales encandila a un público que no se percata que con la trama viene toda una visión de la persona, de la sexualidad y de la familia, pobre y descartable.
b) Los tan populares talk-shows que tienen la triste virtud de sorprender semana a semana a su audiencia con los nuevos casos a que llega la debilidad y fragilidad humana.
c) Los programas de chismes, o como en España se denomina de "periodismo rosa", que a la larga lo que busca es promover una preocupación por lo banal y ventilar, al igual que los talk-shows, las correspondientes debilidades humanas, pero en este caso, de los llamados "personaje públicos" o "famosos".
d) Las series de cable, tales como Friends, Seinfield, Queer as folk, Will and Grace, que presentan en medio de su bien elaborado guión un verdadero popurrí de anti-valores familiares.
e) Los programas tipo "Gran Hermano" donde libremente -alentados por una compensación económica- hombres y mujeres deciden convivir varias semanas, en una especie de "todo vale", cambiando de pareja a diestra y siniestra, y señalando claramente que por unas cuantas monedas todo pudor puede quedar de lado.
f) Dibujos animados como los Simpsons o King of the Hill, que parodian, minusvaloran y banalizan las relaciones familiares.
Posiblemente un capítulo aparte merece la publicidad omnipresente, mucha de ella dirigida a los niños especialmente en tiempos de Navidad o período escolar, donde ésta bombardea de manera obsesiva la mente infantil para que crea que la felicidad es un objeto determinado. Otro rasgo es aquella publicidad que sin ambages señala a las niñas que la mujer-modelo es otro medio por el cual se es feliz.
Reglamentar el uso de los medios en el hogar
Ante esta situación el Papa Juan Pablo II ofrece ciertas ideas para discernir en lo que debe y no deben ver sus hijos y usted.
a) Planificar y programar el uso de dichos medios, limitando estrictamente el tiempo que los niños les dedican. Entonces pues los medios pueden crear hábitos o impedir que los niños desarrollen otras potencialidades mucho más gratificantes y humanizantes como son el arte, el deporte o la lectura.
b) Hacer del entretenimiento una experiencia familiar, prohibiendo algunos medios y excluyendo otros periódicamente para dejar espacio a otras actividades familiares. Lo que exigirá a los padres ejercer el inalienable papel de ser compañeros de sus hijos.
c) Los padres deben dar buen ejemplo a los niños, haciendo un uso ponderado y selectivo de dichos medios.
d) Compartir con los padres de los amigos de sus hijos una visión crítica, de esta manera sus hijos estarán mejor protegidos y, por otro lado, no se sentirán una "especie rara" entre los amigos que tienen acceso irrestricto a los medios.
e) Manifestarse claramente a los productores y publicistas, sobre lo que les agrada y desagrada. Una buena iniciativa que ya existe en varios países y que permiten ejercer un control indirecto a través de los auspiciadores.
Andrés Tapia es el encargado de la Publicación Fe y Familia en Arequipa, Perú.
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