¿Votos de Virginidad?
La historia de una Virgen Consagrada en Denver
Yo puedo decir honestamente que tengo la más increíble, santa, pura y bella suegra en el mundo. Ella escucha todo lo que le digo y siempre me da los mejores consejos. Ella nunca pierde la paciencia conmigo y su principal deseo es ayudarme a desarrollar la mejor relación posible con su hijo. ¡Eso es imposible! Estarás diciendo ahora. ¡No puede existir una suegra como esa! Pero realmente existe. Su nombre es María y tiene 2,000 años. Su Hijo es el Camino, la Verdad y la Vida y es también mi esposo. Él es Jesús, y yo le dije "Sí, acepto" el 15 de julio del 2003 en la Catedral de la Inmaculada Concepción en Denver, cuando me convertí en una Virgen Consagrada que vive en medio del mundo. Ésta es una vocación única y una de las más antiguas en la Iglesia Católica, remontándonos al tiempo de los apóstoles.
Sin embargo, con el surgimiento de órdenes religiosas durante la Edad Media, se durmió por más de 1,000 años hasta que fue reinstaurada por el Papa Pablo VI en 1970. Actualmente, en el 2004, existen alrededor de 1,500 mujeres en todo el mundo que son Vírgenes Consagradas que viven en medio del mundo. Todas tenemos que ser vírgenes, ser mayores de 30 años y hacer un voto de perpetua virginidad durante nuestra consagración _ voto que ni siquiera el Papa mismo puede anular. Más allá de este vínculo que nos une, cada una de nosotras tiene una historia diferente que compartir puesto que no tenemos vida comunitaria.
Mi peregrinar hacia Jesús ha tenido muchos desvíos pero aun así, todos los errores terminaron trayéndome hasta el altar para mi consagración el pasado verano. Aquí algunos capítulos de la historia de mi vida.
Nací en una familia católica en 1955. Tengo dos hermanas y un hermano que actualmente están casados y tienen hijos. Asistí al colegio parroquial donde me formaron amorosas monjas Dominicas quienes vestían el hábito completo. Estas increíbles novias de Jesús me transmitieron un profundo conocimiento de la fe católica como un don precioso que se da dentro de la Iglesia Católica, la única, verdadera Iglesia. Pero, al crecer empecé a seguir mis propias reglas. Incluso dejé de confesarme, lo que generó en mí una mediocridad y pereza espiritual. Me fui a la universidad en este peligroso estado espiritual, que sólo siguió empeorando. No salí mucho con chicos durante la preparatoria y la universidad, pero una vez que me gradué y conseguí mi primer trabajo como terapista de lenguaje en un colegio público, pensé que estaba lista para conocer al hombre de mis sueños.
Pasaron muchos años y ninguno de los varios muchachos con quien salí se veía como posibilidad para ser mi esposo, hasta que cumplí 28 años. Él era guapo, exitoso y no había estado casado en sus 37 años _ ¡perfecto! Ah… un pequeño detalle, había dejado mucho tiempo atrás de practicar la fe católica. Decidimos rápidamente que en un año nos casaríamos, pero Dios usó una clase de Planificación Familiar Natural que tomamos para mostrarme la perfección de su Plan respecto al amor conyugal. Finalmente yo desperté de mi larga siesta espiritual y me di cuenta que la fe católica y el celo por Cristo tenían que ser los fundamentos del matrimonio, no sólo ser guapo y exitoso. Terminamos. Finalmente volví a confesarme, empecé a aprender todo lo que pude sobre las enseñanzas de la Iglesia respecto a la sexualidad y el matrimonio y le dije al Señor que yo podía ser feliz tanto como soltera o casada. Algunos años después escuché el llamado del Señor que me pedía considerar el permanecer soltera por el resto de mi vida. Con alegría respondí que sí a este llamado. Luego el Señor con su infinita paciencia, se encargó de mostrarme la vocación de Vírgenes Consagradas viviendo en el mundo. Empecé el proceso de discernir el llamado a mi vocación en una reunión con el Arzobispo Carlos Chaput en marzo de 1999 ya que el obispo diocesano es quien se encarga de esta vocación.
Cuatro años más tarde, él me puso mi alianza de oro, mi "corona de espinas" en el dedo anular de mi mano izquierda. Ahora soy un sacramento, un signo para este mundo del mundo venidero en el que nadie se casa o es dado en matrimonio. Aun tengo que velar por la realidad material de mi vida y enfrentar las alegrías y sufrimientos diarios. Pero ahora tengo una razón eterna y un voto para nunca volver a hundirme en la mediocridad espiritual. ¡También tengo la mejor suegra dentro o fuera de este mundo!
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