Los católicos, la fe y la economía
Por el Exmo.
Monseñor
José H. Gomez, STD
Parte importante del tiempo del católico se consume en el esfuerzo diario por "ganarse la vida" mediante el trabajo.
Hoy en día el trabajo tiene sus normas, sus reglas y principios, y por esta razón muchos caen en la tentación de creer que la vida cristiana no tiene nada que ver con el mundo laboral; y tenemos que abandonar la fe en la puerta de nuestro centro de trabajo, para dejarla junto con el paraguas.
¿Pero es de verdad esa la forma como debemos actuar los católicos? ¿O es de esperar, más bien, que nuestra vida de fe ilumine e influya nuestra conducta en el mundo del trabajo y de la economía?
Para dialogar sobre este importante tema, varios obispos hispanos y empresarios latinos nos reuniremos en la casa de retiro de St. Malo de la Arquidiócesis de Denver, en lo que será el primer encuentro de obispos y empresarios hispanos.
Esperamos que el diálogo que se inicia este mes de agosto, se convierta en un punto de encuentro constante que sirva para fortalecer la presencia de nuestra fe en el ámbito público.
¿Cuál es la idea que está detrás del evento? Es la misma que cada católico debe tener cada día, en cada momento, cuando se encuentra en el mundo de la realidad pública: que cada católico, y no sólo los obispos y sacerdotes, forman parte de la Iglesia y comparten con ella la misión de hacer presente a Jesús en el mundo.
Nuestro Catecismo nos enseña que los fieles católicos tienen un papel muy importante que cumplir en la Iglesia: a ellos "de manera especial les corresponde iluminar y ordenar todas las realidades temporales, a las que están estrechamente unidos, de tal manera que éstas lleguen a ser según Cristo, se desarrollen y sean para alabanza del Creador y Redentor" (CIC 898).
El fiel católico tiene pues una tarea irremplazable, en la que no puede ser sustituido por un sacerdote o un religioso: tiene la misión de transformar el orden temporal -es decir, el mundo de la vida diaria, del trabajo, de la recreación, de toda la sociedad- para que éste sea compatible con el deseo de Cristo de que todo lo creado, incluyendo el orden social y económico, dé gloria a Dios.
Si el mundo económico en el que vivimos está alejado de los valores morales, de la justicia, de la equidad y de la solidaridad ¿podemos decir que alaba a Dios? Y si una realidad económica inmoral e injusta no alaba a Dios ¿pueden los fieles católicos permanecer indiferentes o resignarse a que las cosas sigan igual?
San Francisco de Sales decía que cada católico está llamado a ser feliz y realizarse allí donde lo ha puesto Dios. Por eso, este santo le llamaba la atención a una ama de casa que suspiraba desconsolada porque prefería pasar el tiempo compartiendo con las religiosas de un convento cercano, diciéndole que su lugar de santificación era su hogar y sus tareas cotidianas.
Santa Teresa de Jesús, esa santa española con un gran sentido práctico, advertía también que "entre los guisos y las ollas, allí está Dios", para indicar que, en medio de las labores cotidianas, el cristiano no puede olvidar que está tratando con Dios y que está llamado a cumplir con su plan.
Por eso es que la Iglesia nos dice que los fieles católicos "se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad. Por tanto ellos, especialmente, deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia; es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra, bajo la guía del jefe común, el Papa, y de los obispos en comunión con él" (CIC 899).
Les pido a todos orar por los frutos de este próximo encuentro. Mientras tanto, nos encomendamos a San Juan Diego, ese sencillo hombre de Iglesia, que no tuvo miedo de llevar el anuncio de la Buena Nueva a su pueblo y a las autoridades de entonces, para que los fieles católicos se vean cada día como aquellos adelantados de la Civilización del Amor que Dios ha mandado a ser eficaces en medio del mundo.
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