Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Agosto 2004

Del servicio como apostolado

Por Abraham Paz

Hay mucha gente que ayuda por ayudar. Hay gente de mucho dinero que hace muchas obras de caridad y se les conoce como filántropos, es decir, que dan por el hecho de que les nace o porque quieren regresarle a la sociedad lo que han recibido. Y es genial, ojalá tuviéramos en el mundo más ricachones filántropos que ayudaran a muchas más causas de caridad.
Tú y yo como bautizados estamos llamados al servicio, y no sólo a un servicio de ayudar por ayudar, porque seamos buenas gentes, sino a un servicio con una motivación especial por compartir tu alegría de conocer a Jesús y darlo a conocer a través de tus obras. A ese servicio en Jesús y por Jesús, se le llama apostolado. Es el trabajo por la evangelización del mundo, por el Reino de Dios.
Y te pongo un ejemplo sencillo para entender este significado: Digamos que en un hospital trabaja una enfermera profesional, titulada, y es muy buena en su labor. Ayuda a cientos de enfermos todos los días, se siente realizada con su profesión y todos los días regresa satisfecha a su casa por su labor. Y digamos que hay otro hospital justo enfrente, donde las enfermeras, además de su profesión, también son religiosas (o monjitas). Tanto la enfermera que trabaja enfrente como una de estas monjitas realizan el mismo tipo de "trabajo" con los enfermos; sin embargo, la monjita lo realiza con la seguridad de que es al mismo Jesús a quien está sirviendo en cada herida que cura, y que es al mismo Señor a quien le ofrece su trabajo, y sobre todo que como religiosa ante todo busca la sanación del alma de los enfermos de su hospital.
Dentro de la Iglesia hay muchas maneras de servicio, desde ser Obispo, pasando por los catequistas, grupos de jóvenes, liturgia, coros, grupos de oración, de matrimonios, monaguillos, etc., hasta ser la persona encargada del mantenimiento de una pequeña capilla allá en las montañas. Todos son servicios nobles para la Iglesia, para Dios. Y todo el que los realice, los debe hacer con esa convicción de que lo está haciendo, como decimos en Misa, por Cristo, con Él y en Él.
A veces, es fácil ser parte de un grupo y empezar a hacer y hacer cosas y perder el sentido o el por qué de tantas actividades. Y no creas que sólo te puede pasar a ti como joven, en todos los niveles pasa. Descuidamos y olvidamos el verdadero origen y sentido de nuestro quehacer como cristianos, al propio Jesús. Así que ya lo sabes, bueno, ya lo sabías, a lo mejor nomás necesitabas una recordadita; por más pequeña que sea tu labor, recuerda siempre por quien la estás haciendo. Ni por recibir una recompensa aquí, ni por nadie más que por Aquél que dio la vida por ti (cayó en rima pero es cierto).
Y nadie dijo que seguir al Señor, ser un apóstol más, era fácil. De hecho es muy difícil, por eso sólo los más valientes y comprometidos le entran. Porque comprometerte con Él no es sólo para cuando vas al templo o al grupo, sino, y sobre todo, en tu vida cotidiana. En tu escuela, tu trabajo, tu familia. Es un reto sólo para triunfadores, y yo sé que tú eres un triunfador y que el Señor está contigo para poder seguirlo y dar ejemplo de tu vida como un joven de Cristo. ¿Verdad que sí?

Escríbeme a paz_abraham@hotmail.com


 
 

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